El ciclón de 1886 (Parte I)

Por Manuel Mora García, meteorólogo de AEMET.

En el día en que se cumple el 135 aniversario de un histórico tornado en Madrid, publicamos la primera parte de un completo trabajo de investigación de los hechos. Próximamente, las segunda y tercera partes describirán, respectivamente, los impactos y la trayectoria, en la segunda entrega, y la situación sinóptica en la última.

El 12 de mayo de 1886 se produjo una extraordinaria actividad convectiva en el centro peninsular, con tormentas, intensa lluvia, granizo, rachas muy fuertes de viento e incluso tornados, como los que afectaron a las ciudades de Madrid y probablemente a la de Guadalajara. El balance en la capital fue de decenas de muertos, más de un centenar de heridos y cuantiosos daños materiales. En la imagen, detalle de las bóvedas del interior del Casón del Buen Retiro tras el ciclón del 12 de mayo de 1886. Albúmina sobre papel fotográfico, 254 x 337 mm. Museo del Prado

La prensa de la época calificó este suceso como ciclón o huracán. El tornado de Madrid, probablemente estuviera asociado a una línea de turbonada que se desarrolló durante la tarde del día 12 de mayo en el centro peninsular, extendiéndose hacia el norte y desplazándose hacia el nordeste. Este sistema convectivo de mesoescala con estructura lineal precedía a un extenso frente frío asociado a una borrasca centrada al sur de las islas británicas. La lluvia torrencial, los vientos (reventones o frentes de racha), el granizo y las descargas eléctricas también ocasionaron graves daños al paso de la línea de turbonada, como en Navarra y en las provincias de Zaragoza y Huesca durante esa misma tarde, y ya en la madrugada del día 13, en el sur de Francia. El fotógrafo Charles Mousette, desde las afueras de París, a las 21:45 horas del día 12 captó con su cámara la que podría ser la primera fotografía de un rayo, constituyéndose así en el primer “cazatormentas”. Imagen

Se cumplen 135 años de este fenómeno singular, y aprovechamos este aniversario para inaugurar la nueva sección de reportes históricos de SINOBAS (Sistema de Notificación de Observaciones Singulares).

Para ver los reportes históricos incluidos en SINOBAS, pulsa el botón “Reportes históricos” y despues “Filtrar reportes”

La meteorología como ciencia había recibido un notable impulso con la reciente creación de los primeros servicios meteorológicos nacionales, y el evento fue ampliamente estudiado, de acuerdo a los conocimientos de la época. Los fenómenos singulares, como tornados y trombas marinas suscitaban especial interés. Eran sobradamente conocidos los tornados que ocurrían en EE.UU. y las trombas marinas, como la ocurrida unos días antes en el puerto de Toulon (Francia), en el golfo de León. La completa descripción del fenómeno y un magnífico grabado suplen la ausencia en este caso de una fotografía.

Tromba marina observada el 4 de mayo de 1886 en el puerto de Toulon (Francia). La Nature: revue des sciences et de leurs applications aux arts el a l’industrie: journal hebdomadaire illustre 1886. Premier Semestre. Fuente: Biblioteca Virtual de Madrid

Volviendo al tornado de Madrid, es interesante consultar las distintas aproximaciones científicas al fenómeno. Se trata de estudios rigurosos basados en el análisis de los datos meteorológicos y en los estudios de campo, como se observa en estas dos gráficas en la que se comparan las curvas de distintos barógrafos (en la imagen inferior dos situados muy próximos en Madrid).

El ingeniero de minas francés, Alphonse-François Noguès1, residente en España, describe el trágico suceso como consecuencia de un ciclón que afectó a la península, reproduciendo su trayectoria destructora por la ciudad de Madrid. Vicente Ventosa2, astrónomo interino del Observatorio Astronómico de Madrid y testigo presencial, describe el episodio con gran detalle, y de forma más acertada lo clasifica como un tornado o una línea de turbonada. Miguel Merino3, director del Observatorio Astronómico de Madrid, que en aquella época realizaba las observaciones meteorológicas, realiza el informe que podríamos considerar oficial y que aparecería en la Gazeta, describiendo el episodio con gran lujo de detalles desde el punto de vista de la observación con instrumentos, así como detallando la trayectoria del tornado. Augusto Arcimís4, que unos meses después, en 1887, sería el primer director del Instituto Central Meteorológico, también publica un artículo y cita la existencia del tornado.
Los estudios científicos de la época describen perfectamente lo sucedido y la trayectoria destructiva del tornado, pero también coinciden en la dificultad de su predicción, desdeñando algunos pronósticos aparecidos en prensa que anunciaban la llegada de un ciclón a la Península (sin especificar por su puesto la ocurrencia de un tornado en Madrid el día 12). Uno de ellos era un despacho telegráfico del New York Herald, que ya el día 7 de mayo anunciaba la llegada del ciclón (curiosamente el boletín meteorológico francés recogía estas informaciones, aunque especificando que eran a título informativo). El meteorólogo aficionado y autodidacta Francisco León Hermoso, alias Noherlessom, también publicaba en la prensa el día 2 de mayo que “el día 14 los efectos del ciclón se notarán en Madrid”, aumentando su prestigio de forma notable, al entender la opinión pública que el pronóstico fue vaticinado, aunque se adelantara dos días respecto a lo previsto. Ya en este siglo, Miquel Gayá5, experto en tornados y antiguo compañero de AEMET, actualmente jubilado, amplia los estudios previos y, en un completo trabajo que nos sirve como referencia, llega a la conclusión de que se trató de un tornado de intensidad F3.

La prensa de la época describe con gran detalle todo lo sucedido. Además, los semanarios y revistas incluyen grabados que representan algunas de las trágicas escenas vividas o simplemente muestran los catastróficos daños. La solidaridad de los madrileños y las instituciones, incluyendo a la Reina Regente MarÍa Cristina, a punto de dar a luz al futuro Alfonso XIII, quedó manifiesta con la generosa colecta de fondos para los damnificados.
La catástrofe también despertó la imaginación del pueblo y el sentimiento apocalíptico, con supuestas apariciones milagrosas relacionadas con la tragedia, y que todas las noches reunía a gran número de curiosos en el jardín de las Vistillas, como describe el polifacético José Francos Rodríguez en su obra: “Días de la regencia; recuerdos de lo que fue, 1886-1889, Madrid: Saturnino Calleja, 1922.

La prensa
El siglo XIX es el siglo de la prensa. La libertad de imprenta, recogida inicialmente en las Cortes de Cádiz en 1810 y posteriormente en la Constitución de 1869 (refrendada por el gobierno liberal en 1883), las modernas rotativas y la incorporación de la publicidad, que abarataba el coste de impresión de los periódicos, favorecieron la proliferación de diarios en el último tercio del siglo, pese a que existía una gran tasa de analfabetismo.
En 1886 se imprimían en España más de 1000 periódicos, de diferentes contenidos y de diversa orientación política, de ellos 328 en Madrid. También surgieron las primeras agencias de noticias y corresponsales que gracias al telégrafo informaban casi en tiempo real a las distintas redacciones. Los periódicos más influyentes a finales del siglo XIX probablemente fueran “El Imparcial”, fundado en 1867 y “La Correspondencia de España”, con edición de mañana y de tarde, con tiradas en torno a 50 000 ejemplares.
Ante el trágico acontecimiento que asoló la ciudad de Madrid, los diarios de la época dieron una gran cobertura informativa. En cuanto a las revistas, también se hicieron eco del triste episodio incluyendo crónicas y distintos grabados, como la “Ilustración Española y Americana” o la “Hormiga de Oro”.

“Al salir los periódicos nocturnos más leídos entonces, La Correspondencia de España, El Resumen, El Día, El Correo y El Progreso, la gente arrebató los números a los vendedores. Los diarios daban cuenta lacónicamente del suceso, relatado con más pormenores y extensión en la mañana siguiente por El Imparcial, El Liberal y El Globo”. José María Francos Rodríguez. Días de la Regencia. Recuerdos de lo que fue. 1886-1889 (1922). Imagen

En relación a la descripción del suceso, es difícil distinguir el grado de subjetividad en las diferentes crónicas. A falta de reporteros gráficos, era habitual recurrir a grabados para ilustrar los sucesos, siendo de gran ayuda en esta ocasión para evaluar los daños. La fotografía estaba en sus inicios en España, precisamente uno de los pioneros, el famoso fotógrafo francés Juan Laurent, residía en Madrid y pudo hacer las únicas fotografías que conocemos de este suceso, unos meses antes de su muerte, y que nos sirven para comprobar el grado de exactitud de los grabados y apreciar algunos detalles.

El Madrid de finales del siglo XIX
Para evaluar los impactos asociados a los fenómenos adversos, en relación directa a la vulnerabilidad de la población, es necesario conocer cómo era el Madrid de finales del siglo XIX.
En 1887 la ciudad de Madrid contaba con unos 470 000 habitantes censados6, mientras que algunos barrios (que en aquella época tenían la consideración de municipios) como Carabanchel Bajo y Carabanchel Alto, contaban con unas 1900 y 3200 personas censadas respectivamente. La tasa de analfabetismo entre los hombres era de un 27 % y de las mujeres de un 46% (un 50% y un 60 % respectivamente en Carabanchel Alto).
Un aspecto a señalar de esa época era la deficiente red de saneamiento. El abastecimiento de agua corriente a los domicilios tardó en implementarse, y la red de alcantarillado era muy deficiente, incluso parte de la red transcurría al aire libre. Esas condiciones insalubres favorecieron la epidemia de cólera en 1885, con más de 1000 fallecidos. En estas condiciones uno de los colectivos más importantes del entramado social eran las lavanderas, unas 4000, que ejercían su profesión a orillas del Manzanares en pésimas condiciones laborales, con míseros sueldos y jornadas extenuantes. Expuestas a la intemperie, las más afortunadas utilizaban las instalaciones de los lavaderos privados, construidos con licencia municipal. Como veremos más adelante, el derrumbe de varios lavaderos, donde las lavanderas (algunas con sus bebés) y los mozos de reparto se refugiaban del viento y la lluvia, ocasionó el mayor número de víctimas. En este cuadro de Pérez Valluerca, fechado en 1887, podemos ver cómo algunos lavaderos eran simplemente una techumbre sostenida por estrechos pilares de madera.

Lavadero en el Manzanares. Eusebio Pérez Valluerca. 1887. Museo del Prado

Frente a los sólidos edificios de varias plantas del núcleo urbano, en las afueras predominaban las casas de una o dos plantas con diferentes calidades de construcción, como vemos en esta fotografía de Juan Lacoste del barrio de Las Ventas del Espíritu Santo, otra zona que resultó muy afectada por el tornado.

Especialmente poco resistentes eran algunas naves de fábricas y lavaderos, así como las denominadas “casetas de fielatos”, ubicadas en las vías de acceso a la ciudad, donde se practicaba la recaudación de impuestos sobre las mercancías que abastecían la ciudad. Varias de estas casetas fueron destrozadas, hiriendo a sus ocupantes.

Fuente Biblioteca Nacional de España

Otras construcciones de escasa solidez, como casetas de refrescos y merenderos, también fueron destrozados al paso del tornado.

Merendero de la tía María en Arganzuela. 1934

Los medios de transporte eran de tracción animal, y el servicio público de tranvías contaba con varias líneas. Varios tranvías fueron volcados por el tornado.

Calle de Alcalá, sobre 1900. Autor desconocido. Archivo de Metro

En la siguiente entrega nos centraremos en los aspectos dinámicos de los tornados y los tremendos impactos de este evento, no sin antes animar a nuestros lectores a la introducción de aquellos reportes históricos de los que tengan conocimiento en SINOBAS, así como agradecer a todos los usuarios de nuestro sistema su importante contribución al conocimiento de los fenómenos meteorológicos singulares en nuestro país.

Referencias:

1A.F. Noguès. Le Cyclone du 12 mai à Madrid. La Nature Revue des Sciences.679.(1886)

2Vicente Ventosa. El huracán de Madrid. Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid. Tomo XXI. Año XI. Número 3.Septiembre 1886

3Miguel Merino. Observaciones meteorológicas efectuadas en el Observatorio de Madrid durante los años 1886 y 1887. Observatorio Astronómico. Madrid (1889)

4Augusto Arcimís. El Tornado del 12 de mayo. La Ilustración Española y Americana, vol. XIX (1886)

5Miquel Gayá. The 1886 tornado of Madrid. Miquel Gayá. Atmospheric Research, Volume 83, Issues 2–4,(2007), Pages 201-210


6https://www.ine.es/inebaseweb/pdfDispacher.do?td=193973&ext=.pdf

Wikipedia

Acerca de aemetblog

La Agencia Estatal de Meteorología sucedió ya en 2008 a la entonces Dirección General del Instituto Nacional de Meteorología, con más de 150 años de historia. Actualmente está adscrita, según el artículo 4.4 del Real Decreto 864/2018, de 13 de julio, por el que se desarrolla la estructura orgánica básica del Ministerio para la Transición Ecológica, a ese departamento ministerial a través de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. El objeto de AEMET, según el artículo 1.3 del Real Decreto 186/2008, de 8 de febrero por el que se aprueba su Estatuto, es el desarrollo, implantación, y prestación de los servicios meteorológicos de competencia del Estado y el apoyo al ejercicio de otras políticas públicas y actividades privadas, contribuyendo a la seguridad de personas y bienes, y al bienestar y desarrollo sostenible de la sociedad española". Como Servicio Meteorológico Nacional y Autoridad Meteorológica del Estado, el objetivo básico de AEMET es contribuir a la protección de vidas y bienes a través de la adecuada predicción y vigilancia de fenómenos meteorológicos adversos y como soporte a las actividades sociales y económicas en España mediante la prestación de servicios meteorológicos de calidad. Se responsabiliza de la planificación, dirección, desarrollo y coordinación de actividades meteorológicas de cualquier naturaleza en el ámbito estatal, así como la representación de éste en organismos y ámbitos internacionales relacionados con la Meteorología.
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