Medición de la presión atmosférica y la humedad relativa con aparatos caseros

Por Andrés Pinar Solé

En ciertas ocasiones puede ser de utilidad conocer algunas variables atmosféricas, por ejemplo, está comprobado que las migrañas y otras dolencias se agravan al producirse cambios bruscos de presión, y que la sensación térmica, la sudoración o la velocidad con la que se seca la ropa están íntimamente relacionadas con la humedad relativa. Por todo ello, o por mera curiosidad, al lector podría interesarle conocer los valores de estas variables de una manera rápida y mucho más barata que comprando aparatos especializados, como se detalla a continuación.

Barómetro casero.

En caso de querer conocer la presión, un par de principios sencillos bastarán para poder comprender el funcionamiento del barómetro casero, con el que se puede estimar de manera aproximada el valor de esta medida.

La atmósfera es un medio dinámico, las masas de aire se desplazan dando lugar a subidas o bajadas de presión que tienen una gran incidencia en los fenómenos a (2)

globales y locales, y el principio de estos fenómenos es siempre el mismo. Tratando al aire como un gas ideal, se puede aislar una parcela del mismo con unas propiedades determinadas y utilizarlo para establecer la presión del aire que la rodea por comparación.

El aparato de la fotografía dispone de una cámara que se ha llenado con agua hasta un cierto nivel, conteniendo aire el resto de su volumen. Esta cámara está conectada a un tubo por el que el agua asciende hasta ponerse en contacto con el aire del exterior.

La física detrás del aparato es simple. En primer lugar se abre el orificio de la parte superior de la cámara y se llena el dispositivo con agua. Por la ley de los vasos comunicantes, el agua subirá hasta el mismo nivel en el tubo y la cámara. Se marca ahora la altura del agua en el tubo, esta será la medida de la presión atmosférica en el instante actual, por ejemplo, 990 hPa. No es necesario disponer de este dato para ver si la presión sube o baja respecto a la marcada en el inicio, pero sí lo será si se pretende calibrarlo. Seguir leyendo

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Evolución del tiempo durante la semana del 12 al 18 de febrero de 2018.

Por el  Área de Técnicas y Aplicaciones de Predicción de AEMET

 

Evolución del tiempo durante de la semana

Lunes 12 :un frente atraviesa la Península y Baleares de norte a sur, con lluvia, nieve en zonas montañosas del norte, y actividad convectiva entre Cataluña y Baleares, debido a la convergencia de cierzo y tramontana.

12

El martes 13 una nueva vaguada con un sistema frontal asociado recorre el tercio norte peninsular, dejando nuevas lluvias, nevadas y vientos fuertes, sobre todo en Galicia y en el área cantábrica. Seguir leyendo

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LA TERRAFORMACIÓN DE OTROS MUNDOS: UNA BREVE EXPOSICIÓN CON ESPECIAL ÉNFASIS EN LOS ASPECTOS CLIMÁTICOS

David QUINTERO

Delegación territorial de AEMET en Canarias Oriental

RESUMEN: En este artículo se hablará de la terraformación, esto es, la adaptación de planetas a condiciones de habitabilidad adecuadas a los seres humanos en nuevos mundos. El término tuvo su origen en la ciencia ficción, pero desde finales del siglo pasado ha despertado un interés cada vez mayor por parte de la comunidad científica y es, hoy por hoy, una respetable materia de estudio. Hablar de terraformación es, en gran parte, hablar de ciencia atmosférica, ya que será una atmósfera idónea la que permita a una hipotética colonia de seres humanos establecerse en un nuevo mundo.
Tras una breve historia del término terraformación, se pasará a discutir los posibles hábitats susceptibles de experimentar este proceso, mostrando que las posibilidades más realistas son aquellas que se aplican a planetas con estructura geológica y morfológica lo más parecida posible a la Tierra, para llegar a un caso arquetípico de terraformación: el planeta Marte; se discutirán brevemente sus actuales características físicas (con especial énfasis en su clima) y se comentarán las diversas opciones que autores de renombre han propuesto para convertir Marte en un mundo adaptado a la supervivencia de los seres humanos. La colaboración terminará enumerando algunas conclusiones de todo lo comentado, sin olvidar el muy interesante problema ético asociado a la terraformación.
Seo-en-la-Representación artística de la terraformación de Marte.jpg

. Representación artística de la terraformación de Marte. (Realizada por Daein Ballard, imagen original en Wikipedia como: Image:MarsTransitionV.jpg, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=939978

1.BREVE HISTORIA DE LA TERRAFORMACIÓN

La palabra terraformación apareció por primera vez en la historia Collision Orbit del autor de ciencia ficción Jack Williamson, aunque parece razonable asumir que el concepto estaba, de forma más o menos consciente, en la mente de algunos pioneros de la astronáutica de finales del siglo XIX, o incluso antes. A finales del siglo XIX algunos visionarios, como Konstantin Tsiolkovsky, ya señalaron la importancia de la exploración del espacio exterior para que la especie humana tenga un futuro. Del propio Tsiolkovsky es la memorable cita “la Tierra es la cuna de la humanidad, pero la humanidad no puede estar siempre en la cuna”. Parece claro que una exploración que se queda en una mera visita y vuelta al hogar terrestre, si bien adecuada como primera etapa de la humanidad en el universo, sería insuficiente para los planes a largo plazo de supervivencia de la especie. Establecer hogares adecuados para los seres humanos es requisito imprescindible.

Entre las primeras menciones (implícitas) de la terraformación estarían los comentarios del astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli, quien afirmó a finales del siglo XIX que en Marte parecía haber unas estructuras en forma de canales. Percival Lowell propuso que los habitantes de Marte los podrían estar utilizando para transportar agua desde los polos a las regiones ecuatoriales. Hoy se sabe que dichos canales no existen y que fueron simples ilusiones ópticas, pero el concepto de ingeniería planetaria a gran escala quedó por primera vez mencionado (FOGG, 2013).

Se desea ahora hacer un inciso para señalar algo importante. Siguiendo a Martyn J. Fogg, quizá uno de los mayores expertos mundiales en terraformación, es preciso diferenciar claramente entre terraformación y geoingeniería. La terraformación, como ya se ha indicado en el resumen, busca crear condiciones de habitabilidad adecuadas para los seres humanos en nuevos mundos. La geoingeniería buscaría, según Fogg: “reparar biosferas estresadas en un planeta ya habitado” y dado el prefijo “geo-” se estaría hablando de la Tierra. Sin duda alguna, la geoingeniería es un tema fascinante en sí mismo y quizá haya que recurrir a él en un futuro no muy lejano, pero no es el propósito de este artículo.

La lista de contribuciones a la terraformación fue creciendo en el siglo XX, combinando a científicos profesionales con escritores de ciencia ficción (así sigue siendo en la actualidad). En el lado de la ciencia podemos destacar al legendario astrónomo y divulgador Carl Sagan, quien en un trabajo altamente especulativo (SAGAN, 1961) propuso terraformar Venus mediante una siembra de microorganismos en su atmósfera que redujesen el contenido de dióxido de carbono, disminuyendo el efecto invernadero del planeta. Hoy se sabe que las características de Venus no hacen posible este plan, pero en su propuesta Sagan anticipó algo que luego muchos autores han acabado por aceptar como una parte esencial del proceso de terraformación: el utilizar la biología, probablemente modificada, como apoyo.

Tras los primeros visionarios, y con el advenimiento de la carrera espacial, el concepto pasó a formalizarse, estando presente aunque no fuera específicamente nombrado. Por ejemplo, la US National Commision on Space afirmó que “las adecuadas ambiciones a largo plazo del programa espacial civil de los EE. UU. deben ser el establecer sociedades libres en nuevos mundos […] desde las tierras altas de la Luna a las planicies de Marte” (FOGG, 2013). En 1979 James Oberg, de la NASA, organizó el primer coloquio sobre terraformación y un par de años después Christopher McKay, otra figura capital en el tema, escribió el artículo “Terraforming Mars”, siendo la primera vez que la palabra terraforming aparecía en el título de un artículo científico. Las dos últimas grandes aportaciones que se quieren mencionar son las del libro The Greening of Mars, de James Lovelock (el autor de la hipótesis de Gaia) y Michael Allaby. Lovelock propuso utilizar los temidos clorofluorocarbonos (CFC) para calentar Marte, en un alarde de originalidad y transgresión (ya que en la Tierra los CFC son los responsables del agujero de la capa de ozono). La última gran contribución a esta materia es probablemente el libro de Martyn J. Fogg Terraforming, Engineering Planetary Environments, texto absolutamente esencial y de lectura obligatoria para todo aquel interesado en serio en el problema de la terraformación.

2.PLANETAS A TERRAFORMAR

Si ya se tiene claro que terraformar es un paso esencial en el desarrollo y la supervivencia a largo plazo del ser humano como especie, la siguiente pregunta a plantear es: ¿qué planetas se deben intentar colonizar? Lo lógico sería empezar por el Sistema Solar, un primer campo de prueba. Aunque Venus es el planeta que suele estar más cercano a la Tierra, su elevadísima presión atmosférica, sus nubes de ácido sulfúrico concentrado y sus altas temperaturas lo convierten en un reto de gran dificultad. Más sencillo y más natural sería empezar por el segundo vecino más cercano a la Tierra: el planeta Marte, y de hecho un significativo porcentaje de los trabajos publicados en terraformación se han centrado en el planeta rojo. Sin embargo, antes de pasar a hablar de él, aunque sea por encima, se mencionarán otros planetas y se mostrarán las dificultades inherentes para su terraformación.

2.1 Gigantes gaseosos

Los gigantes gaseosos, que en el Sistema Solar serían Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, son frecuentes en los sistemas estelares con planetas. Tienen el obvio problema de que no disponen de una superficie sólida en la que asentarse, con la excepción del núcleo, que estaría a una presión atmosférica tan elevada que un asentamiento queda totalmente descartado. Una posible solución serían los chthonian planets, los planetas que han perdido la envoltura más externa de gases en lo que se conoce como escape hidrodinámico, dejando atrás un núcleo desnudo. Esta pérdida de la envoltura gaseosa más externa puede deberse a que estos planetas estarían demasiado cerca de su estrella (o estrellas) y el viento estelar despoja del gas al planeta. En este caso el planeta sería válido para una terraformación pero, debido a que la cercanía a una estrella implicaría elevadas dosis de radiación (esto pasa también con algunos gigantes como Júpiter), y dado que no hay ejemplos de este tipo de planetas en el Sistema Solar y que su existencia es aún hipotética, los gigantes gaseosos quedan descartados. Aunque estar cerca de ellos puede suministrar volátiles necesarios, no se estaría hablando de terraformación propiamente dicha.

Como curiosidad, algunos autores especulan que si la presencia de carbono en estos planetas es habitual, al ser este más pesado que los gases, sedimentaría hacia el núcleo y una vez allí, debido a las elevadísimas presiones, cristalizaría formando diamante. Los mayores diamantes del universo serían los núcleos de los gigantes gaseosos.

2.2 Planetas oceánicos

Los planetas constituidos exclusivamente por un único océano son frecuentes en los escenarios de la ciencia ficción. A bote pronto se pueden poner los ejemplos de la película Interstellar, o el de la película y novela Solaris. Un planeta oceánico no tendría un suelo como tal en el que asentarse, aunque eso podría ser arreglado de forma sencilla, a diferencia del caso de los planetas gigantes gaseosos. Si un planeta está en la llamada zona de habitabilidad¹ no es en absoluto descabellado que tenga agua, y es probable que gran parte de las masas continentales o la totalidad de ellas estén sumergidas (en la Tierra los océanos dominan las tres cuartas partes de la superficie). Sin embargo, y como algunos autores han resaltado (PIERREHUMBERT, 2005), los planetas oceánicos son extremadamente inestables desde el punto de vista climático. Al no tener corteza emergida no hay ciclo silicatos-carbonatos, esto es, la parte del ciclo del carbono en la que se interacciona con la litosfera. Muy resumidamente, este ciclo capta CO2 del aire y lo disuelve formando ácidos carbónicos; mucho tiempo después estos carbonatos experimentan subducción hacia las profundidades de la corteza del planeta, donde se recombinan con silicatos y liberan CO2 que será expulsado a través de vulcanismo de nuevo a la atmósfera; el proceso dura millones de años. No es realmente un ciclo cerrado: en la Tierra, por ejemplo, la formación de carbonatos ha sido superior a la de silicatos, lo que se ha traducido en una reducción neta del CO2 a lo largo de la historia (aunque esta tendencia se está revirtiendo en las últimas décadas). En un planeta oceánico, al principio de su historia, bajo un sol débil, la evaporación es limitada, el CO2 se elimina muy efectivamente por el océano pero no es liberado por la litosfera (no hay litosfera, como se ha indicado), así que el planeta se enfría a gran velocidad, entrando en una era de hielo e incluso en una snowball. En una etapa más posterior, con un sol más brillante, la evaporación aumentaría sustancialmente, el vapor de agua se incrementaría y aunque parte de este vapor de agua es fotodisociado en dos átomos de hidrógeno (que por ser muy ligeros escaparían al espacio) y en un átomo de oxígeno, habría una gran capacidad de absorber radiación infrarroja, aumentaría el efecto invernadero y la gran disponibilidad de este gas en un planeta que es todo un océano dispararía un proceso de runaway greenhouse effect, un efecto invernadero descontrolado, como lo que se especula que sucedió en Venus² .

Así pues, los planetas oceánicos son muy volátiles y quedan de momento descartados (además de que no hay ninguno en el Sistema Solar). Curiosamente, los modelos muestran que los planetas desérticos tienen una mayor zona de habitabilidad que los oceánicos (CHOI, 2011) y son más estables climáticamente.

[1] La zona de habitabilidad se define como aquella región en torno a una estrella en la cual es posible tener agua líquida en la superficie de un planeta o satélite rocoso. Esto depende de muchísimos factores, entre los que influyen las características de la atmósfera del planeta, sus parámetros orbitales, los calentamientos de marea, etc. Algunos autores proponen condiciones extra, como por ejemplo que la presión atmosférica sea superior a 6,1 milibares para que tenga lugar el punto triple del agua de 273,16 kélvines, donde coexisten los estados sólido, líquido y gaseoso.
[2] No es la intención de este artículo asustar a nadie. El IPCC estima que es imposible que un runaway greenhouse effect tenga lugar en la Tierra por causas humanas. El efecto invernadero aumenta en la Tierra y produce el calentamiento global, pero no de esas formas tan extremas

2.3 Planetas de carbono, hierro y otras composiciones exóticas

Esta clase de planetas pertenece todavía al reino de la teoría (con la excepción de los planetas de hierro), aunque los argumentos para pensar que existen son fuertes. Algunos chthonian planets podrían ser un ejemplo, aunque la vía de formación sea diferente a la que normalmente se considera para un planeta de carbono o de hierro. Un planeta de carbono se formaría cuando el disco de formación protoplanetaria tuviera una composición más rica en carbono que en oxígeno. El Sistema Solar era rico en oxígeno y en silicio, lo que formó silicatos, que es la composición principal de los planetas rocosos. La excepción es Mercurio, un llamado “planeta de hierro”. Estos cuerpos tienden a formarse cerca de la estrella, que es el lugar donde este elemento se acumula. Algunos modelos del universo temprano (PULLIAM, 2016) sugieren que la primera vida comenzó en planetas de carbono. No es del todo extraño, al fin y al cabo, el carbono es el elemento esencial para la vida (algunos autores defienden también al silicio, aunque esto está bastante discutido). Eso sí, las atmósferas de estos mundos estarían constituidas principalmente por monóxido de carbono (CO), dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4), así que una eventual terraformación implicaría una renovación radical de la composición atmosférica.

En teoría sería posible terraformar estos planetas. Los planetas de hierro, que tenderían a estar cerca de una estrella (aunque tal vez no todos), presentarían problemas asociados a las elevadas temperaturas y la radiación electromagnética, que harían difícil mantener una atmósfera pero, aparte de este caso, los otros planetas son en teoría terraformables. No obstante, y por razones que ya se han comentado, este artículo se centrará en el Sistema Solar, en concreto en el planeta Marte.

3.MARTE

Marte no solo ha estado desde los orígenes en la diana de los terraformadores, sino que pronto superó a su principal competidor, Venus, cuando se conocieron las verdaderas condiciones atmosféricas de este planeta. Hoy en día hay dos proyectos muy serios de viaje a Marte (aunque no de terraformación) que demuestran el interés que el planeta sigue despertando. Son: Mars Direct, de Robert Zubrin y sobre todo el proyecto de la empresa SpaceX de Elon Musk.

3.1 Marte hoy

Al igual que la Tierra o Venus, Marte ha tenido una historia geológica, de la cual se podría hablar mucho. Uno de los detalles más importantes es el de si hubo agua en el pasado y en qué cantidad. En este aspecto se está cada vez más convencido de que así fue y de que los océanos llegaron a ocupar casi un tercio de la superficie. Sin embargo, el Marte actual es un lugar, al menos en su superficie, claramente inhóspito. Su tenue atmósfera hace que tenga, en promedio, alrededor de la milésima parte de la presión atmosférica de la Tierra. Las razones de una atmósfera tan escasa son fundamentalmente dos: por un lado, una gravedad débil (un 40 % de la de la Tierra) y por otro lado la ausencia de magnetosfera. Que no exista magnetosfera hace que las partículas del viento solar no sean deflectadas y puedan incidir en la atmósfera, “podándola”, por así decirlo, lenta pero inexorablemente. La ausencia de magnetosfera no implica que no pueda haber atmósfera: Venus no tiene magnetosfera y tiene una densa atmósfera, pero su fuerza de gravedad es mucho mayor.

La temperatura en Marte fluctúa mucho, pudiendo llegar a centenares de grados bajo cero o a 30 °C en verano en zonas ecuatoriales. Los vientos no es raro que sean intensos y las tormentas de polvo suceden con cierta frecuencia (pueden llegar a envolver el planeta entero). A pesar de la tenue atmósfera, es fácil encontrar que las velocidades del viento lleguen a 60 o 90 km/h. Si se asume un equilibrio entre la fuerza por diferencia de presión y la fuerza de Coriolis (la rotación de Marte es similar a la de la Tierra), el llamado equilibrio geostrófico (¿o habría que decir “marstrófico?”) sería:

       Captura

Y dado que la densidad es tan baja en Marte, aunque las diferencias de presión (el gradiente del segundo miembro) sean pequeñas, la densidad hace aumentar el cociente, arrojando valores importantes de viento. Otra cosa es la capacidad que tiene ese viento de ejercer una fuerza, por ejemplo, para mover las aspas de un molino de viento: esta capacidad estaría muy reducida en Marte incluso tomando las velocidades de vientos propias de tormentas de arena. Esto es debido a que el término de lo que se conoce como presión dinámica (½ρV2) es muy bajo, de nuevo por causa de la baja densidad.

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Figura 2. Velocidad de escape de diferentes gases según la temperatura y gravedad del planeta. (Realizada por Cmglee, Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42449252)

El característico tono rojizo del aire en Marte se debe a la presencia de óxidos de hierro como limonita o magnetita en el aire. Estas partículas tienen ya un considerable tamaño y las leyes de la dispersión según Rayleigh no se les aplican; al ser el diámetro de las partículas del tamaño de la longitud de onda de la luz se estaría entrando en el régimen de Mie (Rayleigh se aplica cuando los diámetros son mucho más pequeños que la longitud de onda como, por ejemplo, en la atmósfera de la Tierra). La composición de la atmósfera es en un 95 % o más de CO2, seguido por N2 y argón. De oxígeno y vapor de agua apenas habría trazas. Además, hay que tener en cuenta que, debido a la baja gravedad, Marte no puede retener algunos gases, como se ve en la figura 2.

 

La ausencia de campo magnético hace que los rayos cósmicos incidan en Marte, además de las partículas de viento solar; también, y debido a que no hay oxígeno suficiente como para una capa de ozono, la radiación ultravioleta llega sin impedimentos al suelo. Estos efectos se mitigan un poco por la distancia de Marte al Sol, pero aun así la dosis diaria que absorbería un astronauta en la superficie de Marte sería bastante mayor que en la Tierra, y esto es algo que a la larga habría que corregir.

Por último, no se quiere dejar de mencionar el descubrimiento de la presencia de agua en Marte. Ya se sabía que en los casquetes polares había agua en forma helada, pero se sospecha que a nivel subterráneo existen acuíferos por los que el agua podría correr en forma líquida. Por otro lado, son muchos los indicios que apuntan a que en Marte en el pasado pudo haber océanos de gran tamaño. Hoy por hoy, sin embargo, en la superficie, debido a la baja presión, el agua se sublimaría o se congelaría de inmediato, dependiendo de la temperatura. Sin embargo, a finales de 2015, la NASA encontró evidencias bastante fuertes de pequeñas corrientes de agua durante el verano marciano en las laderas de montes o montañas. Sería un agua muy salada, lo que disminuiría mucho su punto de congelación, permitiendo su presencia en forma líquida, al menos durante un tiempo. Un gran descubrimiento que estimuló las posibilidades de vida microbiana en Marte (algunos organismos de tipo extremófilo podrían aguantar las duras condiciones de su suelo).

3.2  Terraformando Marte

En esta sección se seguirá a Martyn J. Fogg, quizá la mayor autoridad mundial en terraformación, y su excepcional libro (Fogg, 2013). Para terraformar Marte, Fogg propone cinco modificaciones clave: aumentar la temperatura en superficie, incrementar la presión, cambiar la composición química del aire, humedecer la superficie y reducir el flujo de rayos ultravioletas incidentes. Estos cinco pasos formarían parte de tres etapas que según Fogg serían: ecopoiesis, terraformación total y finalización. Fogg estima en un mínimo de diez mil años el tiempo para terraformar Marte.

3.2.1   Ecopoiesis

 Una primera aproximación podría ser la ecopoiesis, es decir, la creación de un ecosistema sostenible, aunque este ecosistema sea aún insuficiente para la presencia humana. Plantas y bacterias modificadas genéticamente podrían allanar el camino para los seres humanos, incluso sin necesidad de grandes obras de ingeniería genética, al fin y al cabo hay líquenes y cianobacterias que son capaces de resistir dosis altísimas de radiación ultravioleta.

En esta etapa se aumentaría la insolación sobre Marte para elevar la temperatura. Una propuesta para lograr esto es colocar un espejo de grandes dimensiones en órbita, una tarea que requeriría de una labor de ingeniería nada trivial: habría que lograr un equilibrio entre la fuerza gravitatoria, la fuerza centrípeta y la presión de radiación ejercida sobre el espejo, que debido a sus dimensiones no podría descartarse. Este espejo se emplearía para fundir los casquetes de hielo marcianos con la consecuente liberación de CO2 (el principal componente de estos casquetes). El mero aumento de la insolación se calcula en un forzamiento radiativo estimado de 7,5 °C (Fogg, 2013), que podría incrementarse con los posibles ciclos de feedbacks o realimentaciones.

Sin embargo, este aumento de la temperatura es del todo insuficiente. Se pueden liberar gases con un potente efecto invernadero, a ser posible “inertes, resistentes a la fotodisociación, no tóxicos, elaborados a partir de elementos de Marte y respetuosos con una eventual capa de ozono” (Fogg, 2013). Ciertos compuestos fluorados, como el SF6 o los perfluorocarbonos podrían servir. Pero todo esto es aún insuficiente. Para conseguir que Marte tenga una temperatura próxima a la de la Tierra habría que liberar el CO2 encerrado en el regolito[3]. Se ha propuesto el uso de armas nucleares para liberar dicho CO2, aunque se tendría el eterno problema de los residuos radiactivos. Si se aceptan niveles tecnológicos aún lejanos pero en principio no imposibles se puede considerar la propuesta del original físico Freeman Dyson (Dyson, 1981) de usar máquinas de Von Neumann, máquinas capaces de ejecutar labores y de replicarse como un enjambre de seres robóticos. Estas máquinas se podrían soltar en Encélado, la luna de Saturno[4], donde capturarían el hielo de este planeta y regresarían a Marte usando velas solares. En Marte caerían simulando un bombardeo de cometas como ocurrió en la Tierra, lo que además de liberar el CO2 del regolito marciano aportaría agua para futuros océanos, algo muy deseable.

Otra opción es la de (Zubrin y McKay, 1993): desviar asteroides del exterior del Sistema Solar para que golpeen Marte. Estos asteroides, ubicados en el Cinturón de Kuiper, son más sencillos de perturbar y dirigir que asteroides en órbitas más interiores, y además se supone que contienen amoniaco helado en grandes cantidades. El amoniaco se calentaría con el impacto y se convertiría en gas, y es un gas con potente efecto invernadero. Zubrin y McKay estiman que con cuarenta impactos de asteroides de amoniaco se doblaría la cantidad de nitrógeno en la atmósfera y se cubriría un cuarto del planeta con un metro de agua de profundidad. El problema de esta idea es, como los propios autores reconocen, que el amoniaco tiene un tiempo de vida característico de menos de un siglo antes de ser disociado por fotolisis, así que habría que mantener un bombardeo continuo. Para evitar esto, tras la etapa inicial de bombardeo, Zubrin y McKay proponen utilizar poblaciones de bacterias que aprovechan el nitrógeno y el oxígeno y expulsan amoniaco.

[3] El regolito es una capa de suelo de diversos materiales asentada sobre un lecho de roca sólida.
[4] Más cercano y también cubierto de hielo está el satélite Europa de Júpiter. Sin embargo, es posible que Dyson prefiera Encélado dado que existe una cierta posibilidad de que Europa albergue algún tipo de vida, con las implicaciones éticas que ello conllevaría.

3.2.2.   Terraformación total

 En una segunda etapa el objetivo sería llevar a cabo la terraformación definitiva del planeta Marte. Las condiciones en superficie deberían ser lo más parecidas posibles a las de la Tierra. Tras la ecopoiesis se debería tener un planeta con una temperatura cercana al punto de congelación del agua y una tenue atmósfera con una elevada proporción de CO2. Habría que disminuir el CO2 y aumentar el oxígeno: entran aquí en juego las plantas. Como es sabido, en su proceso de respiración, las plantas hacen justamente eso. La reducción del CO2 es importante ya que no puede respirarse si está en altas proporciones: a partir del 2 % de CO2 se empiezan a notar efectos nocivos en el cuerpo y, aunque varía según el tiempo de exposición, con concentraciones cercanas al 10 % es prácticamente letal. Tampoco conviene aumentar a lo loco la proporción de oxígeno. Con mucho oxígeno la atmósfera se vuelve muy inflamable y puede llegar a haber combustiones casi espontáneas. Los valores ideales, como se dijo al principio, son los más próximos a los que hay en la Tierra (que al fin y al cabo es donde el ser humano ha evolucionado). Para conseguir aumentar la presión atmosférica habría que recurrir a gases relativamente inertes y, al igual que en la Tierra, el nitrógeno molecular, N2, es un candidato ideal.

El inicio de esta etapa (o el final de la anterior) sería el momento idóneo para proteger Marte del viento solar y los rayos cósmicos. Esta protección no solo es necesaria para no dañar formas de vida complejas que no sean tan resistentes a la radiación como ciertas bacterias, sino que también protegería la atmósfera de Marte del efecto de “poda” que le produce el viento solar. Este efecto de “poda” es un proceso lento pero acabaría por dejar una atmósfera muy tenue, de nuevo, si no se rellena con más gases de vez en cuando. Dado que Marte no tiene campo magnético quizá se pueda crear uno de forma artificial. En este sentido es muy sugerente la recientísima propuesta de Jim Green, científico de la NASA, que sugiere colocar un potente imán (de 1 a 2 teslas) en el punto orbital de Lagrange L1[5]. Este punto, situado entre Marte y el Sol, es ideal para colocar un imán que quiera proteger a Marte con su campo magnético. El campo magnético producido por el imán es barrido por el viento solar, pero el planeta quedaría a resguardo en la magnetopausa y magnetocola. Se tendría una situación similar a la de la Tierra y su campo magnético natural. Si bien se estaría hablando de un imán potente y de grandes dimensiones, en la Tierra hay imanes que generan intensidades de campo magnético mucho mayores, como los más de 10 teslas del LHC en el CERN.

 

 

 

 Si además se consigue tener océanos, aunque sean de pequeño tamaño, la evaporación del vapor de agua aportaría un potente gas de efecto invernadero y humidificaría el aire y el suelo, algo que las plantas (y los seres humanos) agradecerían. La presencia de océanos, si bien no estrictamente imprescindible para la terraformación, sí sería muy deseable.

[1] Los cinco puntos orbitales de Lagrange son lugares en los cuales un cuerpo permanecería en un estado más o menos estable. Son, por tanto, ideales para colocar satélites de observación o sondas que tomen medidas. L1 estaría en una línea recta entre Marte y el Sol y sería el lugar en el que se anula la fuerza de atracción gravitatoria entre estos dos cuerpos. Hay que decir que los puntos de Lagrange no tienen todos el mismo grado de estabilidad; de hecho L1 es uno de los puntos de equilibrio inestable, lo que conlleva que una nave allí situada tendría que llevar a cabo continuos ajustes para no perder su ubicación.

3.2.3     Finalización

 La finalización de un proceso de terraformación es probablemente un estado asintótico, no un punto de llegada definitivo, máxime en el caso de Marte, en el que como se ha visto, al no disponer de campo magnético y tener una gravedad tan débil, su atmósfera es lentamente barrida por el viento solar. Hay autores que sugieren que la ausencia de una dinámica de placas tectónicas en Marte implica una ausencia de un ciclo silicatos-carbonatos, lo que terminaría por mineralizar la atmósfera. Mineralizar la atmósfera significa que todo el oxígeno y el dióxido de carbono se acabarían combinando con el silicio de las rocas de la superficie; al no haber emisiones volcánicas o de otro tipo estos gases no se repondrían y al cabo de muchos años la atmósfera marciana sería una parte más de la litosfera.

Parece claro que para terraformar Marte será imprescindible que los seres humanos mantuviesen un papel activo en todo momento, controlando y regulando los ciclos biogeoquímicos. Esto puede parecer un problema, pero en esencia es lo mismo que los seres humanos ya hacen (o deberían hacer) en la Tierra. Ser la especie con más poder tiene sus implicaciones.

4. CONCLUSIONES Y ASPECTOS ÉTICOS

 Como se ha comprobado, la terraformación ha pasado de la ciencia ficción más pulp a discutirse en los congresos de astronomía y astronáutica. Especialistas de todo el mundo intercambian sus ideas al respecto y escriben artículos y libros sobre ella. Por supuesto, eso no significa que la terraformación sea una realidad o un objetivo cercano, pero sí parece claro que deberá ser un ingrediente de nuestro futuro si, parafraseando a Konstantin Tsiolkovsky, no queremos estar toda la vida en la cuna.

Por supuesto, la terraformación tiene importantes críticas de todo tipo, como los costes económicos o el gran nivel de desarrollo tecnológico necesario para abordar un proyecto así. Interesante es lo que dice el escritor Kim Stanley Robinson en su libro de ciencia ficción “dura” (basada en conceptos científicos) Aurora (Robinson, 2016): todo planeta terraformado no deja de ser un ejemplo de una “small closed loop ecology”, una ecología pequeña y cerrada tipo invernadero. Robinson cree que este tipo de sistema degenera rápido: las plantas crecen más despacio, las semillas son cada vez más pequeñas y de peor calidad, incluso las personas tienen más problemas y dolencias. En su libro, Robinson afirma que hay que regresar a la Tierra cada cierto tiempo para poder renovar y refrescar esas ecologías tipo invernadero. Hay que decir que estas ideas son controvertidas y que son una sugerencia y no una realidad demostrada, además de que al fin y al cabo la propia Tierra se puede entender como un invernadero a gran escala. No obstante, se ha querido incluir esta crítica por su originalidad.

En este artículo se han discutido las aproximaciones más realistas (y por tanto más cercanas) a la terraformación. Se ha trabajado en todo momento con la idea de que son los seres humanos quienes transforman Marte, aunque existe el enfoque de que sean los humanos los que se adapten a Marte, por ejemplo, con ingeniería genética. Esta es una aproximación muy válida y quizá muy necesaria el día de mañana, no solo para habitar Marte u otro planeta terraformado, sino incluso para los largos viajes espaciales.

Se ha asumido en todo momento que no hay cortapisas éticas a la terraformación, que los seres humanos pueden hacer lo que quieran en los mundos a los que lleguen. Sin embargo, hay opiniones que creen que se debe respetar cualquier planeta, que no se tiene derecho a modificar los medios naturales de otros mundos. Dado que la terraformación va de la mano con la supervivencia a largo plazo de la especie, se consideran exageradas estas afirmaciones. Más sutil es el caso de pretender terraformar un mundo en el que hay vida, por elemental que esta sea. En el caso de Marte este tipo de argumentos no tienen mucha fuerza ya que parece un mundo muerto, pero no siempre tiene por qué ser así. Es posible que la humanidad llegue a un mundo un día en el que una forma de vida está prosperando y pueda, en un futuro lejano, evolucionar a entidades más complejas (o no). ¿Tendría derecho a interferir con formas de vida autóctonas, a privarles de su hábitat natural, vayan a evolucionar más o no? ¿Tal vez se podrían invadir mundos con bacterias y plantas pero no con animales superiores? ¿Y si la humanidad sufriera un caso de necesidad extrema, se podrían incluso eliminar seres evolucionados con el fin de asegurar la supervivencia? ¿Qué pensaría la humanidad si sucediera al revés?

Son preguntas muy difíciles a las que el autor de este artículo no tiene respuesta. Ahí quedan para que los seres humanos del presente y del futuro debatan sobre ellas durante años. En realidad, es normal que surjan estas preguntas y que sean tan difíciles de responder. La terraformación, como todas las grandes cuestiones, lleva al ser humano al borde no solo de sus capacidades técnicas, sino también a cuestiones puramente éticas.

REFERENCIAS

 Choi, C. Q. (2011). Alien Life More Likely on ’Dune’ Planets, Study Suggests, https://www.space.com/12800-alien-life-desert-planets-habitable-zone.html

Dyson, F. J. (1981). Disturbing the Universe, Basic Books.

Fogg, M. J. (2013). Terraforming. Engineering Planetary Environments.

Pierrehumbert, R. T. (2005). Science Fiction Atmospheres, https://users.physics.ox.ac.uk/~pierrehumbert/papers/BAMS_SFatm.pdf

Pulliam, C. (2016). Universe’s First Life Might Have Been Born on Carbon Planets, https://www.cfa.harvard.edu/news/2016-12, Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics.

Robinson, K. S. (2016). Aurora, Editorial Minotauro.

Sagan, C. (1961). The Planet Venus, Science, Volume 133, Number 3456.

Zubrin, R. y McKay, C. (1993). Technological Requirements for Terraforming Mars AIAA, SAE, ASME, and ASEE, Joint Propulsion Conference and Exhibit, 29th, Monterey, CA, June 28-30, 14 p.

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Resumen de la evolución de las precipitaciones en España Durante el periodo del 7 al 13 de febrero.

Fecha de elaboración 15 de febrero de 2018.

Precipitación semanal.

Durante el periodo del 7 al 13 de febrero las precipitaciones fueron generalizadas aunque no llegaron a alcanzar los 10 mm en la mayor parte del territorio. No se registraron precipitaciones en algunas zonas del sur peninsular, en la mitad norte de Aragón y oeste de Cataluña y en el sur de las islas de Tenerife y Gran Canaria. Las cantidades superaron los 10 mm en la franja norte peninsular, en los Sistemas Central e Ibérico, al este de Cataluña, en puntos aislados del sur de Albacete y Jaén y en ambos archipiélagos. Se acumularon más de 60 mm en puntos de Galicia, en el este de Asturias, en Cantabria, País Vasco y norte de Navarra y en el interior de la isla de Gran Canaria, llegándose a superar los 100 mm en zonas aisladas de Pontevedra, en el sur de Cantabria y en la provincia de Gipuzkoa. Entre las precipitaciones acumuladas en observatorios principales destacan las siguientes: 58 mm en Pontevedra, 51 mm en Santiago de Compostela/Labacolla y Bilbao/Aeropuerto, 44 mm en Palma de Mallorca/CMT, y 42 mm en San Sebastián/Igueldo y Lugo/Rozas. El día 14 las precipitaciones afectaron a la mitad norte peninsular, con cantidades que superaron los 10 mm en el oeste de Galicia y en zonas del pirineo navarro y aragonés.

 

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Precipitaciones en el año hidrológico.

El valor medio nacional de las precipitaciones acumuladas desde el pasado 1 de octubre
hasta el 13 de febrero de 2018 se cifra en 231 mm, lo que representa un 28% menos que el valor normal correspondiente a dicho periodo (326 mm).

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En la mayor parte del territorio nacional las precipitaciones no alcanzan el 75% de su valor normal, situándose por debajo del 50% en una franja del levante peninsular que abarca desde Tarragona hasta Valencia, en la mitad sur de Aragón y noreste de CastillaLa
Mancha, en la mitad norte de Extremadura, en muchas zonas de las Islas Canarias y en buena parte de las provincias de Palencia, Huelva, Córdoba, sur de Málaga, Almería, Murcia y Girona. Por otra parte, las precipitaciones superan los valores normales en una zona que va desde Asturias hasta Navarra y norte de La Rioja, llegando a un 25% por encima del valor normal en Cantabria y en el País Vasco. Las precipitaciones también superan esos valores normales en alguna zona de Albacete y Granada y puntualmente en el norte de las islas de Mallorca y de Gran Canaria.

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Predicción para las próximas tres semanas

Resumen de predicción para los próximos 10 días

El fin de semana del 16, 17 y 18 de febrero, un frente atlántico avanzará desde el noroeste peninsular, produciendo precipitaciones el viernes en Galicia, que podrán ser localmente fuertes o persistentes en el noroeste. Se extenderán el sábado al Cantábrico y alto Ebro, Pirineos, Cataluña, Levante y Baleares, bajando la cota de nieve a 1200/1600 m en el norte, aunque no se esperan nevadas intensas. El domingo las precipitaciones también afectarán al área mediterránea, siendo más probables en el sureste peninsular y Baleares, y al norte de las islas Canarias de mayor relieve, persistiendo en el Cantábrico, alto Ebro y Pirineos, manteniéndose las cotas de nieve en el norte. Las temperaturas descenderán el sábado en la mitad norte y cuadrante suroeste peninsular y el domingo en la mitad este. Habrá heladas en la Meseta norte y en áreas de montaña de la mitad norte peninsular. Intervalos de viento fuerte el domingo en el Ampurdán, Menorca y bajo Ebro.

La próxima semana comienza lunes y martes con precipitaciones en Andalucía, sureste
peninsular, Ceuta y Melilla, Baleares, Cantábrico y norte de las islas Canarias de mayor relieve, que en el área del Estrecho podrían ser fuertes y en el Cantábrico occidental podrían ser persistentes. Podrán ser en forma de nieve en zonas montañosas del extremo norte. Temperaturas sin grandes cambios. Se mantendrán las heladas en cotas altas de la mitad norte de la Península y en áreas de la Meseta norte, más intensas en Pirineos. Predominio de vientos de componente norte. A partir del jueves aumenta la incertidumbre atmosférica, aunque es probable un predominio de tiempo estable en la Península y Baleares, con baja probabilidad de precipitaciones y ascenso de las temperaturas. Para el domingo, aunque con bastante incertidumbre, aumenta la probabilidad de precipitaciones por el oeste peninsular y por Canarias, sin descartar que sean localmente fuertes o persistentes en el oeste de Galicia, del Sistema Central y de Andalucía y en las islas Canarias de más relieve.

Tendencia general para el periodo del 19 de febrero al 11 de marzo del 2018.

Se representan a continuación los mapas de anomalías respecto de la climatología de 20 años del modelo de predicción del Centro Europeo (VarEPS-Mensual), de los valores medios semanales de dos variables meteorológicas: la temperatura a 2 metros (T 2m) en ºC y la Precipitación Total (PCP) en mm. Utilizando técnicas estadísticas se blanquean aquellas áreas donde la serie de valores previstos del VarEPS-Mensual no es significativamente diferente de la serie de los valores de la climatología del modelo.

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Nota Las tendencias mensuales se obtienen a partir de los productos del modelo de predicción mensual del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo. Estas predicciones están sujetas a incertidumbres que, por un lado, se incrementan al aumentar el plazo de predicción y, por otro, son más elevadas cuando se realiza una interpretación de los productos a escala regional, sobre zonas de tamaño relativamente reducido.

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La meteorología en los refranes

Por: Luisa Hurtado González
Unidad de Documentación Meteorológica (AEMET)

Con motivo de la publicación del libro “La meteorología en los refranes”, a continuación, se hace un resumen de los inconvenientes que presentan los refranes para ser tenidos en cuenta desde un punto de vista puramente meteorológico.

Cubierta Refranes

La meteorología es la ciencia que estudia el estado de la atmósfera y los procesos que en ella se producen. Para lograr este propósito los meteorólogos tienen un buen número de redes de medición (radares, satélites, estaciones en superficie, sondeos…), que les proporcionan información sobre dicho estado y con la que intentan descubrir las leyes que lo rigen, definir y concretar los climas, predecir el tiempo o comprender la interacción de la atmósfera con otros sistemas, como los océanos.

            Los objetivos que persiguen los meteorólogos son difíciles de alcanzar; pero el impacto de la meteorología sobre la vida en general ha hecho que desde la más remota antigüedad el hombre haya observado atentamente el cielo. Por este motivo, y desde mucho antes de la existencia de las actuales estaciones meteorológicas, el hombre, y principalmente el hombre del campo y el marino, han escrutado las variaciones que se producían en él y en su entorno intentando anticiparse a ellas, han descubierto pautas en las evoluciones de la atmósfera (o así lo han creído) y han dejado constancia de todo ello en los refranes, sentencias cortas, fáciles de recordar y de transmitir y que forman parte de lo que se ha dado en llamar etnoclimatología (aunque sería más correcto hablar de etnometeorología), una disciplina de reciente creación, cuyo objetivo es el estudio de las ideas que sobre climatología es posible encontrar en las culturas populares.

            Sin embargo, antes de nada, es preciso tomar nota de las similitudes y diferencias que existen entre las observaciones hechas por los servicios meteorológicos actuales y las realizadas por los bienintencionados hombres del campo.

  1. Las palabras no son datos, tienen diversas interpretaciones y evolucionan

            La OMM, para controlar la uniformidad en la realización de mediciones, establece los instrumentos que han de utilizarse y da toda clase de recomendaciones sobre dónde han de situarse (altura sobre el suelo, a la sombra, ventilados, dentro o fuera de la garita) y cómo y cuándo hay que medir con ellos; condición que obviamente no se cumple en el caso de los refranes.

Los hombres del campo (y los marinos) solo eran capaces de valorar los cambios en la atmósfera desde su experiencia y su personal punto de vista; lo que implicaría que dos agricultores de un mismo pueblo pero cuya subsistencia depende de dos cultivos distintos podría valorar una misma cantidad de precipitación de diferente manera, dejando refranes completamente distintos.

            Y esto no es el único problema a tener en cuenta en relación con la toma de medidas.

La OMM ha logrado que los servicios meteorológicos de todo el mundo midan con los mismos aparatos a las mismas horas y del mismo modo un buen número de variables meteorológicas, obteniéndose datos numéricos que no conducen a equívocos; condición que no cumplen los refranes como se verá en los siguientes ejemplos.

 

1.JPGJunio brillante, año abundante.

Junio soleado y brillante, te pone de buen talante.

            En estas sentencias parece hablarse de lo bueno que es un junio con sol, para la economía o para el ánimo; sin embargo, tras investigar un poco y para el primero de ellos, es posible encontrar para la palabra “brillante” un interpretación que lo cambia todo: el color dorado de los campos en junio y señal inequívoca de una buena cosecha; lo que vendría a querer decir que el primer refrán no es meteorológico, mientras que sí lo es el segundo, puesto que en este sí que se habla del sol.

            Algo parecido ocurre con los siguientes refranes.

Aire de puerto, a los tres días muerto; pero si almuerza y cena durará una quincena.

Cuando las nubes van por el puerto, coge el arado y métete dentro; cuando las nubes van al mar, coge el arado y ponte a arar.

            Pudiera parecer que se está ante un par de refranes meteorológicos a interpretar en un contexto marítimo; sin embargo y aunque no lo parezca, de lo que se habla es de los puertos de montañas.

            Equívoco que también se encuentra en la siguiente sentencia:

            A la noche y con aguacero, no es bueno traer sombrero.

            En la que por “sombrero” se está queriendo hablar de la vela de un barco.

            En otras ocasiones es la rima que todo refrán necesita la que parece haber hecho que se escogieran palabras que inducen a errores:

            Nublado arriba, labrador a la cocina, nublado abajo, labrador al trabajo.

            En el que norte y sur han sido sustituidos por “arriba” y “abajo” para que rimen con “cocina” y “trabajo”.

            Sin olvidar la posibilidad de que las palabras, con el paso del tiempo, cambian.

3

            Nieves por Santa Águeda, oro para las cámaras.

 

 

 

Sentencia en la que se llaman “cámaras” a los graneros.

            Eso por no hablar de las diferencias aparentemente nimias que pueden cambiarlo todo:

4Si llueve en la Purísima Concepción, llueve en Carnaval, Semana Santa y Resurrección.

Lluvia en la Purísima Concepción, llueve en Carnaval, Semana Santa y Resurrección.

            Refranes que conviven en el refranero y que interpretados desde un punto de vista meteorológico, sugieren para el primero una predicción a muy largo plazo y para el segundo la constatación de que la lluvia es un meteoro habitual en las fechas que se mencionan, lo que sitúa al refrán en el campo de la climatología.

  1. Los refranes no suelen informar de la situación geográfica

            Como se ha indicado, en meteorología, tan importante es tomar los datos bien como saber el lugar en el que se hizo; sin embargo y hablando de los refranes, ¿es siempre posible situarlos geográficamente?; problema que se agrava considerando la variabilidad geográfica de España o el hecho de que en la actualidad los refranes se difunden por cualquier medio de comunicación perdiendo sus raíces en el caso de que las tuvieran.

            A continuación se verán algunos ejemplos.

Aire gallego, escoba del cielo.

            La información meteorológica contenida en el refrán es interesante pero ¿dónde debería de ser tenido en cuenta?

            Además, el refrán anterior se parece bastante a este otro:

Aire gallego, mañana clara y día negro.

            ¿Cabría la posibilidad de que pudieran haberse creado en el mismo lugar? Los expertos no parecen creerlo. Según ellos, la primera sentencia ha de situarse en Toledo, mientras que la segunda tiene su origen en la provincia de Burgos.

            No obstante, hay ocasiones en las que el refrán, si bien no tiene una referencia geográfica clara, incluye alguna pista, tal y como ocurre con la siguiente sentencia:

Aguas de arriba y nublado de abajo, llenan el navajo.

            En la que la palabra “navajo” lo situaría en Guadalajara, lugar en el que ese término se usa en sustitución del término “lavajo” (charca de agua llovediza que rara vez se seca). Sin embargo, suponiendo que se ha salvado ese escollo, ¿sería fácil deducir, como los expertos aseguran que por “aire de arriba” se ha de entender aire del este y por “aire de abajo” el aire del oeste?

            Continuando con los ejemplos, véanse los siguientes refranes:

Arreboles de Aragón, a la noche con agua son.

Arreboles en Portugal, a la mañana sol serán.

Arreboles de Aragón, a la noche con agua son; y arreboles de Portugal, a la mañana sol serán.

            En los que por “arrebol” se habla del color rojo de las nubes iluminadas por el sol. Estas sentencias, desde un punto de vista meteorológico, son interesantes ya que, partiendo de una observación del cielo, cabe la posibilidad de que pueda averiguarse el tiempo que hará mañana. Sin embargo, ¿la localización geográfica podría afectar a la predicción, sería interesante saber que dichos refranes han de situarse en Castilla?

            Siendo los dos refranes siguientes una clarísima prueba de la falta de concreción geográfica:

Si nieva en Madrid, a los dos días aquí.

Ocho de invierno y cuatro de infierno.

En los que se desconoce qué lugar está detrás de ese “aquí” o de dónde se está facilitando una especie de resumen climatológico.

  1. Los refranes pueden presentar problemas para ser situados en el tiempo

            En la actualidad, cualquier persona sabe qué día y qué hora es; sin embargo, en la época en la que los refranes fueron creados, el tiempo transcurría y se medía de otro modo utilizándose, por lo general, el santoral, algunos eventos de la vida de Jesús o determinadas y conocidas festividades religiosas.

            Esto que en principio no tendría por qué ser un problema, lo es ya que: un mismo santo se celebra varios días al año, en un día hay varios santos, en ocasiones la rima de los refranes hace que se modifique el nombre o, incluso, puede que el hombre de a pie del siglo pasado diese al santo un nombre distinto al que aparece en el santoral.

            En realidad, con frecuencia, en vez de utilizar el santo o festividad que se menciona en el refrán para obtener información meteorológica de una época concreta del año, suele utilizarse dicha información como pista para situar el refrán en el tiempo.

            Puede que se entienda mejor con algún ejemplo.2.JPG

            Por San Antonio hace un frío de todos los demonios.

            San Antonio hay muchos a lo largo del año. Por lo general, en el refranero, cuando se habla de este santo se piensa en el 13 de junio; sin embargo, leyendo el refrán, uno inmediatamente ve que algo no encaja. En realidad lo que ocurre es que se está hablando del 17 de enero, San Antón, santo que también recibe el nombre de San Antonio.

            Por San Honesto, comienza de verdad el fresco.

            A priori parece un refrán fácil de situar en el tiempo ya que la festividad de este santo solo se celebra en dos fechas: el 28 de noviembre y el 16 de febrero. Muy posiblemente ese “comienza” hace que se piense más en noviembre que en febrero; pero ¿es descabellado pensar que se habla de que el frío se recrudece?, ¿no es acaso posible que en este refrán, como se ve en otros, el hombre del campo haya hecho uso de su particular sentido del humor de manera que con la palabra “fresco” no solo quiera hablar del frío, sino incluso de un frío intenso? En realidad y en contra de lo que podía suponerse, los expertos en refranes no han podido concretar la fecha de la que se habla, lo que impediría extraer la información meteorológica que contiene.

            Incluso es posible encontrar refranes que los expertos sitúan en fechas diferentes:

            Por San Simeón, el invierno se da algún alegrón.

            6Refrán que algunos sitúan el 5 de enero, otros el 1 de julio e incluso el 18 de febrero (festividad que en algún momento se cambió de fecha y pasó al 27 de abril). Aunque, por otra parte, ¿qué decir sobre la información meteorológica contenida en él?, ¿qué ha de entenderse por “alegrón”?

            Nieblas por Santa Catalina, año feliz vaticina.

            He aquí un refrán que valdría la pena comprender, que quizás sirvió para tranquilizar al hombre del campo; sin embargo, a la hora de buscar información sobre esa santa, se descubre que hay una Santa Catalina para la mitad de los meses del año.

            Como se ha comentado, con frecuencia, en vez de utilizar el santo para recabar la información meteorológica contenida en el refrán en el que se le menciona, el proceso más común es el inverso; como es el caso del siguiente refrán:

            Por Santa Marta, entra el sol por las sombrías, pero no en las más frías.

            Santa que pudiera situarse el 23 de febrero y el 29 de julio; si bien, leído el refrán, es más lógico decantarse por la primera fecha por el modo en que los días empiezan a alargarse en ese mes.

  1. Los refranes, en ocasiones, no indican de qué hablan

            Los refranes presentan, como se ha podido ver, algunos inconvenientes y no pocas limitaciones; a los que hay que añadir aquellas que el formato impone: una frase corta, fácil de memorizar, en la que ha de haber una rima.

            Si se piensa en ello, no pocas adivinanzas tienen exactamente la misma estructura y, quizás por este motivo, algunos refranes son como acertijos, cuya resolución no siempre es sencilla y obvia.

            A continuación se van a poner como ejemplos algunos refranes que presentan este inconveniente lo que, desde un punto de vista meteorológico, vendrían a ser como si en las bases de datos se encontrase un dato, un 7 por ejemplo, y fuese imposible saber si se está hablando de grados de temperatura o de milímetros de lluvia recogida.

            Puede helar hasta el diez, alguna que otra vez.

            Aquellos que saben de refranes afirman que se habla de mayo.

            Cigarra que al quince avanza, anuncia bonanza.

            En esta ocasión se ha de pensar en septiembre, mes en el que puede continuar el buen tiempo o empezar a bajar las temperaturas, en el que ver una cigarra implicaría que el calor continuará durante algún tiempo más.

            Si canta pares, agua a mares; si canta nones, solo a montones.

           5 La respuesta correcta en este refrán que parece una adivinanza es el gallo.

            Si sale por la tarde, va a andar mucho aire.

            Adivinanza quizás más complicada de resolver y en la que habla, sin nombrarlo, del arcoíris.

            Santa Catalina nos trae la harina.

            Sentencia en la que por “harina” se está queriendo decir nieve.

            Sin embargo y aun a pesar de todos los inconvenientes nombrados, puede ser interesante clasificar los refranes desde un punto de vista meteorológico, tal y como es posible encontrarlos en el libro “La meteorología en los refranes”, libro del que soy autora.

https://sede.aemet.gob.es/AEMET/es/GestionPeticiones/busquedaAvPublicaciones

 

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Evolución del tiempo durante la semana del 5 al 11 de febrero de 2018.

Por el Área de Técnicas y Aplicaciones de Predicción de Aemet.

Lunes 5 de febrero 2018: la situación es la descrita en el aviso especial número 9, un área de bajas presiones centrada sobre el sureste peninsular y presencia de aire muy frío tanto en niveles bajos como en niveles medios de la atmósfera, configuración que favorece la entrada de vientos húmedos del este sobre el cuadrante noreste y zona centro peninsulares.

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Reporte en SINOBAS del día 5: Seguir leyendo

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CUANDO LA METEOROLOGÍA ES UN ACTOR MÁS

Por Luisa Hurtado González

Agencia Estatal de Meteorología

RESUMEN: En el cine, por lo general, los fenómenos meteorológicos forman parte del decorado sobre el que el cual se desarrolla la trama; sin embargo hay ocasiones, como ocurre en la vida, en que dichos meteoros se erigen en protagonistas, reclaman toda la atención y llegan a determinar lo que ocurre en la pantalla, trascendiendo con creces el papel de telón de fondo para convertirse en un actor más en la película.

En esta colaboración se pasará revista a algunos de los films en los que esto ocurre, películas muy conocidas, clásicos en su mayoría, aportando información sobre sus argumentos sin olvidar algunas curiosidades que acontecieron durante los rodajes. Seguir leyendo

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Fernando Aranda Alonso,Hijo Predilecto de la ciudad de Toledo.

ACTO DE ENTREGA DE HONORES Y DISTINCIONES EN EL CENTRO CULTURAL SAN MARCOS EN LA FESTIVIDAD DE SAN ILDEFONSO. DIA DE LA CIUDAD DE TOLEDO, 23 DE ENERO DE 2017.

Desde el blog de AEMET queremos felicitar a nuestro colega Fernando Aranda Alonso por el acto conmemorativo del Día de la Ciudad de Toledo, celebrado en el Centro San Marcos el día 23 de enero donde se le ha distinguido. Además han otorgado otros Honores y Distinciones  por el Ayuntamiento a personas y entidades cuyo trabajo, contribuyen a que Toledo progrese “con fortaleza y buen ritmo” según su alcaldesa, Milagros Tolón. Junto a ella que ha presidido el acto, han estado en la mesa el presidente de las Cortes, Jesús Fernández Vaquero; el consejero de Educación y Cultura, Ángel Felpeto; el presidente de la Diputación, Álvaro Gutiérrez, y el vicealcalde de Toledo, José María González Cabezas. Seguir leyendo

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La Semana del 29 de enero al 4 de febrero de 2018,en imágenes.

Por  el área de Técnicas y Aplicaciones de Predicción de Aemet.

El lunes 29 la dana en retrogresión alcanza Canarias, con lluvias, tormentas, nieve en zonas altas de las islas mayores y fenómenos costeros. Se observa incluso una manga marina muy desarrollada frente a La Palma.

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Reporte en SINOBAS del día 29: Seguir leyendo

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