Histórica ola de calor en el mes de junio de 2026

Artículo elaborado por José Ángel Núñez Mora, Jefe de Climatología de AEMET en la Comunitat Valenciana

¿Fue el 23 de junio de 2026 el día más cálido en España?

Con datos provisionales, los días 22 y 23 de junio fueron los más cálidos de este mes en España desde, al menos, 1950, con una anomalía media peninsular de +7.1 °C.

La temperatura media del 22 y 23 de junio de 2026 supera la del 30 de junio del pasado 2025, que hasta ahora era el máximo. Durante esta ola de calor, tres días se han situado entre los diez más cálidos de la serie histórica del mes de junio en el promedio peninsular. En el cómputo general de todos los días del año de todos los meses, provisionalmente, el 23 de junio de 2026 sería el vigésimo primero más cálido, por detrás de 20 días de los meses de julio y agosto, todos a partir del 2012, salvo el 20 de julio de 1995, que es el decimocuarto más cálido y el único día anterior a 2012.

Desagregando los datos entre máximas diurnas y mínimas nocturnas, destacan las noches de los días 22 y 23, que son las noches más cálidas de junio. En el cómputo general de todos los días del año, la del 22 de junio es la décima más cálida.

En cuanto al promedio de máximas, la media del 23 de junio sería la tercera más alta en junio, por detrás de los registros del 29 y 30 de junio del año pasado, cuando también se registró una temprana y prolongada ola de calor.

Se han producido multitud de récords en estaciones con series largas, sobre todo en el norte, donde más excepcional ha sido esta ola de calor, no solo por la intensidad, sino por la duración y persistencia. Por poner un par de ejemplos, el día 23 se registró el récord absoluto de temperatura máxima en Cantabria (computando todos los meses del año), con 43.7 °C en Tama (Liébana).

En el aeropuerto de Bilbao, con datos desde 1947, hasta 2025 se habían registrado 18 días con temperatura máxima mayor o igual a 40 °C y solo en 2022 se alcanzaron o superaron los 40 °C en dos ocasiones dentro del mismo año.

Aeropuerto de Bilbao
Días con temperatura máxima superior o igual a 40 °C
AñoMesDíaMáxima
194772642.0
195062941.2
19658440.0
19827840.4
198681640.3
198791640.6
19889741.7
20038441.9
201162741.0
201373140.3
201671840.4
201962740.7
202073041.5
202261840.9
202271741.2
202382344.0
202481142.9
202581543.5
202662141.1
202662341.3
202662442.7

En 2026, hasta el 24 de junio, se ha superado en tres ocasiones el umbral de 40 °C los días 21, 23 y 24, por lo que es la primera vez que en un mismo año (en esta ocasión en un mismo mes), se superan los 40 °C en tres ocasiones. El día 23, con 41.3 °C se superó el récord histórico de junio, y el día 24, con 42.7 se superó el récord del día anterior. Los 42.7 °C registrados en el aeropuerto de Bilbao el 24 de junio de 2026, es el valor más alto en un mes de junio o julio y solo es superado por tres datos en agosto, que se registraron durante los tres últimos años, 2023, 2024 y 2025.

¿Cuántas olas de calor se han registrado desde 1975?

Entre 1975 y 2025 ha habido 78 olas de calor en España (sin contar la actual de 2026) que suman 458 días en situación de ola de calor. Como son 51 años, podemos ver la gran diferencia entre la primera mitad de la serie (1975-2000) y la segunda (2001-2025). Hasta 2000 hubo 129 días en ola de calor, mientras que entre 2001 y 2025 hubo 329, más del doble (multiplica por 2.5).

¿A cuántos días de media de calor extremo nos enfrentamos ahora? ¿Esa cifra podría aumentar en un futuro?

En la primera década de la estadística, entre 1975 y 1984, el promedio era de 3 días en ola de calor al año. Los últimos 10 años, entre 2016 y 2025, el promedio fue de 22 días de ola de calor al año. El número de días con ola de calor aumenta a razón de 3.3 días cada 10 años, las olas de calor van ganando en extensión a razón de 3.2 provincias cada 10 años y la anomalía de la ola va ganando en intensidad a razón de 0.26 °C cada 10 años. En resumen, las olas de calor son más frecuentes, con más días de ola de calor cada año, más provincias afectadas y más intensidad.

En un escenario futuro de emisiones de gases de efecto invernadero medias, por así decirlo, un escenario optimista, podemos pasar de un promedio de 22 días de ola de calor como promedio del periodo 2016-2025, a un promedio de 47 días, más del doble, a final de siglo XXI. En un escenario de emisiones altas el número de días de ola de calor a final de siglo podría ser de 60 y en un escenario de emisiones muy altas sería de 77.

En lo que se refiere a las olas calor, la mayor frecuencia de olas de calor al año, el incremento del número de días de ola de calor cada año y la mayor extensión, es coherente con el aumento de la temperatura media en España, que en promedio anual ha ascendido 1.78 °C, pero el incremento ha sido más intenso en verano, 1.99  °C desde 1961. El aumento de la media necesariamente da lugar a mayor frecuencia de días muy cálidos y de ola de calor, tal y como se ha analizado y de forma paralela da lugar a un descenso el número de olas de frío y de días fríos en invierno.

Tanto las temperaturas nocturnas como las medias diurnas están aumentando en España. El incremento de las temperaturas mínimas en España en verano desde 1961 es de 2.0 °C, lo que da lugar a un incremento de las noches muy cálidas.

El aumento del número de noches muy cálidas en España es indudable, se ha producido en todas las zonas, pero es especialmente llamativo en las comunidades mediterráneas, donde hace décadas ya eran frecuentes. Las causas son varias, la principal atribuible al cambio climático, aunque no sólo, ya que también otra causa de origen antrópico (por la actividad humana), el crecimiento de la isla de calor de las grandes ciudades, ha contribuido al incremento del número de noches tropicales, ya que  la propia estructura urbana impide la circulación de aire de las típicas brisas de tierra nocturnas, que aunque muy débiles, refrescan las noches de zonas de playa o de fuera de la ciudad. También los materiales que componen la estructura urbana, el asfalto, el tráfico, los edificios, contribuyen a una mayor concentración del calor en el centro de la ciudad durante el día, calor que luego resulta más difícil disipar a lo largo de la noche. Además, los materiales de construcción de la ciudad evacuan muy rápido la humedad y no se puede producir el típico enfriamiento por evaporación que se produce en zonas de huerta fuera de la ciudad donde abunda la vegetación.

En climatología habría que diferenciar la contribución de cada uno de esos dos factores al incremento del número de noches tropicales en nuestras ciudades, el del cambio climático, que es un efecto global, y el de la estructura urbana, que es un efecto local, pero, sociológicamente, lo cierto es que un habitante de una gran ciudad mediterránea como València, Barcelona, Alicante, Palma, etc., por los efectos combinados de ambos factores, los dos de origen antrópico, sufre muchas más noches tropicales y tórridas que hace sólo medio siglo, lo que supone un riesgo para la salud y una pérdida de confort térmico.

Sin perder de vista el efecto isla de calor urbana, la contribución del ascenso de temperaturas asociado al cambio climático es el factor más importante en aquellas noches especialmente adversas, que son las que las temperaturas no bajan de 25 °C.

Hablar de noches tropicales en el Mediterráneo, aquellas cuya temperatura mínima no baja de 20 °C, ya no tiene sentido, porque casi el 100 % de las noches del verano tienen estas características. En el aeropuerto de Barcelona, por ejemplo, un observatorio fuera de la ciudad, entre 1950 y 1980 el promedio de noches tropicales era de 19. En los últimos 10 años, en este mismo observatorio, el promedio es de 80, con el máximo absoluto de 104 noches que se registró el año 2022. En Valencia, en un observatorio urbano, el promedio entre 1950 y 1980 era de 46; en los últimos 10 años el promedio es de 90, con el máximo absoluto del año pasado de 114.

Hablando de noches tropicales, con mínima superior a 20 °C, la mayor frecuencia se da en el Mediterráneo, como he comentado antes, pero en el interior sur también han aumentado significativamente. En el aeropuerto de Barajas, por ejemplo, un observatorio fuera de la ciudad, entre 1960 y 1990 el promedio de noches tropicales era de 3 y de 16 en el parque del Retiro, un observatorio urbano. En los últimos 10 años, en Barajas el promedio es de 22, con el máximo absoluto de 40 noches que se registró en 2022 y en el Retiro, en los últimos 10 años el promedio es de 52, con el máximo absoluto del año pasado: 66 noches tropicales en este observatorio. Algo similar se puede decir de ciudades andaluzas. En el aeropuerto de Sevilla, por ejemplo, han pasado de 25 noches tropicales entre 1960 y 1990, a 58 en los 10 últimos años.

¿Por qué está ocurriendo esta situación?

Es prácticamente seguro que el cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles ha potenciado el efecto invernadero en la atmósfera, por lo que las olas de calor y los episodios muy cálidos cada vez son más frecuentes y se producen de forma más temprana y, al revés con los episodios fríos.

No es algo que se pueda achacar a las estaciones meteorológicas o a su ubicación. Podemos identificar cómo está cambiando la temperatura de las masas de aire que sobrevuelan la Península en la atmósfera libre. Analizando, por ejemplo, los datos del radiosondeo de Santander a 1500 m, que esa altitud está muy por encima de la superficie y alejada de ciudades, el día 23 a las 00 horas, se registró una temperatura de 26.7 °C en el geopotencial de 850 hPa (1591 m). Es el segundo registro más alto en junio, tras los 27.8 del 29 de junio de 2019.

Desde 1989, hay una tendencia estadísticamente significativa, con una confianza del 95 %, de que la temperatura en el mes de junio ha ascendido 2.7 °C a una altitud de 1500, según los datos del radiosondeo de Santander, es decir, incluso superior al aumento registrado en estaciones meteorológicas de superficie.

La temperatura está ascendiendo en nuestro territorio en toda la troposfera, no solo junto al suelo. Esta es la realidad.

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