La temperatura juega un papel importante en el desarrollo y crecimiento de los seres vivos. Existen temperaturas umbrales que afectan, en mayor o menor medida, a sus ciclos biológicos y otras que llegan a ser limitantes.
En las zonas templadas de las latitudes medias muchas plantas necesitan satisfacer durante el periodo de reposo invernal unas necesidades de frío, es decir una acumulación de horas con temperaturas por debajo de ciertos umbrales característicos de cada especie, que si no se alcanzan pueden producir desórdenes fisiológicos que afectarán a su posterior desarrollo. Después, al iniciarse la actividad primaveral las temperaturas elevadas hacen que las plantas pasen más deprisa por las diferentes fases.
La salida del reposo invernal responde a complejos procesos relacionados con diversos factores ambientales. La acumulación de frío es importante y a efectos prácticos se describe mediante la denominada integral térmica, es decir el número de horas con temperaturas inferiores o iguales a un umbral determinado, son las horas-frío (HF). Para evaluar la acumulación de horas-frío se utiliza la fórmula de Crossa-Raynaud y como temperatura umbral se considera generalmente el umbral 7 °C (para más información consultar el Calendario Meteorológico 2024).
A continuación se presenta el mapa de anomalías (figura 1) con respecto al periodo de referencia 1996-2024 de HF acumuladas bajo 7 °C desde el 1 de noviembre de 2024 hasta el 28 de febrero de 2025, fechas entre las cuales muchas especies importantes para el sector agrícola durante el reposo invernal necesitan acumular horas-frío. En el citado mapa se observa que las anomalías fueron negativas, inferiores a las normales, en casi todo el territorio ibérico-balear salvo algunos puntos del este y sur peninsulares y en la isla de Ibiza, lo que indica que el periodo fue más cálido de lo normal como viene ocurriendo en los últimos años.

Otoño de 2024
Al principio del periodo, debido a las temperaturas del mes de septiembre —que fueron frías para la época, salvo en el sureste peninsular—, se observaba cierto retraso en el comienzo del cambio de color de las hojas de los árboles y también en las maduraciones de los frutos de algunas especies; más tarde, debido a las temperaturas suaves y a las condiciones de humedad que se iban sucediendo, los eventos fenológicos propios del otoño se fueron normalizando (figura 2).
Como en años anteriores al final del periodo se podían observar en algunas zonas, sobre todo de la mitad norte peninsular, irregularidades en la sucesión de los eventos fenológicos como segundas floraciones en los árboles frutales, así como ejemplares que mantenían las hojas de color verdoso incluso hasta finales del mes de diciembre.
En los últimos días del mes de octubre hubo un episodio de precipitaciones muy intensas, localmente torrenciales, sobre todo en el levante peninsular y el sur de Castilla-La Mancha y de Andalucía. Se anegaron amplias zonas destrozando los cultivos, especialmente los que estaban en periodo de recolección incluidos los de invernadero, y además, debido a la fuerza del agua se produjo el arrastre de árboles y otros materiales destrozando terrenos e infraestructuras, que a su vez se iban depositando en otras zonas a lo largo de su recorrido provocando daños muy importantes en el sector agrícola.
La vendimia se adelantó, en general, tanto en la Península como en ambos archipiélagos. La calidad de la uva fue buena o muy buena con un buen estado de maduración. La propagación de plagas y enfermedades estuvo ausente o fue escasa, salvo en algunas zonas de la mitad norte peninsular —debido a las lluvias de los meses de septiembre y octubre— donde la recogida de la uva se encontraba más retrasada.
En cuanto a las aves estivales, en el conjunto del territorio la partida fue en fechas similares a años anteriores. La llegada de las grullas comenzó en el mes de octubre, las entradas más numerosas de individuos hacia las zonas de invernada se produjeron en la tercera decena del mes y en la primera semana de noviembre.
Primavera de 2025
A principios del mes de enero se observaban los primeros cambios en la vegetación y el paisaje. Las especies de floración temprana mostraban las primeras flores abiertas, caso de los avellanos (figura 3) con los amentos masculinos bien desarrollados liberando polen y las flores femeninas con sus llamativos estigmas de color rojizo, aunque la floración no se generalizó hasta la primera quincena del mes de febrero en la mitad norte peninsular.
La floración de los almendros, considerando las diferencias significativas según sean variedades más tempranas o tardías, ocurría durante la tercera decena del mes de enero en zonas de la mitad sur y del centro peninsular y de forma generalizada en la segunda decena de febrero en otras zonas del centro y del norte peninsular. Las plenas floraciones se alcanzaban pocos días después, en general, debido a las favorables condiciones ambientales.
Respecto a la floración de las especies con necesidades de horas-frío, tras un otoño y un invierno suaves en cuanto a las temperaturas, se encontraba retrasada sobre todo en varias especies de árboles frutales; más tarde, debido a la sucesión de días soleados, temperaturas favorables y una adecuada disponibilidad de agua, el paso por los distintos estadios de floración se fue normalizando salvo en las zonas donde se dieron los episodios más largos de cielos cubiertos en las que aumentó el número de días entre el inicio y el final de la floración alargando, por tanto, su periodo.
Durante el mes de marzo, tras el paso de varias borrascas con abundantes e intensas precipitaciones en el territorio peninsular y ambos archipiélagos, el desarrollo de los eventos de la primavera se fue ralentizando. En algunas zonas, a causa de las inundaciones, el sector agrícola se vio especialmente perjudicado, se perdieron cultivos y hubo daños en los sistemas de regadíos y en invernaderos, además de retrasos de algunas siembras. En algunas plantaciones del norte peninsular, debido al descenso de las temperaturas, tuvieron que recurrir a la quema de parafina para combatir las heladas y proteger los frutales.
A lo largo de las siguientes semanas comenzaban las floraciones de especies más tardías como nogales y saúcos. En abril, de nuevo episodios de lluvia y granizo en algunas zonas de la Península perjudicaron a los frutos de temporada que se encontraban en pleno desarrollo como ciruelos, perales y melocotoneros.
En la figura 4 se representa la floración del albaricoquero (Prunus armeniaca) en la estación fenológica de Cehegín (Región de Murcia), la cual muestra un ligero retraso en los últimos 20 años. La gráfica se ha podido elaborar gracias al compromiso y a la calidad de los datos registrados por Juan David Pérez Correas, colaborador de la red fenológica de AEMET.
Al final de la primavera, y de forma generalizada, la vegetación era exuberante debido a las buenas condiciones ambientales con temperaturas adecuadas y humedades suficientes para su correcto desarrollo.
Con relación a las aves, la llegada de los primeros ejemplares de golondrina (Hirundo rustica) se registraba en el suroeste peninsular en la última decena de enero (figura 5).
Además de la golondrina común, otra especie migratoria (figura 6) recomendada para el seguimiento fenológico en la red de colaboradores de AEMET es el avión común (Delichon urbicum).
Con respecto al número de ejemplares, al igual que en otras especies estivales, en años previos a 2024 el colaborador ha ido comentando un descenso de la población, que posteriormente se estabiliza, recuperándose ligeramente en el año 2025. De acuerdo con la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), en España el número de ejemplares observados de esta especie sugieren una tendencia moderadamente positiva con descensos en la población según el periodo de estudio.
El avión común es una especie que se encuentra sujeta a medidas de conservación mediante normativa europea (Directiva 2009/147/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, 2009). A nivel nacional esta ave se encuentra incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE), creado mediante la Ley 42/2007, del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, que incluye especies, subespecies y poblaciones merecedoras de una atención y protección particular, así como aquellas que se encuentran protegidas mediante directivas y convenios internacionales ratificados por España.
A pesar de que la especie se encuentra actualmente clasificada como de «preocupación menor» (LC) en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y no está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, existen diversas presiones que justifican la adopción de medidas de conservación activa.
Entre los principales problemas identificados se encuentran el uso indiscriminado de plaguicidas, así como la destrucción o retirada de sus nidos (figura 8), ya sea de forma intencionada o accidental. Estas acciones pueden tener un impacto negativo en sus poblaciones. Por ello, resulta fundamental promover prácticas responsables que contribuyan a su protección y preservar sus hábitats naturales.
En el caso de encontrar un ejemplar desorientado, herido o enfermo, como se muestra en la figura 9, se le debe mantener en una caja de cartón ventilada y contactar con las autoridades ambientales locales u organizaciones de conservación, quienes podrán ofrecer orientación adecuada sobre cómo proceder antes de actuar por cuenta propia, ya que en general se intenta hidratar y alimentar a estas aves de forma incorrecta lo cual les puede provocar aún más daño.
Relevancia de la fenología
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha reconocido la fenología como un recurso importante para el desarrollo de estudios climatológicos. En su documento técnico WMO/TD No. 1484 titulado «Guidelines for Plant Phenological Observations», se señala que esta disciplina constituye una herramienta integradora para evaluar los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas, al reflejar con precisión las respuestas biológicas de las especies frente a las variaciones ambientales. Asimismo, se destaca que las observaciones fenológicas son rentables y fáciles de realizar, lo que las convierte en un complemento valioso para las mediciones instrumentales en los servicios meteorológicos nacionales y, además, facilitan y establecen una comunicación con el público general concienciando de los impactos del cambio climático.
Los eventos fenológicos —como la floración, la migración o la reproducción— responden directa o indirectamente a las variables climáticas, como la temperatura y la precipitación, lo que permite detectar cambios ambientales con gran precisión. Esta sensibilidad, sumada a su aplicabilidad en una amplia gama de grupos taxonómicos, ofrece una visión integral de los ecosistemas.
Al mismo tiempo, la existencia de datos históricos permite analizar tendencias a largo plazo y evaluar el impacto del cambio climático. Cabe señalar que los cambios fenológicos pueden alterar las redes ecológicas, provocando desincronizaciones en interacciones esenciales como la polinización o la depredación, lo que evidencia su papel crucial en el equilibrio de los ecosistemas.
Además, la fenología es un excelente indicador de las relaciones de la biodiversidad con el clima. En el marco del Convenio sobre la Diversidad Biológica (1992) y las Metas del Marco Kunming-Montreal (2022), la importancia de la fenología se ve reforzada por la red GEO BON (Group on Earth Observations Biodiversity Observation Network). GEO BON ha identificado la fenología como una de las variables esenciales de biodiversidad (EBV), consolidando su papel como indicador cuantitativo, dinámico y actualizado del estado de la vegetación y de los patrones de biodiversidad. Esta designación no solo valida su utilidad científica, sino que también la posiciona como una herramienta clave en el seguimiento ambiental y en la formulación de políticas de conservación.
La fenología también ofrece un gran potencial en la gestión ambiental; un ejemplo destacado podría ser su utilidad en la prevención de incendios forestales, cuestión especialmente relevante tras los graves incendios ocurridos este verano en España (figura 10). Al estudiar los ciclos naturales de las plantas es posible identificar periodos en los que se acumula más biomasa seca que actúa como combustible para el fuego. Este tipo de información, combinada con datos meteorológicos y climáticos, puede facilitar la planificación de estrategias en el manejo forestal.
Aunque la fenología constituye una disciplina científica reconocida desde hace décadas, en la actualidad se enfrenta a nuevos desafíos como la transformación de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad. Para abordar estos retos el uso de modelos ecológicos cuantitativos y técnicas geoestadísticas resulta muy valioso, ya que permite describir y predecir los fenómenos fenológicos con mayor precisión. Sin embargo, estas herramientas deben sustentarse en datos de alta calidad, lo que implica observaciones directas en el campo, realizadas con método, rigor y continuidad. Además, es imprescindible contar con una red amplia de colaboradores que cubra el territorio nacional, garantizando así una base de datos robusta y representativa.
En este contexto, el apoyo institucional a la fenología es clave para valorar los efectos del cambio climático y fortalecer la gestión ambiental. Invertir en redes de observación a escala nacional e internacional y obtener datos de calidad permitirá transformar el conocimiento científico en decisiones eficaces que ayudarán a proteger nuestro entorno.
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AGRADECIMIENTOS
A Juan Antonio de Cara García, compañero jubilado de AEMET.
| Este artículo está disponible en: Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). (2025) Fenología 2024-2025. Calendario Meteorológico 2026, pp. 147-156 |