Incendios forestales en España, índice de riesgo de incendios y quema de restos vegetales.

Tras un verano con condiciones meteorológicas muy adversas para los incendios en España y gran extensión de superficie quemada, bastante superior, según las estadísticas oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a la media de los últimos años y llegando a niveles propios de décadas ya pasadas, los incendios han continuado siendo actualidad los últimos días en el Cantábrico (el otoño es una época de repunte de incendios en esa zona asociado al viento S, que ha sido últimamente excepcionalmente cálido y persistente). Especialistas de AEMET repasan, en este artículo, las épocas con mayor riesgo de incendios en las diferentes zonas de España y los factores meteorológicos que inciden en dicho riesgo. También se analiza la importancia de limpieza y quema de restos vegetales y los riesgos que puede implicar si se realizan bajo condiciones meteorológicas no favorables.

Un artículo de Marcelino Núñez (Delegado de AEMET en Extremadura), Cayetano Torres (Jefe del Área de Comunicación de AEMET), Ramiro Romero (Jefe del Servicio de Aplicaciones Agrícolas e Hidrológicas de AEMET), Marcelino Rojo (Delegado de AEMET en Castilla-La Mancha) y Ricardo Torrijo (Meteorólogo del Centro Nacional de Predicción de AEMET)

Los incendios forestales, dada la heterogeneidad del territorio nacional, ocurren condicionados principalmente por la meteorología, la topografía, la vegetación, y los factores socioeconómicos existentes

En el análisis geográfico de los incendios forestales se definen cuatro zonas con cierta similitud en relación a los factores mencionados:

• Noroeste: Asturias, Cantabria, Galicia, País Vasco y provincias de León y Zamora.

• Interior: Provincias de comunidades no costeras, excepto León y Zamora.

• Mediterráneo: Comunidades autónomas costeras con el Mediterráneo, incluyendo sus provincias interiores.

• Canarias

La «climatología» de la ocurrencia de los incendios forestales, hace que el año se divida en dos etapas, o temporadas: temporada de alto riesgo de incendios forestales, y temporada de bajo riesgo. En general en la península, la temporada alta suele coincidir con el semestre mayo-octubre. Es el tiempo de las olas de calor y los secos vientos terrales son más determinantes. Estos episodios, lamentablemente cada día más frecuentes, son los más determinantes para la ocurrencia y simultaneidad de los incendios forestales. En Canarias, por su parte, no se distingue entre temporada alta y baja según semestre.

En la zona denominada noroeste, en la cornisa cantábrica, también puede haber picos en el otoño y alrededor del mes de marzo. Es en estos meses es donde se da con mayor frecuencia situaciones que provocan viento sur en la citada área. Vaguadas con eje meridional o borrascas con gran gradiente, provocan un fuerte viento de componente sur que hacen que las temperaturas en la cornisa cantábrica, País Vasco, incluso a veces en zonas de Navarra y Galicia suban muy significativamente. La concurrencia vientos fuertes y secos con temperaturas muy elevadas, da lugar a que la simultaneidad de los incendios forestales pueda ser frecuentes en esas zonas fuera de la temporada alta peninsular, durante la época indicada.

Las quemas de restos vegetales agrícolas puede ser un factor que lleve al desencadenamiento de incendios si no se realiza de forma adecuada. Generalmente, de octubre a mayo se procede a la quema de rastrojos y restos vegetales de las cosechas en las explotaciones agrícolas para acabar con los huevos, las larvas y esporas de las plagas del cultivo o por lo menos, minimizar su número y además devolver a la tierra los restos vegetales en forma de sales minerales para fertilizar el suelo. Estas quemas no suelen coincidir con la época de mayor riesgo de incendio forestal, aunque aun así siempre existe este riesgo si las condiciones son desfavorables.

La AEMET dispone de un visor: https://www.aemet.es/es/eltiempo/prediccion/incendios, donde diariamente y hasta un alcance de una semana, se pronostica el riesgo de incendio visualizado en un mapa a partir de un índice que se calcula con una concienzuda metodología. Surge la pregunta de cómo se calcula dicho índice meteorológico de riesgo de incendio forestal en AEMET, que explicamos brevemente a continuación:

• El nivel de riesgo meteorológico de incendios forestales de AEMET está basado en el sistema canadiense. Se calcula a partir delas salidas de un modelo numérico de predicción del tiempo que también incorpora los datos de las estaciones meteorológicas de AEMET.

• Las variables de entrada del modelo de estimación de riesgo son: la temperatura del aire seco T (ºC), la humedad relativa del aire Hr (%), la velocidad del viento Vv (km/h) y la precipitación registrada en las últimas 24 horas Pp (mm).

• A partir de estas variables meteorológicas se construyen unos subíndices que reflejan el contenido de humedad de los combustibles. Estos subíndices son: el índice de humedad de los combustibles finos, el índice de humedad de la hojarasca, y el índice de sequía.

• En el siguiente paso de proceso se calculan dos subíndices qué son una buena estimación de la probabilidad de la ignición y de la intensidad de la propagación del fuego una vez que éste se ha iniciado.

•Con todo este conjunto de subíndices se construye al final el valor del índice meteorológico de riesgo de incendio que finalmente se clasifica en cinco clases o niveles de riesgo (bajo, moderado, alto, muy alto y extremo). Estos niveles serían indicadores de la probabilidad de ocurrencia del fuego así como de la extensión e intensidad del mismo.

• Los datos del análisis y pronóstico se refieren a las 12 UTC con el fin de obtener el valor de máximo riesgo diario, lo que sucede en torno al mediodía, si bien su valor tiene validez desde varias horas antes hasta varias horas después de las 12 UTC.

• En AEMET los datos que intervienen en la previsión de los niveles de riesgo proceden de del modelo CEPPM (resolución espacial de 0.05º y ventana de trabajo de 47.367 puntos de rejilla en la Península, y 4552 puntos en Canarias). Cada punto de rejilla se sitúa en el centro de un cuadrado o píxel de 5 km de lado, por tanto. Para alimentar el modelo CEPPM es importante que AEMET envíe constantemente los datos de su red de estaciones sinópticas y automáticas, ya que sin datos iniciales de calidad los modelos numéricos no podrían funcionar.

Recientemente, la ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular regula en su artículo 27 sobre impacto sobre el uso del fuego para eliminación de residuos, dispone que se debe tener en cuenta el índice de riesgo incendios a la hora de realizar las quemas agrícolas.

Aparte del efecto en el riesgo de incendios, la otra cara de las quemas puede ser el aumento de concentraciones de polución que es fácil de detectar con las mediciones de material particulado, en algunas localidades. Se da la circunstancia de que muchas veces dichas podas coinciden con la época del año más favorable a situaciones de estabilidad atmosférica que favorecen la acumulación de contaminantes en niveles bajos de la atmósfera. Se trata, en cualquier caso, de un tema que depende de factores muy locales, que puede ser difícil de evaluar y requeriría una detallada investigación para poder prevenirlo en parte.

Estos fenómenos de estabilidad son especialmente típicos en poblaciones situadas en los valles fluviales donde la inversión descrita y el confinamiento que producen las montañas, hacen que estos humos procedentes de las quemas afecten durante varias horas e incluso días a la población. Desgraciadamente a veces es difícil conciliar un riesgo más reducido de incendios con unas situaciones menos favorables a la acumulación de humo en niveles bajos, ya que la presencia de viento intenso, que podría favorecer la dispersión de contaminantes, puede aumentar el riesgo de incendios y, por otro, las condiciones húmedas, que reducen el riesgo de fuego, pueden dificultar la quema.

En cualquier caso, confiamos en que tener en cuenta las condiciones meteorológicas, evitando las quemas bajo riesgo extremo, ayude a eliminar los incendios que puedan provocar las quemas de residuos vegetales. Por otro lado, también hay que tener en cuenta la necesidad de dicha actividad y es importante no ser excesivamente restrictivo, ya que, aunque puede haber un riesgo en las quemas, no realizarlas podría significar un aumento del riesgo de plagas o de incendios.

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