Un informe examina los factores meteorológicos y de la calidad del aire que inciden en la COVID-19

Comunicado de prensa de la OMM

Las medidas adoptadas por los gobiernos, y no los factores meteorológicos, son el elemento que permite contener en mayor medida la transmisión de la COVID-19.

Los datos del informe preliminar sugieren que las condiciones climáticas no deberían utilizarse como argumento para flexibilizar las medidas de control.

Ginebra, 18 de marzo de 2021 — Un Equipo Especial de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha publicado su primer informe sobre los factores meteorológicos y de la calidad del aire que inciden en la pandemia de COVID-19. En él se advierte que las condiciones meteorológicas y climáticas, como el aumento de la temperatura que se produce con la llegada de la primavera en el hemisferio norte, no deberían esgrimirse como argumento para relajar las medidas adoptadas para frenar la propagación del virus.

Según explica el grupo, formado por 16 expertos en ciencias médicas, ciencias de la Tierra y salud pública, parece que el elemento que más influyó en la dinámica de transmisión de la COVID-19 en 2020 y principios de 2021 fueron las medidas gubernamentales —como el uso obligatorio de la mascarilla y las restricciones impuestas a los desplazamientos— y no los factores meteorológicos. Otros condicionantes importantes fueron los cambios en la conducta de las personas y en la demografía de las poblaciones afectadas y, más recientemente, las mutaciones del virus.

“En estos momentos, las pruebas no respaldan el uso de los factores meteorológicos y de la calidad del aire como base para que los gobiernos flexibilicen las medidas adoptadas para reducir la transmisión del virus”, afirmó el copresidente del Equipo Especial, el doctor Ben Zaitchik, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, Estados Unidos). “La cantidad de casos positivos aumentó en las estaciones y regiones cálidas durante el primer año de la pandemia, y no hay pruebas de que esto no pueda volver a ocurrir el próximo año”.

En el informe del Equipo Especial se proporciona un resumen de las principales conclusiones publicadas hasta la primera semana de enero de 2021. Por tanto, no se analizan artículos revisados por pares en los que se aborde la influencia de los factores meteorológicos y de la calidad del aire en la transmisión de las nuevas cepas del coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave de tipo 2 (SARS-CoV-2) ni la gravedad de las infecciones causadas por esas nuevas cepas.

En el informe se examina la función que puede desempeñar la estacionalidad. Las infecciones víricas respiratorias suelen presentar algún tipo de estacionalidad, en particular el pico que se da en otoño e invierno en el caso de la gripe y de los coronavirus causantes del resfriado en climas templados. Ello ha alimentado las expectativas de que la COVID-19 acabe siendo una enfermedad marcadamente estacional si persiste durante varios años.

“Aún no se comprenden totalmente los mecanismos subyacentes por los que se rige la estacionalidad de las infecciones víricas respiratorias. Es posible que exista una combinación de repercusiones directas en la supervivencia del virus, efectos en la resistencia de los seres humanos a la infección y una influencia indirecta de los factores meteorológicos y estacionales que se manifiesta en forma de cambios en la conducta de las personas”, según se explica en el resumen ejecutivo del informe.

“Los estudios de laboratorio sobre el SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19, han aportado algunos indicios que apuntan a una mayor supervivencia del virus en condiciones frías, secas y de baja radiación ultravioleta. Sin embargo, esos estudios aún no han indicado si las influencias meteorológicas directas en el virus inciden de forma significativa en las tasas de transmisión en condiciones reales”, según se advierte en el informe ejecutivo.

Las pruebas sobre la influencia de la calidad del aire aún no son concluyentes. Según el Equipo Especial, algunos indicios preliminares llevan a pensar en un aumento de la mortalidad por COVID-19 a causa de la mala calidad del aire, pero no se dispone de pruebas que establezcan una relación directa entre contaminación y transmisión aérea del SARS-CoV-2.

El informe se centra en las condiciones meteorológicas y de la calidad del aire en exteriores, pero no aborda en detalle la circulación del aire en interiores.

El Equipo Especial, formado por expertos internacionales procedentes de múltiples ámbitos distintos, fue establecido por la Junta de Investigación de la OMM con el fin de proporcionar con la mayor brevedad un resumen del estado de los conocimientos sobre las posibles influencias de los factores meteorológicos y de la calidad del aire en el comportamiento de la COVID-19, dada la asombrosa cantidad de artículos y prepublicaciones actualmente disponibles.

“El vertiginoso avance en la investigación sobre la COVID-19 supuso la publicación de estudios con datos limitados a raíz de la falta de tiempo para contrastar la información y someterla a procesos de revisión por pares. Pronto quedó claro que los indicios comunicados eran a menudo contradictorios o parciales debido a deficiencias metodológicas y de los datos. Por ello, el Equipo Especial de la OMM pretende fomentar las buenas prácticas en materia de investigación y comunicación”, señala el profesor Jürg Luterbacher, director del Departamento de Ciencia e Innovación de la OMM y director científico de la Organización.

La futura labor del Equipo Especial comprenderá la actualización de las pruebas científicas a lo largo de los próximos meses, así como el establecimiento y la promoción de un conjunto estructurado de cuestiones, objetivos y prioridades preeminentes en materia de investigación que permita orientar las inversiones en actividades de investigación destinadas a determinar el nexo entre la pandemia y las condiciones meteorológicas y climáticas y la calidad del aire.

El Equipo Especial también asesorará e informará sobre buenas prácticas y normas mínimas que deben observarse para establecer métodos de modelización integrada de enfermedades infecciosas que tengan en cuenta factores medioambientales, y recomendará estrategias que la OMM debería aplicar en el marco de sus actividades de investigación y suministro de información para tomar en consideración el vínculo entre el coronavirus, las condiciones climáticas y meteorológicas y la calidad del aire.

Ejemplos de mecanismos propuestos a través de los cuales los factores meteorológicos
y de la calidad del aire influyen en las infecciones víricas respiratorias


Resumen ejecutivo

•      Hasta la fecha, los estudios epidemiológicos sobre la COVID-19 han brindado resultados dispares en cuanto a la sensibilidad del virus y de la enfermedad a los factores meteorológicos.

•      Parece que la dinámica de transmisión de la COVID-19 en 2020 pudo controlarse principalmente gracias a las medidas adoptadas por los gobiernos, no como consecuencia de factores meteorológicos. Otros condicionantes importantes son los cambios en la conducta de las personas y en la demografía de las poblaciones afectadas y, más recientemente, las mutaciones del virus.

•      Las infecciones víricas respiratorias suelen presentar algún tipo de estacionalidad, en particular en climas templados. La estacionalidad de este tipo de enfermedades —en particular el pico que se da en otoño e invierno en el caso de la gripe y de los coronavirus causantes del resfriado en climas templados— ha alimentado las expectativas de que la COVID-19 acabe siendo una enfermedad marcadamente estacional en caso de que persista durante varios años (véase la figura).

•      Aún no se comprenden plenamente los mecanismos subyacentes por los que se rige la estacionalidad de las infecciones víricas respiratorias. Es posible que exista una combinación de repercusiones directas en la supervivencia del virus, efectos en la resistencia de los seres humanos a la infección y una influencia indirecta de los factores meteorológicos y estacionales que se manifiesta en forma de cambios en la conducta de las personas (véase la figura).

•      Los estudios de laboratorio sobre el SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19, han aportado algunos indicios que apuntan a una mayor supervivencia del virus en condiciones frías, secas y de baja radiación ultravioleta. Sin embargo, esos estudios aún no han indicado si las influencias meteorológicas directas en el virus inciden de forma significativa en las tasas de transmisión en condiciones reales.

•      Hay indicios de que la exposición crónica y a corto plazo a la contaminación atmosférica agrava los síntomas y aumenta la mortalidad de algunas enfermedades respiratorias. Son datos coherentes con los primeros estudios sobre la mortalidad por COVID-19, pero esos resultados deben confirmarse y consolidarse regulando los factores de riesgo individuales. En estos momentos no se dispone de datos directos revisados por pares sobre las consecuencias de la contaminación en la viabilidad del SARS-CoV-2 en el aire.

•      Los estudios de modelización basados en procesos prevén que, con el paso del tiempo, la transmisión de la COVID-19 puede adquirir un carácter estacional, y ello sugiere que los factores meteorológicos y de la calidad del aire pueden contribuir al monitoreo y a la predicción de la COVID-19 en los próximos meses y años.

•      Sin embargo, en este momento los datos no respaldan el uso de los factores meteorológicos y de la calidad del aire como argumento para que los gobiernos relajen las medidas adoptadas para reducir la transmisión de la enfermedad.

•      Deben llevarse a cabo estudios que permitan cuantificar los vínculos entre los factores meteorológicos y de la calidad del aire y la COVID-19. Es fundamental que los estudios de modelización tengan debidamente en cuenta los factores de confusión, consideren los efectos directos e indirectos de los factores meteorológicos y de la calidad del aire, aborden las limitaciones del registro de datos sobre la COVID-19, informen de los intervalos de incertidumbre, evalúen la capacidad de predicción y apliquen técnicas adecuadas de modelización estadística o basada en procesos.

•      Para poder estudiar los riesgos vinculados a la COVID-19, y en particular la influencia de los factores meteorológicos y de la calidad del aire, es fundamental poder consultar de forma abierta y oportuna datos de calidad controlada sobre la COVID-19 y los factores de riesgo asociados. Las iniciativas encaminadas a proporcionar esos datos han carecido de coordinación, y ponen de manifiesto la necesidad de contar con una infraestructura de notificación de información que respalde la gestión y la difusión de datos para fines de análisis de las enfermedades epidémicas.

•      Los estudios revisados por pares pueden influir en las decisiones adoptadas en materia de salud pública y en la percepción de la población en lo que al riesgo de contraer la enfermedad se refiere. Por ello, es fundamental que investigadores, editores y proveedores de información mantengan un elevado nivel de exigencia a la hora de analizar y evaluar nuevos estudios.

•      Igualmente importante es lograr una comunicación clara y activa entre investigadores, medios de comunicación e instancias decisorias que permita aplicar los resultados científicos a las políticas de forma adecuada, objetiva, transparente y responsable.

Miembros del Equipo Especial

Rosa Barciela, Oficina Meteorológica del Reino Unido (Exeter, Reino Unido)
Emily YY Chan, Facultad de Salud Pública y Atención Primaria Jockey Club (Hong Kong, República Popular China)
David Farrell, Instituto de Meteorología e Hidrología del Caribe (IMHC) (Bridgetown, Barbados)
Yun Gao, Academia China de Ciencias Meteorológicas, Administración Meteorológica de China (Beijing, República Popular China)
Ken Takahashi Guevara, Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI) (Lima, Perú)
Sophie Gumy, Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud, Organización Mundial de la Salud (OMS) (Ginebra, Suiza)
Masahiro Hashizume, Facultad de Medicina, Universidad de Tokio (Tokio, Japón)
Rachel Lowe, Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres (Londres, Reino Unido)
Nick H. Ogden, Agencia de Salud Pública del Canadá (Guelph, Ontario, Canadá)
Judy Omumbo, Academia Africana de Ciencias (Nairobi, Kenya)
Vincent-Henri Peuch, director del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS) y director adjunto del Departamento de Copernicus en el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF)
Xavier Rodó, Instituto de Salud Global Barcelona (ISGlobal) (Barcelona, España)
Paulo Saldiva, Universidad de São Paulo, Facultad de Medicina (FMUSP) (São Paulo, Brasil)
Juli Trtanj, Oficina del Programa Climático de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) (Washington DC, Estados Unidos)
Ben Zaitchik, Universidad Johns Hopkins (Baltimore, Maryland, Estados Unidos)
Tong Zhu, Facultad de Ciencias Ambientales e Ingeniería, Universidad de Beijing (Beijing, República Popular China)

La Organización Meteorológica Mundial es el portavoz autorizado
de las Naciones Unidas sobre el tiempo, el clima y el agua

Acerca de aemetblog

La Agencia Estatal de Meteorología sucedió ya en 2008 a la entonces Dirección General del Instituto Nacional de Meteorología, con más de 150 años de historia. Actualmente está adscrita, según el artículo 4.4 del Real Decreto 864/2018, de 13 de julio, por el que se desarrolla la estructura orgánica básica del Ministerio para la Transición Ecológica, a ese departamento ministerial a través de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. El objeto de AEMET, según el artículo 1.3 del Real Decreto 186/2008, de 8 de febrero por el que se aprueba su Estatuto, es el desarrollo, implantación, y prestación de los servicios meteorológicos de competencia del Estado y el apoyo al ejercicio de otras políticas públicas y actividades privadas, contribuyendo a la seguridad de personas y bienes, y al bienestar y desarrollo sostenible de la sociedad española". Como Servicio Meteorológico Nacional y Autoridad Meteorológica del Estado, el objetivo básico de AEMET es contribuir a la protección de vidas y bienes a través de la adecuada predicción y vigilancia de fenómenos meteorológicos adversos y como soporte a las actividades sociales y económicas en España mediante la prestación de servicios meteorológicos de calidad. Se responsabiliza de la planificación, dirección, desarrollo y coordinación de actividades meteorológicas de cualquier naturaleza en el ámbito estatal, así como la representación de éste en organismos y ámbitos internacionales relacionados con la Meteorología.
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