El 2020 está en camino de ser uno de los tres años más cálidos registrados

Las condiciones climáticas extremas agravan los efectos de la COVID-19

Nota de prensa de la Organización Meteorológica Mundial

Ginebra, 2 de diciembre de 2020 — El cambio climático continuó su implacable marcha durante 2020 y está en camino de ser uno de los tres años más cálidos desde que se iniciaron los registros. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la década de 2011 a 2020 será la más cálida de la que se tiene registro y los seis años más cálidos son los registrados desde 2015.

El calor oceánico ha alcanzado niveles récords. En 2020 una ola de calor afectó en un momento dado más del 80 % del océano mundial, ocasionando amplias repercusiones en los ecosistemas marinos ya amenazados por una mayor acidificación de las aguas debido a la absorción de dióxido de carbono (CO2), según el informe provisional de la OMM sobre el estado del clima mundial en 2020.
El informe, que se basa en las contribuciones de numerosos expertos y organizaciones internacionales, ilustra cómo fenómenos de alto impacto, como el calor extremo, los incendios forestales y las inundaciones, así como una temporada de huracanes en el Atlántico que batió récords, afectaron a millones de personas, agravando las amenazas de la pandemia de COVID-19 a la salud y la seguridad humanas y la estabilidad económica.
De acuerdo con el informe, pese al confinamiento por la COVID-19, las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero continuaron aumentando, condenando al planeta a un mayor calentamiento por muchas generaciones más debido a la larga permanencia del CO2 en la atmósfera.

Diferencia de la temperatura media anual mundial respecto de las condiciones preindustriales (1850-1900). Los dos reanálisis (ERA5 y JRA-55) concuerdan con los de los conjuntos de datos in situ (HadCRUT, NOAAGlobalTemp y GISTEMP) para el período de referencia 1981-2010. Los datos para 2020 abarcan el período de enero a octubre.

«En 2020, la temperatura media mundial será alrededor de 1,2 °C superior a los niveles preindustriales (1850-1900). Hay al menos una probabilidad sobre cinco de que supere temporalmente los 1,5 °C en 2024», dijo el Secretario General de la OMM, profesor Petteri Taalas. «Este año es el quinto aniversario del Acuerdo de París sobre cambio climático. Celebramos todos los compromisos que los gobiernos han contraído recientemente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero ya que actualmente no vamos por buen camino y debemos redoblar nuestros esfuerzos.”
«Los años récords de calor han coincidido generalmente con un fuerte episodio de El Niño, como fue el caso de 2016. Actualmente se está desarrollando un episodio de La Niña, que si bien tiene un efecto de enfriamiento de las temperaturas mundiales, no ha sido suficiente para contrarrestar el calor de este año. Y aunque en la actualidad se dan condiciones propias de La Niña, en este año ya se ha registrado un aumento de las temperaturas casi récord, comparable al récord anterior de 2016», añadió el profesor Taalas.
«Lamentablemente, 2020 ha sido otro año extraordinario para nuestro clima. Se produjeron nuevas temperaturas extremas en la superficie terrestre, en el mar y especialmente en el Ártico. Los incendios forestales destruyeron grandes extensiones en Australia, Siberia, la costa oeste de los Estados Unidos y América del Sur, y los penachos de humo dieron la vuelta al globo. Se registró un número récord de huracanes en el Atlántico, incluida una aparición consecutiva sin precedentes de huracanes de categoría 4 en el mes de noviembre en América Central. Las inundaciones en algunas partes de África y del Asia sudoriental provocaron desplazamientos masivos de población y socavaron la seguridad alimentaria de millones de personas», concluyó.
El informe provisional sobre el estado del clima mundial en 2020 se basa en datos de temperatura que abarcan de enero a octubre, y la versión definitiva se publicará en marzo de 2021. El informe incorpora información procedente de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales, los centros climáticos regionales y mundiales y los asociados de las Naciones Unidas, entre ellos la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).


Temperaturas y calor

Anomalías de temperatura con relación al promedio a largo plazo del período 1981-2010 del reanálisis de ERA5 del ECMWF para enero a octubre de 2020

La temperatura media mundial para el período de enero a octubre de 2020 fue alrededor de 1,2 °C superior al valor de referencia de 1850-1900, que se utiliza como estimación de los niveles preindustriales. Es muy probable que el año 2020 sea uno de los tres años más cálidos de los que se tiene registro a nivel mundial. Los registros modernos de la temperatura comenzaron en 1850.
La evaluación de la OMM se basa en cinco conjuntos de datos de la temperatura mundial (figura 1). Según esos cinco conjuntos de datos, el año 2020 es actualmente el segundo más cálido hasta la fecha, después del 2016 y antes del 2019. Sin embargo, la diferencia entre los tres años más cálidos es pequeña, y la clasificación exacta de cada conjunto de datos podría cambiar una vez que se disponga de datos para todo el año.
Las temperaturas cálidas más notables se dieron en el norte de Asia, en particular en el Ártico siberiano, donde superaron la media en más de 5 °C. Siguieron produciéndose temperaturas cálidas en Siberia hasta el mes de junio, cuando la temperatura alcanzó 38,0 °C en Verkhoyansk el día 20, provisionalmente la más alta registrada en cualquier punto al norte del círculo polar ártico. Esta situación contribuyó a la estación de incendios forestales más activa según un registro de datos de 18 años, sobre la base de una estimación de emisiones de CO2 producidas por los incendios.


Hielo marino

Desde mediados de los años ochenta, el Ártico se ha calentado por lo menos dos veces más rápido que el promedio mundial, consolidando así una tendencia a la reducción de la extensión del hielo marino durante el verano en el Ártico, que tiene repercusiones en el clima de las regiones de latitud media.
Los hielos marinos del Ártico alcanzaron su mínimo anual en septiembre, y es el segundo valor más bajo del registro satelital de 42 años. La extensión de hielo marino del Ártico durante los meses de julio y octubre de 2020 fue la más baja registrada.
En el mar de Laptev la extensión del hielo marino se ha reducido excepcionalmente durante la primavera, el verano y el otoño, y la ruta marítima septentrional estuvo sin hielo o casi sin hielo de julio a octubre de 2020.
La extensión de hielo en la Antártida durante 2020 estuvo cerca o ligeramente por encima de la media de los últimos 42 años.
Groenlandia siguió perdiendo hielo —este año, 152 Gt— peso a hacerlo a un ritmo más lento que en 2019.

Elevación del nivel del mar y calor del océano
El contenido calorífico de 2019 fue el más alto registrado en los conjuntos de datos desde 1960. Hay claros indicios de que se produce una absorción más rápida del calor en las últimas décadas. Los océanos absorben más del 90 % del exceso de energía que se acumula en el sistema climático como resultado del aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero.
En promedio, desde principios de 1993, la tasa media mundial de elevación del nivel del mar basada en la altimetría es de 3,3 ± 0,3 mm/año. La tasa también ha aumentado en ese período. Una mayor pérdida de masa de hielo de las capas de hielo es la principal causa de la aceleración de la elevación del nivel medio del mar a nivel mundial.
En 2020, el nivel medio del mar a escala mundial es similar al de 2019, y coincide con la tendencia a largo plazo. El desarrollo de las condiciones de La Niña ha llevado a un reciente y poco importante descenso del nivel del mar a escala mundial, similar a los descensos temporales asociados con anteriores episodios de La Niña.
De manera análoga a las olas de calor en zonas terrestres, el calor extremo puede afectar la capa cercana a la superficie de los océanos y desencadenar una serie de consecuencias para la vida marina y para las comunidades que dependen de ese medio. La recuperación por satélite de la temperatura de la superficie del mar se utiliza para monitorear las olas de calor marinas, que pueden clasificarse en moderadas, fuertes, severas o extremas. En algún momento de 2020 gran parte del océano se vio afectado por al menos una ola de calor marina «fuerte». En el mar de Laptev se produjo una ola de calor marina extrema de junio a octubre. La extensión del hielo marino se redujo de forma inusual en la región y, en las zonas terrestres adyacentes, se registraron olas de calor durante el verano.

Mapa mundial que muestra la categoría superior de olas de calor marinas registradas en cada píxel a lo largo del año, estimada a partir del conjunto de datos OISST v2 de la NOAA (período de referencia 1982-2011)

La acidificación de los océanos está en aumento. El océano absorbe hasta un 23 % de las emisiones anuales de CO2 de origen antropógeno a la atmósfera, lo que contribuye a mitigar los efectos del cambio climático en el planeta. Los costos ecológicos de este proceso para el océano son altos, ya que el CO2 reacciona con el agua de mar disminuyendo su pH, proceso se conoce como acidificación de los océanos. Hay una disminución del pH medio en los sitios de observación operativos entre 2015 y 2019, el último año para el que se dispone de datos actualmente. Otras varias fuentes, incluidas las mediciones de otras variables, muestran también un aumento constante de la acidificación de los océanos a nivel mundial.


Fenómenos de alto impacto


Crecidas
En África oriental y el Sahel, Asia meridional, China y Viet Nam muchos millones de personas sufrieron graves inundaciones.

En África, el Sudán y Kenya fueron los más afectados, con 285 muertes registradas en Kenya y 155 en el Sudán. El lago Victoria alcanzó niveles récords en mayo, y los ríos Níger y Nilo registraron niveles máximos en Niamey (Níger) y Jartum (Sudán). Las inundaciones también contribuyeron a una invasión de langostas que aún dura.
En Asia meridional, en la India se registró una de las dos estaciones del monzón más húmedas desde 1994, en el Pakistán agosto fue el mes más húmedo desde que se iniciaron los registros, y en toda la región (incluidos Bangladesh, Nepal y Myanmar) se produjeron inundaciones generalizadas.
En China, las persistentes e intensas precipitaciones que cayeron en la cuenca del río Yangtsé durante la estación del monzón también causaron graves inundaciones. Se estimaron pérdidas económicas superiores a los 15 000 millones de dólares de los Estados Unidos y se notificaron por lo menos 279 muertes durante ese período.
En Viet Nam, las fuertes lluvias típicas de la llegada del monzón del noreste se vieron exacerbadas por una sucesión de depresiones y ciclones tropicales, de los cuales ocho tocaron tierra en menos de cinco semanas.

(Izquierda) Precipitación total de enero a septiembre de 2020, expresada como un percentil del período de referencia 1951-2010, donde las zonas marrones reflejan el 20% de los años más secos y las zonas verdes el 20% de los años más húmedos durante el período de referencia. Los tonos más oscuros de marrón y verde indican áreas con precipitaciones en el 10% de los años más secos y más húmedos, respectivamente. (Derecha) Diferencia entre el percentil 95 observado del total de precipitaciones diarias en el período de enero a septiembre de 2020 y la media a largo plazo del período 1982-2016 (año completo). El azul indica precipitaciones diarias más extremas y el marrón condiciones extremadamente secas (Fuente: Centro Mundial de Climatología de las Precipitaciones (GPCC), Servicio Meteorológico de Alemania (DWD)

Calor, sequías e incendios
En 2020, una grave sequía azotó muchas partes del interior de América del Sur, siendo las zonas más afectadas el norte de la Argentina, el Paraguay y las zonas fronterizas occidentales del Brasil. Las pérdidas agrícolas se estimaron en unos 3 000 millones de dólares solo en el Brasil. Se produjeron importantes incendios forestales en la región, los más graves en los humedales del Pantanal, en la zona oeste del Brasil.
En los Estados Unidos, los más grandes incendios registrados se desataron a finales del verano y en otoño. La sequía generalizada y el calor extremo contribuyeron a los incendios, y el período de julio a septiembre fue el más caluroso y seco registrado para el suroeste. El Valle de la Muerte (California) alcanzó 54,4 °C el 16 de agosto, la temperatura más alta de la que se tiene conocimiento en el mundo en al menos los últimos 80 años.

En el Caribe se produjeron importantes olas de calor en abril y septiembre. La temperatura alcanzó 39,7 °C en Veguitas el 12 de abril —un récord nacional para Cuba— y 38,5 °C en La Habana en el día más caluroso.
Australia batió récords de calor a principios de 2020, con las temperaturas más altas observadas en un área metropolitana australiana, en el oeste de Sídney, donde Penrith registró 48,9 °C el 4 de enero.
Una serie de sequías y olas de calor azotaron Europa, aunque en general no fueron tan intensas como las de 2019. En el Mediterráneo oriental, el 4 de septiembre se batieron récords históricos en Jerusalén (42,7 °C) y Eilat (48,9 °C), tras una ola de calor que se produjo a finales de julio en Oriente Medio, registrándose 52,1 °C en el aeropuerto de Kuwait y 51,8 °C en Bagdad.
Ciclones y tormentas tropicales
En 2020 la cantidad de ciclones tropicales a nivel mundial fue superior a la media, con 96 ciclones registrados al 17 de noviembre en la temporada de 2020 en hemisferio norte y la de 2019-2020 en el hemisferio sur.
En la región del Atlántico Norte la temporada fue excepcionalmente activa: al 17 de noviembre se habían producido 30 tormentas tropicales, más del doble del promedio a largo plazo (1981-2010) y se había superado el récord de una temporada completa, establecido en 2005. En fechas en que la temporada normalmente está llegando a su fin, dos huracanes de categoría 4 tocaron tierra en América Central en menos de dos semanas durante el mes de noviembre, provocando inundaciones devastadoras y numerosas víctimas.
El ciclón Amphan, que tocó tierra el 20 de mayo cerca de la frontera entre la India y Bangladesh, fue el ciclón tropical con daños más costos en el océano Índico septentrional desde que se iniciaron los registros; las pérdidas económicas en la India se estimaron en aproximadamente 14 000 millones de dólares. Las evacuaciones en gran escala de las zonas costeras de la India y Bangladesh contribuyeron a reducir el número de víctimas en comparación con las registradas durante los ciclones que impactaron anteriormente la región.
Riesgos e impactos
Durante el primer semestre de 2020 se registraron aproximadamente 10 millones de desplazamientos —en gran parte debidos a peligros y desastres hidrometeorológicos— que se produjeron principalmente en el sur y sudeste de Asia y en el Cuerno de África. En 2020, la pandemia de COVID-19 ha añadido una nueva dimensión a las preocupaciones sobre la movilidad humana.
La pandemia de COVID-19 ha agregado también otra capa de riesgo a las operaciones de evacuación, recuperación y socorro relacionadas con fenómenos de alto impacto. En Filipinas, por ejemplo, aunque se evacuó preventivamente a más de 180 000 personas antes de que pasase el ciclón tropical Vongfong (Ambo) a mediados de mayo, la necesidad de medidas de distanciamiento social obligó a transportar a los residentes en número reducidos y la capacidad de los centros de evacuación debió reducirse a la mitad.
Tras decenios de disminución, la inseguridad alimentaria viene aumentando desde 2014 como consecuencia de conflictos y la desaceleración económica, así como de la variabilidad del clima y los fenómenos meteorológicos extremos. En 2019, casi 690 millones de personas, es decir, el 9 % de la población mundial, estaban subalimentadas y unos 750 millones sufrieron altos niveles de inseguridad alimentaria, según los últimos datos de la FAO. El número de personas clasificadas como personas que viven en condiciones de crisis, emergencia y hambruna aumentó a casi 135 millones de personas en 55 países.

El número de personas subalimentadas en el mundo siguió aumentando en 2019. En la figura, los valores proyectados se ilustran con líneas punteadas y círculos vacíos. El área sombreada representa las proyecciones para el período más largo comprendido entre 2019 y el año límite de 2030. Se revisó toda la serie para reflejar la nueva información disponible desde la publicación de la última edición del informe; sustituye a todas las series publicadas anteriormente (Fuente: FAO)

Según la FAO y el PMA, más de 50 millones de personas se han visto afectadas en dos ocasiones: por desastres relacionados con el clima (inundaciones, sequías y tormentas) y por la pandemia de COVID-19 en 2020. Los países de América Central están sufriendo el triple impacto de los huracanes Eta y Iota, la COVID-19 y las crisis humanitarias preexistentes. Según estimaciones del Gobierno de Honduras, 53 000 hectáreas de tierras de cultivo fueron arrasadas, principalmente cultivos de arroz, frijoles y caña de azúcar.
Los efectos ambientales negativos en la tierra incluyen las sequías, los incendios forestales y las turberas, la degradación de la tierra, las tormentas de arena y polvo, la desertificación y la contaminación atmosférica, con implicaciones de gran alcance para la naturaleza y la vida silvestre. Los efectos en los sistemas marinos son, entre otros, la elevación del nivel del mar, la acidificación y la reducción de los niveles de oxígeno de los océanos, la destrucción de los manglares y la decoloración de los corales.


Lecciones y oportunidades para reforzar la acción climática
Según el Fondo Monetario Internacional, la actual recesión mundial causada por la pandemia de COVID-19 dificulta la promulgación de las políticas necesarias para la mitigación, pero también ofrece oportunidades para llevar a la economía por un camino más verde a fin de impulsar la inversión en infraestructura pública ecológica y resiliente, favoreciendo así el producto interno bruto (PIB) y el empleo durante la fase de recuperación.

Informe provisional completo, en inglés, disponible aquí

Acerca de aemetblog

La Agencia Estatal de Meteorología sucedió ya en 2008 a la entonces Dirección General del Instituto Nacional de Meteorología, con más de 150 años de historia. Actualmente está adscrita, según el artículo 4.4 del Real Decreto 864/2018, de 13 de julio, por el que se desarrolla la estructura orgánica básica del Ministerio para la Transición Ecológica, a ese departamento ministerial a través de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. El objeto de AEMET, según el artículo 1.3 del Real Decreto 186/2008, de 8 de febrero por el que se aprueba su Estatuto, es el desarrollo, implantación, y prestación de los servicios meteorológicos de competencia del Estado y el apoyo al ejercicio de otras políticas públicas y actividades privadas, contribuyendo a la seguridad de personas y bienes, y al bienestar y desarrollo sostenible de la sociedad española". Como Servicio Meteorológico Nacional y Autoridad Meteorológica del Estado, el objetivo básico de AEMET es contribuir a la protección de vidas y bienes a través de la adecuada predicción y vigilancia de fenómenos meteorológicos adversos y como soporte a las actividades sociales y económicas en España mediante la prestación de servicios meteorológicos de calidad. Se responsabiliza de la planificación, dirección, desarrollo y coordinación de actividades meteorológicas de cualquier naturaleza en el ámbito estatal, así como la representación de éste en organismos y ámbitos internacionales relacionados con la Meteorología.
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