CLIMATOLOGÍA DE LAS LLUVIAS DE BARRO EN ESPAÑA

Por Luis Mª Bañón Peregrín. AEMET DT Región de Murcia

1Las lluvias de barro en España son precipitaciones acompañadas de aerosoles, partículas microscópicas que entran en la atmósfera, que proceden del desierto del Sahara. Estos aerosoles minerales son capaces de viajar miles de kilómetros, pudiendo ser detectados en lugares tan lejanos de su origen como el norte de Europa o el Amazonas. Este tipo de lluvias aparecen cuando las gotas de agua arrastran a su paso los aerosoles minerales presentes en niveles medios y bajos de la troposfera.

Los efectos más inmediatos de las lluvias de barro son pequeños depósitos de barro en tonos ocres o marrones que quedan sobre las superficies al evaporarse el agua. En una sociedad en creciente vulnerabilidad, son cada vez más los sectores de la sociedad que ven alterada su actividad por la presencia de las lluvias de barro.

En 2016, la Delegación Territorial de AEMET en la Región de Murcia recibió, de una compañía de seguros agrarios, la petición de los valores medios anuales de episodios de lluvias de barro con los que valorar el precio de los seguros ante este tipo de eventos. Como resultado, la Delegación montó un operativo para la observación sistemática de las lluvias de barro. Los episodios registrados en los siguientes dos años sirvieron para calibrar un método con el que elaborar una climatología de lluvias de barro en España.

El método combinó los datos diarios de precipitación, observada en 54 estaciones de AEMET entre 2003 y 2017, con las estimaciones de presencia de aerosoles minerales durante esos años en las ubicaciones de esas estaciones (por los reanálisis del modelo MACC del ECMWF, entre los años 2003 y 2012, y por los análisis del CAMS, entre 2013 y 2017). La decisión de presencia, o no, de aerosoles minerales se tomó en base al máximo diario de la variable espesor óptico de aerosoles a 550 nanómetros, EOA550, que es una medida de los aerosoles contenidos en una columna de aire, y que expresa la pérdida de radiación, en este caso en la longitud de onda de 500 nanómetros, por la absorción o la dispersión.

El método supuso que aquellos días en los que se observó precipitación y se estimó presencia de aerosoles minerales en la atmósfera, pudieron ser de barro, poniendo restricciones tanto a la cantidad de precipitación como al valor del EOA550. Por un lado, cuando las precipitaciones son abundantes tienden a limpiar la atmósfera de aerosoles por recolección de estas y por coagulación con las gotas, según Andronache, 2004, siendo alta la eficiencia de recolección de las gotas en el caso de los aerosoles minerales, según Chate et al. 2005. El 90 % de los días de lluvia de barro observados durante los dos primeros años de la campaña de observación en el observatorio de Murcia, ocurrieron con precipitaciones diarias inferiores a 1 milímetro. Consecuentemente, y para evitar sobreestimaciones en el número de días de lluvia de barro, la climatología se restringió a aquellos en que la precipitación acumulada diaria fuese inferior a unos 5 mm. Por otro lado, para que el aspecto de las lluvias sea realmente de barro, el contenido de aerosoles minerales en la atmósfera debe ser lo suficientemente elevado. Para decidir el umbral óptimo exigible al EOA550, se probaron diferentes valores, elaborándose tablas de contingencia que enfrentaban los episodios realmente observados, con los días de lluvia en los que el EOA550 superó diferentes umbrales. El umbral de EOA550 de 0.5 fue el que mejor combinó un bajo sesgo con un alto valor del índice de habilidad de Pierce, que representa la diferencia entre la probabilidad de detección y las falsas alarmas.

La Fig. 1. muestra el número medio al año de días de lluvia de barro estimadas, en el período 2003 a 2017, tanto para la España peninsular, Baleares y Melilla.

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La climatología revela que la estación con mayor número de días al año con lluvias de barro es la de Menorca, con 14 días, donde se combinan de forma óptima la elevada frecuencia de las precipitaciones con la de altos valores de aerosoles. La estación de Melilla, más cercana a las fuentes de aerosoles minerales del norte del Sahara, y sobrevolada más frecuentemente por aerosoles,  muestra sin embargo un número medio de 12 días al año, inferior al de Menorca, al ser menos frecuentes las precipitaciones. La estación peninsular con mayor frecuencia de lluvias de barro es la de Murcia, con 10 días, contrastando con la cercana estación de Almería, con tan solo la mitad de lluvias de barro, 5 días. En comparación con Almería, la frecuencia de las lluvias de barro es ligeramente más elevada en el sureste de la comunidad de Castilla-La Mancha, en el suroeste andaluz, así como en las comunidades valenciana y catalana, con valores entre 6 y 8 días. Las estaciones de Navarra, País Vasco y Cantabria muestran valores de 7 días que, sin ser muy elevados, contrastan con los 3 a 5 días de las comunidades circundantes, posiblemente por la mayor frecuencia de lluvias. En el resto de zonas, las lluvias de barro parecen ser menos frecuentes, siendo especialmente raras en zonas del noroeste peninsular, con 2 días al año.

La distribución mostrada en la Fig. 1 es compatible con los desplazamientos característicos de las masas de aire saharianas en la zona delantera de borrascas al oeste y sur peninsular, frecuentemente en forma de depresiones aisladas en niveles altos, DANAs. Como ejemplo, en la Fig. 2 se muestra la situación del 5 de mayo de 2017.

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La Fig. 3 muestra el número medio de días al año de lluvias de barro estimadas en las islas Canarias, con valores entre 2 y 3 días. Aunque en Canarias son frecuentes y muy intensas las invasiones de aerosoles minerales, son también muy escasas las situaciones que vienen acompañadas por precipitación.

La evolución temporal del número medio al año de días de lluvia de barro estimadas se muestra en la Fig. 4, tanto para el conjunto de la España peninsular, Baleares y Melilla, como para las islas Canarias, no detectándose una tendencia significativa.

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Fig. 4. Evolución de número medio de días de lluvia de barro al año en el conjunto de la España peninsular, Baleares y Melilla, así como en Canarias. Período 2003-2017. Elaboración propia a partir de información proporcionada por AEMET y ECMWF.

En el promedio de la España peninsular, Baleares y Melilla, el período con mayor número de días al año de lluvia de barro abarca de marzo a junio, siendo mayo el mes más frecuente, y presentándose un segundo período durante el verano, de junio a septiembre, Fig. 5. De octubre a febrero, las frecuencias son claramente inferiores. En Canarias, el máximo se observa en agosto y septiembre, con un segundo período frecuente entre enero y febrero.

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Para más información, puede acceder a un breve artículo sobre el tema en esta dirección: https://repositorio.aemet.es/handle/20.500.11765/9951

Agradecimientos. Este trabajo no hubiera sido posible sin la estimable colaboración de dos alumnos del Grado de Físicas de la Universidad de Murcia, Irene Pardo Cantos y Álvaro Sánchez Fonseca, cuyas prácticas en la Delegación Territorial de Aemet en la Región de Murcia fueron determinantes en la obtención de resultados. Igual de estimable fue la implicación del personal de la Delegación, que, desde un principio, formó equipo para desplegar el operativo de observación, destacando el trabajo de los Observadores meteorológicos que, en 2020, habrán completado cuatro años de observaciones de lluvia de barro.

 

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La Agencia Estatal de Meteorología sucedió ya en 2008 a la entonces Dirección General del Instituto Nacional de Meteorología, con más de 150 años de historia. Actualmente está adscrita, según el artículo 4.4 del Real Decreto 864/2018, de 13 de julio, por el que se desarrolla la estructura orgánica básica del Ministerio para la Transición Ecológica, a ese departamento ministerial a través de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. El objeto de AEMET, según el artículo 1.3 del Real Decreto 186/2008, de 8 de febrero por el que se aprueba su Estatuto, es el desarrollo, implantación, y prestación de los servicios meteorológicos de competencia del Estado y el apoyo al ejercicio de otras políticas públicas y actividades privadas, contribuyendo a la seguridad de personas y bienes, y al bienestar y desarrollo sostenible de la sociedad española". Como Servicio Meteorológico Nacional y Autoridad Meteorológica del Estado, el objetivo básico de AEMET es contribuir a la protección de vidas y bienes a través de la adecuada predicción y vigilancia de fenómenos meteorológicos adversos y como soporte a las actividades sociales y económicas en España mediante la prestación de servicios meteorológicos de calidad. Se responsabiliza de la planificación, dirección, desarrollo y coordinación de actividades meteorológicas de cualquier naturaleza en el ámbito estatal, así como la representación de éste en organismos y ámbitos internacionales relacionados con la Meteorología.
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