La meteorología en el Museo del Prado. V. Las Nubes. Tercera parte

Por Manuel Antonio Mora García. Meteorólogo del Estado. Delegación Territorial de AEMET en Castilla y León.

 

Los artistas desarrollan a lo largo de sus vidas un estilo propio que permite identificar sus obras. Grandes maestros de la pintura como El Greco o Goya representan de forma singular las nubes de desarrollo vertical, que sirven como telón de fondo de sus paisajes.

          En esta obra de El Greco vemos a San Juan Bautista y San Juan Evangelista con su iconografía habitual. San Juan Bautista bendice un cáliz con un dragoncillo, en referencia al intento de envenenamiento que sufrió. En el paisaje se identifica una edificación que podría ser el monasterio de El Escorial, y sobre el horizonte, la tonalidad oscura se puede interpretar como precipitación procedente de las nubes de desarrollo vertical, en este caso cumulonimbos, que parecen adaptarse al contorno de San Juan Bautista. Como describe Camón Aznar, las nubes presentan un “vertical aborrascamiento”.


El museo del Prado dispone de una gran colección de obras de Goya, en las que podemos ver gran variedad de cúmulos y cumulonimbos en distintos estados de desarrollo, nubes de evolución diurna típicas de primavera que acompañan sus escenas costumbristas madrileñas.

En esta obra vemos una escena lúdica campestre, en la que varios “majos” se divierten volando una cometa. Al fondo se observa una gran nube cumulonimbo. La gran distancia a la que se encuentra la nube del observador y el obstáculo que supone el árbol en primer plano, impide apreciar todos los detalles, pero bien podría ser un Cumulunimbus capillatus incus velum, que se caracterizan por tener una estructura fibrosa superior (especie capillatus) y un yunque superior (característica suplementaria incus). Estos aspectos en realidad no se visualizan, pero en consonancia con sus grandes dimensiones horizontales y su gran altura aparente, la nube en su desarrollo vertical probablemente haya alcanzado la tropopausa (formándose un yunque muy probablemente con estructura fibrosa). La parte superior prominente se puede identificar como un “overshooting”, nombre técnico utilizado para designar la parte superior de un cumulonimbo que por la inercia de las fuertes corrientes ascendentes es capaz de atravesar la tapadera invisible de la tropopausa. La nube accesoria velum se encuentra delante del “overshooting” del cumulonimbo, extendiéndose a sotavento (izquierda del cuadro) por efecto de la cizalladura del viento. El vuelo de la cometa indica la existencia de viento en niveles bajos, tal vez debido al aire que alimenta a la tormenta en niveles bajos, o bien procedente de la propia tormenta (downburst o frente de racha). Esta última corriente se produce al evaporarse la precipitación y enfriarse el aire, de forma que una vez alcanza el suelo el aire se expande en todas las direcciones como una corriente de aire frío (quizás por ello el caballero que aparece debajo de la cometa se emboza con la capa).

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La cometa. Francisco de Goya y Lucientes. 1777 – 1778. Óleo sobre lienzo, 269 x 285 cm.

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Cumulonimbus capillatus incus velum. © Petr Hykš. WMO International Cloud Atlas

 Existe otra especie de cumulonimbos, el Cumulunimbus calvus, que se distingue del anterior por la ausencia de estructura fibrosa en la parte superior y por tener en general menor desarrollo vertical. Tampoco presenta forma de yunque, su aspecto superior es redondeado.

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Cumulonimbus calvus y Cumulus congestus. © Jüri Kamenik. WMO International Cloud Atlas.

Este tipo de nube, constituida por gotitas de agua y cristalitos de hielo adquiere un color blanco brillante al reflejar la luz solar, como se aprecia en esta obra de Goya.

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Un garrochista. Francisco de Goya y Lucientes. Hacia 1795. Óleo sobre lienzo sin forrar, 57 x 47 cm.

Los cúmulos y cumulonimbos están presente en muchas obras de Goya, en esta observamos una nube cumulonimbo al fondo, mientras en la parte superior se observa una nube baja desgarrada grisácea, probablemente la base de un cumulonimbo.

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 La novillada. Francisco de Goya y Lucientes.1780. Óleo sobre lienzo, 259 x 136 cm.

A partir del siglo XVI surgen grandes paisajistas además de los ya citados en anteriores capítulos. Podemos apreciar cúmulos y estratocúmulos, así como otro tipo de nubes, en decenas de cuadros de autores internacionales reconocidos que posee el Museo del Prado. Entre ellos podríamos destacar por la calidad y abundancia de obras a Valckenborch, Dughet, Vos, Swanevelt, Poussin, Lorena, Both, Boudewinjs, Snayers, Lione, Teniers, Wouwerman, Giaquinto, Vanvitelli, o los españoles Francisco Collantes, Aguirre, Martínez del Mazo, Carlos de Haes, Muñoz Degraín, Jiménez Fernández, Rico y Ortega o  Beruete entre otros.

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 Paisaje con gitanos. David Teniers.1641 – 1645. Óleo sobre lienzo, 177 x 239 cm.

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Paisaje con pastores. Cornelis Gerritsz Decker. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 49 x 63 cm.

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 Paisaje con pastor. Gaspard Dughet. 1644 – 1645. Óleo sobre lienzo, 73 x 96 cm.

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Un león y tres lobos. Paul de Vos. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 158 x 195 cm.

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La plaza de la aldea. Pieter Bout.1678. Óleo sobre tabla, 27 x 43 cm.

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Paisaje con ruinas. Nicolas Poussin.1642. Óleo sobre lienzo, 72 x 98 cm.

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Paisaje. Godaert Kamper. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 57 x 69 cm.

Los artistas suelen inspirarse en otras obras, incluso llegando a copiar total o parcialmente el cuadro en cuestión.  También es habitual repetir o adaptar elementos propios o ajenos ya representados, como pueden ser las nubes. Podemos ver un ejemplo al comparar estas dos obras, una de Jacques D’Arthois y otra de autor desconocido, donde los parecidos son muy evidentes, entre ellos las nubes de tipo cumuliforme.

 

Los cúmulos y estratocúmulos son nubes que se forman con frecuencia en el mar. En las marinas, paisajes marítimos o escenas navales se observan este tipo de nubes.

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Playa con pescadores. Adam Willaerts.1627. Óleo sobre lienzo, 83 x 125 cm.

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Un puerto de mar. Jan Peeters. Hacia 1640. Óleo sobre lámina de cobre, 70 x 86 cm.

           

A lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX continua el género paisajista, el Museo Nacional del Prado también dispone de un gran número de obras con nubes cumuliformes de esta época, algunas de las cuales mostramos a continuación.

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La dama del quitasol. Ginés Andrés de Aguirre. Siglo XVIII. Óleo sobre lienzo, 280 x 363 cm.

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Paisaje de montaña. Carlos de Haes. Hacia 1872. Óleo sobre papel pegado en lienzo, 18 x 26 cm.

En las siguientes obras podemos apreciar varios Cumulunimbus calvus, que en la obra de Aldana se organizan como tormenta multicelular de izquierda a derecha (células convectivas en distintos estados de desarrollo adyacentes)

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Preludio de tormenta (Las avanzadas). Enrique Galwey García. Hacia 1917. Óleo sobre lienzo, 110 x 161 cm.

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Paisaje. Francisco de Paula Aldana Montes. Hacia 1924. Óleo sobre lienzo, 73 x 111 cm.

Finalizamos este capítulo con una obra de Patinir, mezcla de fantasía y realidad. En la gran nube cumulonimbo representada, al margen de las extrañas criaturas fantásticas volantes, se aprecian descargas eléctricas y las nubes bajas y oscuras asociadas al cumulonimbo nos recuerdan una wall cloud” o “nube muro”, indicativa de tiempo severo y cuyo nombre técnico como característica suplementaria es murus, incluso si suponemos que se trata de una supercélula, también podríamos considerar la nube aneja flumen que se forma como resultado del flujo dirigido hacia el interior de la tormenta.

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Las tentaciones de San Antonio Abad. Jochim Patinir. 1520 – 1524. Óleo sobre tabla, 155 x 173 cm.

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Detalle de la nubosidad.

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Cumulonimbus praecipitatio murus flumen. © Eric Van Lochem. WMO International Cloud Atlas.

También apreciamos una “nube muro” en esta obra del siglo XX de Ubaldo Fuentes.

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Patria y fe. Ubaldo Fuentes y Redondo. 1901. Óleo sobre lienzo, 180 x 271 cm.

En la próxima entrega continuaremos con el análisis de las nubes bajas.

La meteorología en el Museo del Prado. V. Las Nubes. Cuarta parte

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