Si el cielo está «empedrado», ¿estará pronto el suelo mojado?

Por Rubén del Campo Hernández. Técnico de meteorología de Aemet.

Nota: este artículo se publicó en la web “Tagoror Meteorológico de Canarias” el 18 de abril de 2018

Todos hemos escuchado en alguna ocasión el refrán «cielo empedrado, a los tres días suelo mojado», o alguna de sus variantes, como «borreguitos en el cielo, charquitos en el suelo». Ambos refranes hacen referencia a la presencia en el cielo de determinados tipos de nubes como anunciadores de lluvias a corto plazo. Hay otro dicho, específico de Canarias, que se refiere a la misma circunstancia: «Cuando el Teide tiene toca, cabrero guarda tu ropa»

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Cielo empedradro sobre Santa Cruz de Tenerife

Cabe preguntarse si estas pequeñas píldoras de sabiduría popular están en lo cierto, y si puede predecirse el tiempo que nos espera a corto plazo observando las nubes. La respuesta es afirmativa: la presencia de un determinado tipo de nubosidad en el cielo no es casual, sino que responde a unas condiciones atmosféricas concretas. A modo de ejemplo, cuando se forma el típico «mar de nubes» en el norte de las Islas Canarias más montañosas, podemos deducir con alta seguridad que en las capas bajas de la atmósfera soplan vientos alisios que aportan humedad a las laderas a barlovento y que en capas más altas existe una poderosa inversión térmica. Ambos factores dan lugar a ese manto de nubes (estratocúmulos) que puede alcanzan decenas de kilómetros de extensión.

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Mar de nubes en el norte de Tenerife

Pues bien, cuando una borrasca se acerca a Canarias en los meses de invierno se produce una sustitución de la masa de aire subtropical que suele encontrarse en nuestro entorno por otra cuyo origen se encuentra centenares o miles de kilómetros al norte. Se dice que es una masa de aire polar, y sus características son muy diferentes en cuanto a temperatura y humedad. Entre ambas masas de aire se constituye una frontera denominada «frente frío», que separa ambas masas de aire.

Cuando se aproximan los sistemas frontales asociados a la borrasca, no se notan sus efectos en todos los niveles de la atmósfera simultáneamente: en primer lugar se ven afectadas las capas altas, para posteriormente hacerse patentes los efectos en niveles inferiores. Esto es importante, porque cuando un frente se aproxima aparece una secuencia de nubes más o menos típica que comienza con la presencia de nubes altas, muy finas, formadas por cristalitos de hielo (cirros, cirrocúmulos o cirroestratos) que van dando paso a nubosidad más compacta, situada a niveles más bajos y formadas por gotitas de agua: los altocúmulos.

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Secuencia de nubes asociadas a sistemas frontales. Fuente: “Meteorology Today”, C. Donald Ahrens, 2003 Thomson-Brooks. Obtenido del Meteoglosario visual de Aemet.

Precisamente los altocúmulos son los famosos «borreguitos». Son capas de nubes formadas por pequeñas unidades en forma de losetas, masas redondeadas, rodillos, etc que generalmente están distribuidos con regularidad en el cielo. La imaginación popular ha dado en llamar «borreguitos» a este tipo de nubes quizás porque recuerdan a la lana de un borrego; también pueden llegar a parecer el firme de una calle adoquinada, de ahí que se hable también de «cielo empedrado»

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Capa de altocúmulos sobre el Teide

Después de los altocúmulos llegan nubes mucho más extensas tanto horizontal como verticalmente: son los altoestratos, velo nuboso de color gris que le da al cielo un aspecto plomizo y que puede ir engrosándose hasta convertirse en Nimbostratus o nimboestratos, nubes muy densas y con gran contenido hídrico que produce precipitaciones en forma de nieve o de lluvia generalmente de carácter moderado, pero que pueden ser persistentes. También existe la posibilidad de que se generen, durante el paso del frente frío o posteriormente, nubes de desarrollo vertical (cúmulos o cumulonimbos) de los que se producen precipitaciones en forma de chubascos: precipitaciones que comienzan y terminan de manera más o menos repentina.

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Cortinas de precipitación en las cumbres de Tenerife

El «sombrero» o «toca» del Teide, que habitualmente se clasifica como un altocúmulo lenticular, se genera cuando en las cumbres de Tenerife soplan vientos intensos y la humedad es alta. En ese caso, el relieve ondula el flujo y se forma la nube lenticular al remontarlo, dando lugar a imágenes muy hermosas. Al igual que en el caso de los «borreguitos», el viento y la humedad que participan junto con el relieve en su formación, se hacen patentes primero en niveles altos de la atmósfera.

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“Sombrero” en el Teide

En resumen: los borreguitos o el sombrero del Teide (altocúmulos) forman parte de una secuencia de distintos tipos de nubes que van apareciendo en el cielo cuando se acerca una borrasca con sus frentes asociados, y por tanto son indicadores de la llegada de un cambio de tiempo. Evidentemente, no siempre ocurre así: no podemos asegurar al 100% que cuando aparecen altocúmulos en pocas horas o días vaya a llover, pues es posible que el sistema frontal se disipe antes de alcanzar la zona de observación, o siga otra trayectoria, o simplemente que la presencia de esa nubosidad de tipo medio obedezca a otras circunstancias atmosféricas. Pero hay parte de verdad, como hemos visto, y así ha quedado reflejado en los refranes creados por personas que pasaban muchas horas y muchos días de su vida a merced de la temperie y para los que era muy importante conocer las señales de la naturaleza, no solo las de la atmósfera.

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