CUANDO LA METEOROLOGÍA ES UN ACTOR MÁS

Por Luisa Hurtado González

Agencia Estatal de Meteorología

RESUMEN: En el cine, por lo general, los fenómenos meteorológicos forman parte del decorado sobre el que el cual se desarrolla la trama; sin embargo hay ocasiones, como ocurre en la vida, en que dichos meteoros se erigen en protagonistas, reclaman toda la atención y llegan a determinar lo que ocurre en la pantalla, trascendiendo con creces el papel de telón de fondo para convertirse en un actor más en la película.

En esta colaboración se pasará revista a algunos de los films en los que esto ocurre, películas muy conocidas, clásicos en su mayoría, aportando información sobre sus argumentos sin olvidar algunas curiosidades que acontecieron durante los rodajes.

El tiempo atmosférico y el clima son un telón de fondo sobre el que se desarrollan día a día todas las actividades humanas; sin embargo, hay ocasiones en las que dichos fenómenos meteorológicos exigen toda la atención, determinan y afectan al desarrollo de las vidas de los seres vivos en general y se convierten en protagonistas. Y en el cine, como en la vida, viene a ocurrir lo mismo.

En las películas de miedo es fácil que en algún momento se produzca una tormenta, mejor si es de noche y está acompañada de un buen número de rayos y relámpagos o de una espesa lluvia; del mismo modo que, si la acción se desarrolla en alta mar, hay que esperar un temporal suficientemente fuerte como para poner al barco y a su tripulación en serios problemas. En este tipo de films los fenómenos meteorológicos que aparecen en la gran pantalla tienen una justificación narrativa, apoyan y ayudan a la trama, aportan el ambiente que se necesita.

Sin embargo hay ocasiones, como también ocurre en la realidad, en que las condiciones meteorológicas tienen un papel especialmente importante en la historia y hasta podrían merecerse un Óscar.

ÓSCAR AL CALOR

El calor, la sensación que se tiene al estar en un ambiente caliente, es algo subjetivo que depende de muchos factores.

En la mayor parte de los países y aunque dicha sensación depende mucho de la estación del año, de forma general, se afirma que hace calor cuando la temperatura supera los 26 °C; mientras que se habla de ola de calor si las temperaturas diurnas son mayores a los 32 °C, al tiempo que las nocturnas no bajan de los 23°, cifras con las que se ha comprobado que algunas personas, o determinados colectivos, pueden llegar a tener problemas.

Por otra parte y hablando de la sensación térmica, es preciso recordar que esta depende de la humedad del ambiente; de forma que, a más humedad, más calor se siente.

Dicho esto el calor, o incluso el bochorno, están presentes en no pocas películas, siendo absolutamente obligatorios en aquellas en las que la acción transcurre en el desierto; este sería el caso de Lawrence de Arabia (David Lean, 1962), película galardonada con siete Óscar y considerada una de las mejores películas de la historia; la mucho más modesta El extranjero (Luchino Visconti, 1967), ambientada en Argelia; o El vuelo del Fénix, en la que un avión de carga se ve obligado a aterrizar en el desierto del Sahara debido a una tormenta de arena (Robert Aldrich, 1966; John Moore, 2004), lo que obligará a los viajeros a construir un aeroplano si no quieren morir. Sin olvidar el desierto americano, en el que han de situarse westerns como Centauros del desierto (John Ford, 1956), uno de los imprescindibles; Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964), protagonizado por Clint Eastwood y con el que se sentaron las bases de un nuevo género llamado spaguetti western; o Giro al infierno (Oliver Stone, 1997), película que, a pesar del buen elenco (Sean PennJennifer LopezNick Nolte) y de su excelente director, fue nominada para los premios Razzie o anti-Óscar.

Fotograma de Por un puñado de dólares

Telefilmes a los que habría que añadir aquellos en los que, a veces e incluso ya desde el título, se establece una relación entre el calor y el erotismo, como es el caso de Fuego en el cuerpo (Lawrence Kasdan, 1981), película de cine negro en la que los crímenes pasionales están acompañados de una muy clara sensación de calor y bochorno; o Labios ardientes (Dennis Hopper, 1990), otro tórrido thriller con el que el director demuestra su habilidad para crear atmósfera; o también La tentación vive arriba (Billy Wilder, 1955), película que trae a la memoria, de forma inevitable, a Marilyn Monroe intentando refrescarse con las rejas de ventilación del metro neoyorkino o afirmando, de la forma más natural e ingenua, que su ropa interior está en el frigorífico.

Famosa escena de La tentación vive arriba convertida en estatua

Famosa escena de La tentación vive arriba convertida en estatua

De entre los muchos ejemplos de películas en los que el calor está patente de una manera clara, quizás puedan destacarse los siguientes:

Un día de furia (Joel Schumacher, 1993): en Los Ángeles, durante una jornada especialmente agobiante a causa del calor y del colapso del tráfico, Bill Foster (Michael Douglas), un ciudadano normal, se rebela de manera violenta y destructiva contra todo lo que lo rodea, con la única intención de regresar a casa.

4.Tranvia

Fotograma de Un tranvía llamado deseo

Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951): Blanche (Vivien Leigh), mujer madura y decadente, se ve obligada a ir a vivir a Nueva Orleáns con su hermana Stella y su cuñado Stanley (Marlon Brando), un hombre rudo y violento.Los dos mundos completamente distintos en un espacio pequeño, el escabroso pasado de Blanche y la pesada atmósfera a causa del calor harán el resto. Película que, llevada en múltiples ocasiones al teatro y basada en una novela de Tennessee Williams, obtuvo cuatro Óscar y se considera un clásico.

5.Hitchcock

Alfred Hitchcock

 

La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954): un reportero fotográfico (James Stewart) se ve obligado a permanecer en casa por una pierna escayolada. Afortunadamente es verano y puede entretenerse observando la vida de los vecinos de enfrente los que, a causa del calor, mantienen las ventanas abiertas.

 

 

Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957): los doce miembros de un jurado deben juzgar a un adolescente acusado de asesinato, todos están convencidos de su culpabilidad menos uno y no podrán salir de la sala hasta que se pongan de acuerdo en un veredicto. Se trata de una película intensa y asfixiante, en la que los personajes sudan de forma visible, ambientada en el día más caluroso del año en el que además, para empeorar las cosas, llueve.

La caza (Carlos Saura, 1966): tres amigos se van de caza. Todos ellos están pasando por momentos difíciles y, durante la jornada, el calor, las cuentas pendientes y las intenciones ocultas enrarecerán el ambiente de forma intolerable. La película, un clásico imprescindible del cine español, se rodó en agosto y los actores y miembros del equipo sufrieron en sus propias carnes el calor insoportable que se ve en pantalla; de modo que, aunque todo sucede al aire libre, la aridez y el calor dotan al film de un clima absolutamente claustrofóbico e irrespirable.

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Fotograma de La caza

La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974): película precursora del cine de terror, un clásico en este género y film de culto; narra la historia de cinco amigos que verán cómo una calurosa tarde de verano se puede convertir en una pesadilla si se le da a una sierra eléctrica uno de los papeles protagonistas. Puesto que se disponía de muy poco presupuesto para rodarla, se aprovecharon los meses de verano para hacerlo, tal y como Saura hizo con La caza, con lo que se aseguró una media de 40°; un calor insoportable al que habría que añadir la falta de especialistas para determinadas escenas, las rencillas entre los miembros del equipo y las jornadas agotadoras de hasta 12 horas, si bien hubo alguna que se alargó algo más y llegó hasta las 27.

ÓSCAR A LA LLUVIA

La lluvia, ese fenómeno atmosférico que se inicia cuando el vapor de agua contenido en la atmósfera se condensa, aparte de poder provocar en la vida real y en el cine no pocas inundaciones y momentos dramáticos, llegó a convertirse incluso en el compañero de baile de Gene Kelly como este demostró en su día.

En Cantando bajo la lluvia (Stanley Donen y Gene Kelly, 1952) se cuenta la historia de la estrella del cine mudo, a quien ha costado mucho llegar a la cima, y el modo en que su vida se verá afectada tanto por la llegada del amor como del cine sonoro. Todo el mundo conoce la escena de dicha película en la que Gene Kelly baila bajo la lluvia, pudiendo incluso tararear la música que la acompaña sin mayores problemas. Pues bien y hablando de ella, puede resultar curioso saber que no estaba en el guion original, que en ella Kelly estaba bailando con 39 grados de fiebre, que se rodó utilizando varias cámaras hábilmente dispuestas y a lo largo de dos o tres días y no como algunos dicen en una sola toma, y que la lluvia era simple y llanamente lluvia, no una mezcla de agua y leche como llegó a afirmarse, visible gracias a un hábil uso del contraluz.

Otra película en la que la lluvia tuvo un papel digno de mención, es el thriller Seven (David Fincher, 1995), en el que el teniente Somerset (Morgan Freeman) del departamento de homicidios está a punto de jubilarse y va a ser reemplazado por el detective David Mills (Brad Pitt) pero que, antes de que dicho relevo se produzca, se verán obligados a trabajar juntos para intentar detener la serie de asesinatos relacionados con los siete pecados capitales. Para esta película, que en su momento fue un éxito y causó un gran impacto, que también cuenta en el reparto con Gwyneth Paltrow y Kevin Spacey y en la que no quiso participar Sylvester Stallone en el papel de David Mills (decisión de la que posteriormente se arrepentiría), el director quería una ciudad “sucia, violenta, contaminada y a menudo deprimente”, en la que “todo se está cayendo a pedazos y nada está funcionando adecuadamente”; objetivo que alcanzó sobradamente, por un lado, alterando la cantidad de brillo y, por otro, haciendo que lloviera siempre. Efectivamente en este film, que se rodó en Los Ángeles, la lluvia está presente en todos los planos, lo que hace que este meteoro se erija en un protagonista más, un protagonista mudo, opresivo y oscuro que, en cambio, no aparece en la escena final, escena que se desarrolla en el ambiente seco de un desierto y que algunos consideran un error garrafal.

 ÓSCAR AL FRÍO Y A LA NIEVE

Al igual que el calor, el frío también está presente en muchas películas. Además y teniendo en cuenta que, al disminuir la temperatura, el vapor de agua contenido en la atmósfera puede llegar a congelarse, implica que no pocas veces ese frío está acompañado de nieve, esos pequeños cristales de hielo que, adoptando llamativas formas geométricas, acaban precipitando y llegando a la superficie agrupados en copos.

Se pueden encontrar muchísimas películas en las que abundan el frío y la nieve y, como con el calor, bastará que la historia que se cuenta se desarrolle en un lugar en que dichos elementos meteorológicos caractericen el clima.

Por este motivo, porque las siguientes películas están ambientadas en Rusia, el frío y la nieve aparecen en: Stalingrado (tanto en la dirigida por Joseph Vilsmaier en 1993, como en la de Fedor Bondarchuk de 2013); en Los hermanos Karamazov (Richard Brooks, 1958); en Guerra y Paz (King Vidor, 1956); en Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975), película que se desarrolla en la taiga siberiana; o en Doctor Zhivago (David Lean, 1965); entre muchas otras.

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Imagen típica de la taiga siberiana que sirve de telón de fondo a no pocas películas

Otro tanto ocurre con las películas cuya acción ha de situarse en Alaska, este sería el caso del film de Disney Colmillo Blanco (Randal Kleiser, 1991), o El tren del infierno (Andrei Konchalovsky, 1985), en que tres personas atrapadas en un tren sin frenos recorren este estado americano. Así como con los films ambientados en el polo norte o en el sur, como son Scott en la Antártida (Charles Frend, 1948), Estación polar Cebra (John Sturges, 1968), o La cosa (John Carpenter, 1982), obra maestra del género de terror.

Los ejemplos, como puede comprobarse, son muchos pero hay algunos que se han ganado un lugar en la memoria de los amantes del séptimo arte; este podría ser el caso de los siguientes títulos:

El resplandor (Stanley Kubrick, 1980): Jack Torrance (Jack Nicholson) se traslada con su mujer y su hijo a un hotel dispuesto a encargarse de su mantenimiento y a escribir durante los meses en los que este permanecerá aislado por la nieve. Sin embargo, muy pronto, comienzan a producirse extraños fenómenos paranormales y Jack a padecer trastornos de personalidad. En la vida real, el dueño del hotel en el que se rodó la película solicitó que el número real que tenía la habitación que iba a estar embrujada, el 217, fuese cambiado por otro, por el que se ve en el film, el 237, temiendo que por culpa del film nunca nadie quisiera hospedarse en ella.

Las aventuras de Jeremiah Johnson (Sydney Pollack, 1972) transcurre en las Montañas Rocosas, accidente geográfico que se encuentra en la parte occidental de Canadá y Estados Unidos, y en ella el frío, la nieve y el paisaje comparten planos con el soldado Jeremías Johnson, interpretado por Robert Redford.

El renacido (Alejandro González Iñárritu, 2015), historia de supervivencia que transcurre poco más o menos en la misma zona que la película anterior y que para muchos no es más que un Jeremiah Johnson del siglo XXI.

Fargo (Joel Cohen, 1996), película de culto, ganadora de dos Óscar, a medio camino del thriller y de la comedia negra, en la que la nieve es un protagonista más, junto al frío, la avaricia y la estupidez, elementos sobre los que destaca la policía sensata y embarazada, sencilla y tranquila, que no duda en hacerse cargo de un caso con tres brutales asesinatos, que parecen exceder con mucho la vida del pequeño pueblo nevado en el que nunca ocurre nada.

Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1993): Phil (Bill Murray), hombre del tiempo de una cadena de televisión, ha de cubrir la información del festival del Día de la Marmota; sin embargo, al intentar salir del pueblo, se verá atrapado, en primer lugar, por una terrible nevada y, en segundo lugar, por el tiempo lo que le obligará a vivir una y otra vez el mismo día.

Cumbres borrascosas (William Wyler, 1939), película que se inicia con una tormenta de nieve en un rocoso páramo inglés y razón por la que un extranjero perdido acabe pidiendo ayuda en una lúgubre mansión habitada por un hombre torturado que ha perdido el deseo de vivir y que, mientras ruge la tormenta, le contará su triste historia.

La tormenta de hielo (Ang Lee, 1997), película en la que, a causa de una lluvia engelante (nieve que se funde en su caída y vuelve a congelarse antes de llegar al suelo), queda al descubierto la descomposición de algunas familias en las que, aparentemente, se estaba viviendo la liberación sexual que, en 1973, pudiera haber llegado a los barrios residenciales del estado de Connecticut.

Títulos que han de completarse con dos más, uno un clásico y otro de culto, en los que también hay nieve, pero con los que queda patente cómo distintos directores abordan de formas completamente opuestas la necesaria presencia del mismo elemento meteorológico en sus películas:

Qué bello es vivir (Frank Capra, 1946), clásico del cine que todas las televisiones tienden a programar en fechas navideñas, ya que transcurre en esos días, y en el que evidentemente nieva, pero en el que la nieve es falsa, al menos en esa escena en la que Bailey (James Stewart) entra en la casa caldeada con un buen fuego, después de haber sido sorprendido por una intensa nevada, pero en la que los copos que hay sobre su gabardina y su pelo no llegan a derretirse nunca.

Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015), película en la que ocho personas, entre las que hay, entre otros, un cazarrecompensas, una fugitiva, un mayor del ejército o un renegado sureño, se ven obligadas a permanecer en una parada para diligencias mientras una ventisca (un temporal de viento y nieve) los rodea; película que Tarantino decidió rodar a la temperatura de un temporal de nieve, razón por la que todos, tanto el equipo técnico como el reparto, trabajaron en un set refrigerado.

 

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James Stewart

Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015), película en la que ocho personas, entre las que hay, entre otros, un cazarrecompensas, una fugitiva, un mayor del ejército o un renegado sureño, se ven obligadas a permanecer en una parada para diligencias mientras una ventisca (un temporal de viento y nieve) los rodea; película que Tarantino decidió rodar a la temperatura de un temporal de nieve, razón por la que todos, tanto el equipo técnico como el reparto, trabajaron en un set refrigerado.

ÓSCAR A LA TORMENTA

Una tormenta es un fenómeno meteorológico caracterizado por la coexistencia de dos o más masas de aire de diferentes temperaturas, lo que desemboca en una inestabilidad caracterizada por lluvias, vientos, relámpagos, truenos y rayos, y hasta ocasionalmente granizo; elementos que hacen de este meteoro un buen recurso a utilizar en las películas de suspense o de miedo, ya que poco puede ser mejor para acompañar este tipo de tramas que esa oscuridad que de vez en cuando un relámpago ilumina, esas cortinas de lluvia que pueden hacer que los protagonistas resbalen o dejen huellas, o el sonoro ruido de un trueno que ahoga los gritos desesperados o, quizás, una petición de ayuda.

Sin embargo, hay films en los que las tormentas parecen ser algo más, llegan a secuestrar a los personajes y a darles o quitarles la vida.

Así ocurre en Cayo Largo (John Huston, 1948), película en la que se narra la violenta estancia de un grupo de gánsteres retenidos en un hotel a causa de una fuerte tormenta, lo que les llevará a tomar como rehenes a Nora Temple (Lauren Bacall), la dueña del hotel, a su suegro inválido y al veterano de guerra Frank McCloud (Humphrey Bogart); film que empieza mientras la tormenta los retiene a todos y cuyo final solo llega cuando se abre una ventana entre las nubes dejando paso a los rayos de sol.

 

12.Frankenstein

Primer plano del monstruo de Frankenstein

Mientras que en El doctor Frankenstein (James Whale, 1931), película cuyo argumento es sobradamente conocido por todos, solo una tormenta (y el aparato eléctrico que la acompaña) es capaz de proporcionar la fuerza vital que animará al monstruo construido a partir de cadáveres, historia llevada al cine un innumerable número de veces y de las más variadas formas, incluida la sátira (El jovencito Frankenstein, Mel Brooks, 1974), y que también está presente en el cine español de la mano de Gonzalo Suárez, con Remando al viento (1987).

 

 

Y del mismo modo que solo una tormenta puede dar inicio a una historia, hay algunas que son las únicas dueñas del final, incluso desde el título; tal es el caso de La tormenta perfecta (Wolfgang Petersen, 2000), en la que el Andrea Gail, un barco de pesca capitaneado por Billy Tyne (George Clooney), buscando un golpe de suerte, se interna en el Flemish Cap, un lugar más allá de las zonas frecuentadas por los pescadores, justo cuando se aproxima la tormenta más aterradora.

Como se ha visto en los ejemplos anteriores, los fenómenos meteorológicos en las películas pueden aportar dramatismo a la trama, o protagonizarla por completo, o también convertirse en los peores compañeros de reparto. Tal es el caso de La pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004), en la que el actor que representaba a Jesucristo (James Caviezel), aparte de sufrir neumonía, una infección en el pulmón, otra en la piel, hipotermia, severos dolores de cabeza y dislocarse un hombro, acabó experimentando el impacto de un rayo en sus propias carnes, afortunadamente sin mayores consecuencias.

  ÓSCAR A LA TEMPESTAD TROPICAL

Por tormenta o tempestad tropical se ha de entender un sistema tormentoso caracterizado por una circulación cerrada alrededor de un centro de baja presión, que produce fuertes vientos y abundante lluvia en las regiones tropicales del planeta; este sistema puede desembocar o no en un ciclón y tiene una intensidad menor a este.

En cuanto a los ciclones, estos reciben diferentes nombres en función del lugar en el que se producen. Así, se llaman huracanes si se sitúan en el Atlántico norte y el mar del Caribe, ciclones o ciclones tropicales si se localizan en el océano Índico y la bahía de Bengala, tifones cuando se dan en el Pacífico norte y el mar de China, aparte de otros curiosos nombres locales que reciben en otras partes del mundo.

En el film Huracán sobre la isla (John Ford, 1937), la acción transcurre en Manikoora, una de las islas de los mares del Sur azotada por los tifones pero en la que sin embargo hace años que no se sufre ninguno y en la que existe una leyenda local que afirma que, cuando la tiranía rebasa ciertos límites, los pájaros abandonan la isla y el mar ruge enfurecido. En esta película, durante las dos primeras partes de la misma, se presentan los personajes y las situaciones, la historia de amor de los protagonistas enfrentados al despotismo de un gobernador débil; pero es la tercera parte en la que los elementos de la naturaleza, el huracán, dominan por completo la acción y los que en definitiva acaban vengándose del tirano por todo el daño ejercido.

El film es antiguo, los efectos especiales artesanos y de otra época; sin embargo, aparte de haber ganado un Óscar al mejor sonido, a día de hoy está considerada como una película pionera y precursora de muchas de las producciones catastrofistas que se filmarían cuarenta años después como son Terremoto o El coloso en llamas.

 

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Imagen de un tornado

 

ÓSCAR AL TORNADO

Un tornado es una masa de aire de alta velocidad angular, cuyo extremo inferior está en contacto con la Tierra mientras que el superior lo está con una nube de tipo Cumulonimbus (nube amazacotada y densa, con un considerable desarrollo vertical en forma de montaña o de enormes torres). Si bien el diámetro de un tornado es menor al de un ciclón tropical, este fenómeno meteorológico, de poca extensión y de corta duración, se considera el fenómeno atmosférico ciclónico de mayor densidad energética de la Tierra. Además los tornados presentan un inconveniente más: se desplazan con rapidez y de forma errática, al tiempo que en su seno el viento puede llegar a superar los 400 km/h causando todo tipo de daños y destrozos.

Por todo ello, el cine no ha podido resistirse a la tentación de convertirlos en protagonistas.

Un tornado especialmente famoso es el que aparece al inicio de El Mago de Oz (Victor Fleming, 1939), ya que solo él logrará que Dorothy (Judy Garland) acabe en ese fantástico lugar en el que hay brujas buenas y malas, un espantapájaros que habla, un león cobarde y un hombre de hojalata, entre otros muchos seres extraños.

Como también son protagonistas los tornados en Twister (Jan de Bont, 1996), film en el que dos grupos de científicos, estudiosos de su comportamiento, compiten por conseguir resultados. En Estados Unidos, en donde está ambientada esta película, los tornados son un fenómeno meteorológico muy a tener en cuenta entre mayo y junio, en una amplia zona llamada Tornado Alley (es decir, el corredor de los tornados) que abarca los estados de Texas, Oklahoma, Kansas y Nebraska. Allí, en los Estados Unidos y, como se ve en la película, los cazatormentas efectivamente existen, algunos bastante famosos, y han protagonizado una serie para televisión en cuya filmación tres de ellos perdieron la vida. En Twister, la película, aparte de ver cómo los científicos pretenden introducir dispositivos en los tornados para estudiarlos, algo que sí han hecho, estos bautizan con el nombre de Dorothy a uno de estos aparatos en un claro guiño a la protagonista de El mago de Oz, film que se mencionó anteriormente. No obstante, con independencia de este detalle y de lo bien documentada que en general la película está, también es posible mencionar algunos errores como son:

— la categoría de un tornado se basa en la devastación que produce, es decir, nunca se conoce su fuerza antes de haber pasado, como se sugiere en el film;

— en la película hay un tornado nocturno lo que, si bien no es imposible, es bastante raro dado que es la energía del Sol quien alimenta el movimiento en este violento meteoro;

— se observan varios errores en relación con los refugios utilizados por los protagonistas: un puente, un hangar, un coche o incluso un simple cinturón, lugares que en realidad sería aconsejable evitar ya que en ellos se encajona el aire o simplemente saltan por los aires sin mayor problema; y es que, si en la película se ve cómo una vaca o un camión salen volando (cosa que sí puede ocurrir), ¿por qué los protagonistas creen que su coche seguirá pegado al suelo?; y

— un tornado levanta y convierte en proyectiles todo tipo de objetos, lo que implica que la mayoría de las muertes que produce se deban al impacto de escombros; sin embargo, en Twister estos rasguños son mínimos y parecen resolverse con facilidad con una simple ducha.

ÓSCAR HONORÍFICOS

Hasta el momento se ha hablado de elementos meteorológicos que afectaban a la trama de la película y a sus protagonistas en áreas y en periodos de tiempo concretos; sin embargo, como se sabe, la meteorología tiene un carácter global que el séptimo arte no ha tardado en incorporar a algunas películas recientes.

Se estaría hablando, por ejemplo, del cambio climático, de la modificación de los patrones meteorológicos durante un periodo de tiempo prolongado, variación que puede deberse a muy diversos factores, como son la radiación solar recibida, la tectónica de placas, las erupciones volcánicas y ciertas actividades humanas.

Una de esas películas que hablan de estos cambios meteorológicos a nivel planetario es El día de mañana (Roland Emmerich, 2004), en la que se desencadena un repentino y catastrófico cambio climático en la Tierra como consecuencia de la fusión del hielo polar, lo que implica que se modifiquen las corrientes marinas y con ello el clima en el mundo; es decir, lo que vendría a ser el inicio de la segunda Edad de Hielo en la Tierra de un día para otro.

También el problema del cambio climático aparece como telón de fondo en el film Rompenieves (Bong Joon-ho, 2013), si bien en él el planeta sufre las consecuencias de un experimento fallido que se realizó precisamente para resolver ese problema, lo que ha provocado que los únicos supervivientes del planeta helado vivan en un tren, el Rompenieves, el cual ha de estar en movimiento continuo, lo que permitirá al guionista olvidarse del frío exterior para dibujar un mundo dividido en dos clases sociales en el que no tardará en producirse una revolución social.

Sin embargo, afortunadamente, no siempre en el cine el hombre es el responsable de todas las catástrofes meteorológicas a nivel planetario; también cabe la posibilidad de que la fecha para el fin del mundo ya esté prevista y se encuentre sin mayores problemas en el calendario maya, almanaque en el que se mezclan los ciclos solar y lunar junto con “el calendario sagrado y la cuenta de los señores de la noche de 9 días”, entre otras extrañas cuentas; circunstancia que el director Roland Emmerich aprovecha para mostrar en 2012 un mundo en el que campan a sus anchas todo tipo de catástrofes naturales, erupciones y terremotos, sin olvidar las meteorológicas como son los tifones y los glaciares.

Mucho menos famosas y conocidas, y más delirantes y alejadas aún de la realidad, podrían ser las siguientes películas:

Los vengadores (Jeremiah Chechik, 1998), en la que los agentes secretos británicos John Steed (Ralph Fiennes) y Emma Peel (Uma Thurman) tienen la misión de acabar con los maléficos planes de sir August de Wynter (Sean Connery), un antiguo miembro del Ministerio que controla el clima; llegando a enfrentarse a un enjambre de abejas mecánicas y a un clon de la propia Uma para acabar descubriendo una sociedad secreta cuyos miembros se visten como ositos de peluche. Película que, a pesar de los buenos actores y una vez conocido el argumento, no es extraño que forme parte de la lista de las peores películas de la historia.

Guerras meteorológicas (Todor Chapkanov, 2011), en la que los hijos de un experto climatólogo se dan cuenta de que su padre está implicado en las muertes de algunos de sus enemigos, los cuales han fallecido a consecuencia de accidentes relacionados con el mal tiempo.

Tormenta (Harris Done, 1999), en la que el ejército acaba contratando a un profesor de meteorología con la intención de lograr controlar y manipular las tormentas, pudiendo llegar a provocarlas en función de los intereses de cada gobierno.

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