Un artículo de Benito Fuentes, meteorólogo de Aemet.
Los récords de temperatura pueden parecer, a primera vista, un fenómeno puramente anecdótico: en cierto momento se alcanza un valor que nunca antes se había registrado. Sin embargo, cuando se analizan miles de puntos del planeta y se observa su evolución durante más de un siglo, los récords adquieren un significado mucho más profundo.
El objetivo de este análisis es estudiar los récords de temperatura desde 1850 y comprobar si su comportamiento es compatible con el que cabría esperar de una simple variabilidad natural del clima. Como se verá, los récords presentan varios rasgos que no encajan con ese comportamiento. Al contrario, los resultados son coherentes con un planeta sometido a un calentamiento global sostenido.
El IPCC, en su Sexto Informe de Evaluación, señala que el calentamiento global provoca un aumento de los récords de temperaturas cálidas y hace que estos sean cada vez más frecuentes. Los récords fríos, por el contrario, no desaparecen por completo, pero se vuelven progresivamente menos numerosos y menos frecuentes.
Esto es precisamente lo que se viene observando cuando se analizan las series de récords de temperatura. El informe sobre el estado del clima de España 2025 señala que “entre 2016 y 2025 los récords de días cálidos fueron 32 veces más frecuentes que los de días fríos: 221 récords de días cálidos frente a 7 de días fríos. El valor esperable teórico hubieran sido 51 récords de cada tipo en ese período, por lo que los récords de días cálidos fueron cuatro veces más frecuentes de lo esperable en la última década, mientras que los de días fríos fueron casi ocho veces menos frecuentes que el valor teórico.”
Este artículo analiza cuatro características de los récords de temperatura que permiten distinguir el comportamiento actual del clima de lo que cabría esperar en un clima dominado únicamente por la variabilidad natural:
- La fecha en la que se producen los récords absolutos.
- La evolución temporal del número de récords.
- La diferencia entre récords cálidos y récords fríos y su distribución geográfica y latitudinal.
- El desplazamiento y la transformación de la distribución de las temperaturas a lo largo del tiempo.
Para realizar el estudio se han utilizado los datos de Berkeley Earth, tomando las temperaturas medias mensuales desde enero de 1850 hasta diciembre de 2025. Se trata de datos abiertos disponibles públicamente en la página web de Berkeley Earth. Por tanto, no se analizan récords diarios ni récords de temperatura máxima o mínima diaria, sino récords de temperatura media mensual: su evolución temporal, su distribución espacial y su número.
(Para una descripción detallada del procedimiento utilizado para calcular los récords, pueden consultarse los dos anexos al final del artículo.)
1. La fecha de los récords absolutos
Probablemente, uno de los rasgos más característicos de un mundo en calentamiento sea cuándo se produce el récord absoluto de temperatura. Para verlo, se ha analizado cada punto del planeta y buscado, a lo largo de toda la serie, el mes en el que se alcanzó la temperatura media mensual más alta y el mes en el que se alcanzó la más baja.
En un mundo dominado exclusivamente por la variabilidad natural, no existe ninguna razón para que los récords absolutos se concentren preferentemente al principio o al final de la serie. A largo plazo, sus fechas deberían distribuirse aproximadamente de forma aleatoria. En cambio, en un mundo que se está calentando de manera sostenida, cabe esperar exactamente lo contrario: los récords cálidos deberían concentrarse en las fechas más recientes, mientras que los récords fríos deberían ser más frecuentes en las fechas más antiguas.
Y eso es precisamente lo que se observa. En la figura 1 se muestra cómo se distribuirían las fechas de los récords absolutos en un mundo dominado por la variabilidad natural. A primera vista podría parecer que, en ese caso, las fechas deberían distribuirse de manera completamente aleatoria. Sin embargo, existe un matiz importante: el clima de un punto del planeta no es independiente del de sus vecinos. A lo largo del Holoceno, los cambios naturales de temperatura no se han producido de manera uniforme y simultánea en todo el planeta. Los diferentes episodios de calentamiento y enfriamiento han tenido un marcado carácter regional. Mientras algunas regiones se calentaban, otras podían estar enfriándose, y viceversa. Por ello, en un clima dominado por la variabilidad natural, los puntos situados dentro de una misma región tenderían a presentar fechas de récord relativamente similares, mientras que existirían diferencias importantes entre unas regiones y otras.
El comportamiento real observado desde 1850 es muy diferente. El calentamiento registrado durante este periodo tiene una característica que resulta especialmente reveladora: se produce de manera prácticamente simultánea a escala planetaria. Como consecuencia, los récords máximos absolutos se concentran extraordinariamente en las décadas más recientes y, en la inmensa mayoría de los puntos del planeta, se han producido durante el siglo XXI. La distribución espacial y temporal de estos récords no se parece a lo que se esperaría de un clima dominado exclusivamente por la variabilidad natural. Es, en cambio, la huella característica de un sistema climático sometido a un calentamiento sostenido.
2. La distribución temporal de los récords
El análisis de la evolución temporal del número de récords proporciona un resultado todavía más evidente. El número de récords cálidos aumenta con el tiempo y supera ampliamente lo que cabría esperar por simple variabilidad natural. Los récords fríos, por el contrario, disminuyen y se sitúan muy por debajo de ese valor esperado.
El resultado mostrado en la figura 3 es relativamente sencillo de interpretar. La línea negra representa el número global de récords teóricos que se esperarían obtener cada año si el clima estuviera dominado por una variabilidad natural. Las barras rojas y azules representan, respectivamente, el número de récords cálidos y fríos registrados cada año. El comportamiento de ambos es claramente diferente. Los récords fríos no desaparecen por completo, pero su número disminuye progresivamente y termina situándose muy por debajo del valor esperado. Los récords cálidos presentan el comportamiento contrario. Su número es muy superior al esperado y, además, aumenta a medida que transcurren las décadas.
Este resultado es especialmente importante porque no depende de un único récord excepcional ni de una región concreta. Refleja el comportamiento conjunto de miles de puntos del planeta durante más de 175 años. Es un comportamiento coherente con un escenario de calentamiento global sostenido e incompatible con un clima cuya evolución estuviera determinada únicamente por la variabilidad natural.
3. Récords cálidos frente a récords fríos
También cabe preguntarse dónde se producen los récords y, sobre todo, si su número es el que esperaría encontrarse en ausencia de una tendencia climática. Las figuras 4 y 5 representan la relación entre los récords observados y los récords esperados. El cálculo es sencillo: para cada punto del planeta se suman todos los récords registrados entre 1950 y 2025 y se comparan con el número de récords que, teóricamente, cabría esperar durante ese mismo periodo.
En un mundo dominado por la variabilidad natural, el número de récords cálidos y fríos debería ser, en promedio, similar. Por tanto, la relación entre récords observados y esperados debería encontrarse aproximadamente alrededor de 1, es decir, del 100 %. Pero esto no es lo que se observa.
El número de récords cálidos es muy superior al esperado en la inmensa mayoría del planeta. En amplias zonas, la relación supera el 600 %. Esto significa que, por cada récord cálido que esperaría encontrarse en un clima dominado por la variabilidad natural, se han registrado más de seis. Existe, sin embargo, una región que llama especialmente la atención: el Atlántico Norte situado al sur de Groenlandia, donde aparecen valores anormalmente bajos. Este resultado es interesante porque constituye una señal indirecta del comportamiento particular de esta región, que ha mostrado un enfriamiento progresivo durante las últimas décadas. Este comportamiento está relacionado con el debilitamiento de la AMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation).
Por su parte, el comportamiento de los récords fríos es prácticamente opuesto. En la inmensa mayoría del planeta, el número de récords fríos registrados desde 1950 es inferior al que cabría esperar en un mundo dominado por la variabilidad natural. El resultado es especialmente llamativo en algunas regiones donde no se ha registrado ningún récord frío posterior a 1950. Estas áreas aparecen representadas en blanco en la figura 5. Esta asimetría entre récords cálidos y fríos constituye una de las señales más claras de que la distribución de temperaturas está siendo desplazada hacia valores cada vez más altos.
¿Qué ocurre según la latitud?
También puede analizarse la relación entre récords observados y esperados en función de la latitud. En un mundo dominado por la variabilidad natural, se espera que esta relación sea, en promedio, próxima a 1 en todas las latitudes. Pero el comportamiento observado vuelve a mostrar una marcada asimetría.
La curva azul representa la fracción de récords fríos observados respecto a los esperados. En la mayoría de las latitudes, esta fracción es inferior a 1: se producen menos récords fríos de los que cabría esperar. La curva roja representa la fracción de récords cálidos. En buena parte de las latitudes, sus valores son superiores a 3. Es decir, se producen más de tres veces los récords cálidos que cabría encontrar en un clima dominado por la variabilidad natural.
Hay, no obstante, un resultado que puede resultar inicialmente sorprendente: los valores son relativamente bajos en las latitudes medias y polares del hemisferio norte. Esto puede parecer contradictorio, ya que precisamente estas regiones son las que están experimentando las mayores velocidades de calentamiento del planeta. Sin embargo, ambas cosas no son incompatibles y, de hecho, este resultado es similar al encontrado por Benestad et al. (2023). La aparente contradicción puede entenderse mejor al pensar en los récords como si fueran los pasos que da una persona. Una persona puede recorrer una distancia caminando lentamente y dando muchos pasos cortos. También puede recorrerla rápidamente dando pocos pasos, pero mucho más largos.
Con los récords ocurre algo parecido. En las regiones intertropicales, donde la temperatura presenta una evolución más lenta y sostenida, pueden producirse muchos récords, pero cada uno de ellos supone un incremento relativamente pequeño respecto al anterior. Son muchos pasos, pero pequeños. En las latitudes medias y polares, en cambio, el calentamiento puede ser mucho más rápido. En este caso, la temperatura puede recorrer una distancia mayor en menos tiempo y, por tanto, producir menos récords, pero con saltos mucho mayores entre ellos. El número de récords no mide directamente la velocidad de calentamiento, pues también depende de cómo se produce ese calentamiento y de la variabilidad que acompaña a la tendencia.
4. El desacoplamiento climático
Hasta ahora se han tratado récords individuales, pero ahora se van a considerar todas las temperaturas simultáneamente. Al tomar todas las temperaturas medias mensuales registradas entre 1850 y 1900, se obtiene una distribución que presenta la conocida forma de campana o distribución gaussiana. Se puede considerar este periodo como una referencia aproximada del estado climático previo al intenso calentamiento global observado posteriormente.
¿Qué ocurriría si el clima estuviera dominado únicamente por la variabilidad natural? Si se agrupan las temperaturas en periodos sucesivos de diez años, cada una de las distribuciones debería conservar aproximadamente esa forma de campana (líneas blancas de la figura 7). La media podría desplazarse ligeramente hacia un lado u otro como consecuencia de la variabilidad natural, y la anchura de la distribución podría cambiar algo, pero no se esperaría una transformación sistemática y progresiva. La parte izquierda de la figura muestra precisamente este comportamiento teórico simulado para un mundo dominado por la variabilidad natural. Los cambios son relativamente pequeños y se producen fundamentalmente alrededor de un valor medio.
Sin embargo, en un mundo sometido a un calentamiento global sostenido, las sucesivas distribuciones de temperatura se desplazan progresivamente hacia la derecha, es decir, hacia temperaturas medias cada vez más altas. La consecuencia es evidente: la temperatura media del planeta aumenta a medida que avanzan las décadas. Además las distribuciones no sólo se desplazan hacia valores más altos, sino que también se observa un progresivo ensanchamiento de las curvas. Esto significa que aumenta su varianza: la distribución de temperaturas se hace más amplia y, por tanto, aumenta también la frecuencia de los valores situados en sus extremos. Dicho de una manera más sencilla: el clima no sólo se está calentando, sino que también está aumentando la frecuencia de las temperaturas extremas. A escala global, el comportamiento actual de las temperaturas medias mensuales ya no puede explicarse por la variabilidad natural por sí sola.
Anexo I: método de cálculo
Sea una serie de datos de temperatura para la que se desea calcular sus récords máximos. Para simplificar la explicación, se supondrá un dato por año. El primer dato de la serie constituye necesariamente un récord, ya que en ese momento es el valor máximo de una serie formada por un único elemento. Bajo la hipótesis de que los valores son independientes, la probabilidad de que el segundo dato sea mayor que el primero es de 1/2 (50%). Para el tercer año, la probabilidad de que su valor sea el mayor de los tres –y, por tanto, establezca un nuevo récord- es de 1/3. De forma general, la probabilidad de que el dato correspondiente al año N establezca un nuevo récord es 1/N. Si para un determinado año no se dispone de datos, ese año no se tiene en cuenta y la numeración continúa únicamente con los años que contienen información. El procedimiento es análogo para el cálculo de los récords fríos, sustituyendo el valor máximo por el mínimo.
Al trabajar con medias mensuales, cada punto dispone potencialmente de 12 datos por año. En este caso, los récords se calculan de forma independiente para cada mes. Por ejemplo, los valores de todos los eneros se comparan entre sí para determinar los récords de enero; los de febrero se comparan entre sí para determinar los récords de febrero, y así sucesivamente para los doce meses del año. Por tanto, el número de récords que se esperan en el año N es igual 12/N. Este resultado se aplica a cada punto. Dado que la base de datos de Berkeley Earth utilizada en este estudio contiene 720 × 1440 puntos, el número total de récords esperados en el año N = 100 sería superior a 120 000 (véase el Anexo II).
A la hora de analizar la fracción entre los récords observados y los esperados (figuras 3, 5 y 6), es conveniente excluir los primeros años de la serie. Durante este periodo inicial, tanto el número de récords observados como el esperado es elevado por una razón puramente estadística: al disponer de muy pocos elementos en la serie, es relativamente fácil que un nuevo dato supere todos los anteriores. Por este motivo, la fracción entre récords observados y esperados se mantiene próxima a 1, independientemente de la evolución climática.
En este estudio se analiza dicha fracción a partir de 1950. Para una serie que comienza en 1850, 1950 corresponde a N = 101. En ese momento, la probabilidad de que un determinado mes establezca un nuevo récord es ya inferior al 1 %. Por tanto, los récords que se producen a partir de este momento son mucho menos frecuentes por razones puramente estadísticas y su frecuencia puede estar más estrechamente relacionada con cambios en el comportamiento climático.
Anexo II: consideraciones sobre latitudes polares
Lo explicado en el último párrafo del anexo anterior es especialmente relevante en las latitudes polares. En estas regiones, los primeros datos de temperatura disponibles comienzan generalmente en la primera mitad del siglo XX y, en algunos casos, no aparecen hasta la década de 1950. Esta menor disponibilidad de datos tiene dos consecuencias principales.
1. Los récords absolutos cálido y frío pueden aparecer en fechas relativamente recientes. La fecha del récord absoluto mostrada en la figura 2 no depende únicamente de la evolución de la temperatura, también está condicionada por el momento en que comienza a disponerse de observaciones. Si una serie comienza en 1950, por ejemplo, resulta imposible que el récord absoluto de ese punto corresponda a una fecha anterior.
2. El cómputo de récords comienza en el primer año con datos disponibles. El número de orden N no se establece necesariamente a partir de 1850, sino a partir del primer año en que existe información válida para cada punto y cada mes. Por ejemplo, si un punto dispone de datos desde 1950, ese año corresponde a N = 1, 1951 a N = 2, y así sucesivamente. Como consecuencia, los puntos con series más cortas presentan durante sus primeros años un mayor número de récords por razones puramente estadísticas. Esto hace que, en esas regiones, la fracción entre récords observados y esperados pueda mantenerse más próxima a 1, incluso cuando el comportamiento climático sea diferente del observado en regiones con series más largas. Por tanto, las diferencias entre latitudes deben interpretarse teniendo en cuenta también la distinta longitud y disponibilidad temporal de las series.
Por otra parte, Berkeley Earth proporciona los datos sobre una rejilla regular de latitud y longitud. En este tipo de rejilla, las celdas no tienen todas la misma superficie: una celda de 0,25° × 0,25° es mucho mayor cerca del ecuador que cerca de los polos. Por ello, una suma directa de los récords de todas las celdas otorgaría un peso excesivo a las regiones de altas latitudes. Para obtener una estimación global espacialmente representativa, es necesario ponderar cada celda en función de su superficie. En una rejilla regular de latitud y longitud, esta ponderación es proporcional al coseno de la latitud. De este modo, las celdas próximas al ecuador, que representan una superficie mayor, reciben un peso mayor que las celdas situadas cerca de los polos.
Referencias
- Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). (2026). Informe sobre el estado del clima de España 2025. Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Madrid
- Benestad, R. E., Lussana, C., y Dobler, A. (2024). Global record-breaking recurrence rates indicate more widespread and intense surface air temperature and precipitation extremes. Science Advances, 10(45), eado3712. https://doi.org/10.1126/sciadv.ado3712
- Berkeley Earth. (2026). High-Resolution Gridded Temperature Data, 0.25° × 0.25°. Berkeley Earth.
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