Un artículo de Carlos Cano-Barbacil, investigador postdoctoral en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y Javier Cano Sánchez, observador de meteorología retirado y veterano naturalista, a partir de observaciones fenológicas propias.
Endemismo ibérico, con algunas poblaciones en el sureste de Francia, la rana verde común (Pelophylax perezi) se encuentra ampliamente distribuida por la Comunidad de Madrid (Caballero-Díaz et. al. 2024), allí donde existen charcas, pilones y arroyos, con agua durante la mayor parte del año, y ríos (figura 1). Hacia el sur de la región, en un ambiente semiárido como el de la localidad de Colmenar de Oreja, donde se lleva a cabo un seguimiento de la especie desde 2012, presenta poblaciones más escasas y muy localizadas.

Durante el invierno meteorológico de 2025-2026 se sucedieron trece borrascas de gran impacto, que dejaron cielos muy nubosos o cubiertos, con precipitaciones abundantes y extendidas, y vientos fuertes. Pese a todo, el mes de diciembre de 2025 se caracterizó como cálido y húmedo en el sur de la Comunidad de Madrid, enero de 2026 como normal y muy húmedo, y febrero como cálido y extremadamente húmedo (AEMET 2026). Con estas condiciones atmosféricas, los primeros ejemplares de rana verde común se observaron el 23 de febrero, cuando el promedio de la fecha en que despiertan del letargo invernal es el 18 de marzo (figura 2, datos propios inéditos). La anterior fecha más temprana se registró el 2 de marzo en el año 2019.

A lo largo de estos catorce años de estudio se ha comprobado que las ranas verdes comienzan a salir del estanque cuando la temperatura del agua alcanza el umbral de los 10 °C (con el bulbo del termómetro colocado a una profundidad de 33 cm). Sumergidas, pasan todo el invierno respirando el oxígeno que hay disuelto en el agua a través de su piel. Con un adelanto de 23 días registrado este invierno, con respecto a la fecha normal, se pone de manifiesto que el calentamiento global de la atmósfera afecta también a la biodiversidad y sus ecosistemas (IPCC 2023). En este caso, el efecto más notable fue el aumento de la temperatura del agua del estanque donde hibernaban (figura 3), ya que hasta ahora no se había alcanzado los 12,4 °C observados para un mes de febrero, ni tampoco los 15,0 °C a los que se llegó el 28, al final del mes, unas temperaturas inusualmente elevadas que indujeron su temprana salida al exterior.

Por lo tanto, el incremento de la temperatura del agua debida a inviernos atemperados, con menos heladas y de menor intensidad (Cano-Barbacil y Cano 2024), puede provocar que el periodo de hibernación de esta especie se acorte, si la tendencia que se observa hasta ahora continúa con el mismo patrón de adelantamiento.
Referencias
Caballero-Díaz, C., Marínez-Solano, I., Sánchez-Montes, G., Ayllón López, E., Álvarez López, A., Bautista Muñoz, R. (2024). Anfibios de la Comunidad de Madrid. Identificación, distribución y conservación. Asociación Herpetológica Española. Madrid.
Cano-Barbacil, C. y Cano Sánchez, J. (2024). La disminución del tiempo que dura la hibernación en la lagartija verdosa (Podarcis virescens) está directamente relacionada con la reducción del periodo con heladas en el centro peninsular. En: Tiempo y Clima nº 84; abril 2024: pp. 44-45.
Departamento de Producción del Área de Climatología y Aplicaciones Operativas (2026). Resumen estacional climatológico invierno 2025-2026. Agencia Estatal de Meteorología.
IPCC (2023): Summary for Policymakers. In: Climate Change 2023: Synthesis Report. Contribution of Working Groups I, II and III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Core Writing Team, H. Lee and J. Romero (eds.)]. IPCC, Geneva, Switzerland, pp. 1-34, doi: 10.59327/IPCC/AR6-9789291691647.001