Artículo elaborado por Meteoclimática, iniciativa del CREAF
A nivel mundial, las montañas solo ocupan el 27% de la superficie terrestre, pero su importancia es descomunal. Al recibir mucha más precipitación que las tierras bajas, actúan como enormes depósitos naturales: almacenan hasta el 70% del agua dulce del planeta y desempeñan un papel clave en el ciclo hidrológico. La nieve y el hielo acumulados durante los meses fríos se liberan poco a poco con el deshielo, alimentando ríos, acuíferos y ecosistemas enteros en las zonas circundantes.
Ese equilibrio, sin embargo, está empezando a romperse. En España, las montañas ya se han identificado como una de las regiones del mundo donde el manto nivoso responde con mayor rapidez al calentamiento global, incluso en escenarios de bajas emisiones. El aumento de las temperaturas provoca que las precipitaciones en forma de nieve sean cada vez menos frecuentes y que, en muchos casos, pasen directamente a ser lluvia. Como consecuencia, en las próximas décadas las nevadas serán más cortas, menos intensas y más irregulares.
Una de las señales más visibles de este cambio es el desplazamiento del calendario de la nieve. Las proyecciones indican que la primera gran nevada del año —esa capa superior a los 30 centímetros que marca el inicio real del invierno en las zonas de alta montaña— se retrasará de forma progresiva. En algunos lugares, podría no producirse hasta alrededor del 25 de diciembre, coincidiendo simbólicamente con Navidad.
Hoy, 11 de diciembre, Día Internacional de las Montañas, analizamos cuánto se está retrasando ya esa primera nevada en los principales macizos del país y cómo podría evolucionar en el futuro si el cambio climático continúa intensificándose.
Nevadas hasta un mes más tarde
Para medir este retraso —tanto el que ya observamos como el que se prevé para las próximas décadas— hemos analizado la fecha del primer día de cada año en el que se registra una nevada superior a 30 centímetros en los puntos más elevados de los principales sistemas montañosos peninsulares: los Pirineos, las cordilleras Bética y Cantábrica y los sistemas Central e Ibérico. Los datos proceden del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
Las proyecciones futuras se han elaborado utilizando el escenario de máximas emisiones (RCP 8.5). Y las conclusiones son claras:
- En los Pirineos y las Béticas —las zonas de mayor altitud analizadas— es donde actualmente se acumulan más días de nieve. Sin embargo, para el periodo 2081-2100 las proyecciones muestran un cambio drástico: las primeras nevadas del año llegarán, de media, un mes más tarde que ahora, y el manto nivoso desaparecerá un mes antes respecto al periodo de referencia.
- Este acortamiento del invierno se explica por el aumento progresivo de las temperaturas en ambos sistemas montañosos. En los Pirineos, el incremento previsto de las temperaturas medias y máximas a largo plazo supera los 5 °C en algunas zonas, y la cordillera ya registra un ritmo de calentamiento superior al promedio global.
- En las Béticas, el calentamiento también será notable: se espera un aumento similar —e incluso ligeramente mayor— de las temperaturas medias y máximas, mientras que las mínimas muestran una mayor estabilidad. En este sistema, el cambio proyectado supera igualmente los 5 °C en determinadas áreas.
- En diversas zonas de los sistemas Ibérico y Central, las proyecciones apuntan a un escenario contundente: para finales de enero, durante las dos últimas décadas del siglo, no se registrarán días en los que el espesor de nieve sea superior a 30 centímetros. Es decir, incluso en pleno invierno, la nieve acumulada será insuficiente para mantener un manto nivoso continuo.
- En el Sistema Central, este proceso ya está en marcha. Según el informe CLIVAR-Spain, entre 2000 y 2021 se registró una disminución significativa en la duración del manto de nieve, equivalente a 0,5 días menos de nieve por año. Todo indica que esta tendencia se intensificará en el futuro, impulsada por deshielos más rápidos y una reducción de las precipitaciones sólidas.
- En la Cordillera Cantábrica el retroceso es aún más acusado: entre 1960 y 2000 la duración del manto nival disminuyó a un ritmo de 1,5 días por década, un indicador temprano de la vulnerabilidad de esta cordillera al calentamiento.
Las precipitaciones descienden… pero no en todos los picos
En los próximos años se prevé un descenso generalizado de las precipitaciones en forma de nieve. Sin embargo, esta reducción no es homogénea ni afecta por igual a todos los puntos: la magnitud del desplome varía significativamente según la región.
Si nos fijamos en los sistemas montañosos con las cumbres más elevadas —los Pirineos y la Cordillera Bética— vemos que la tendencia también es desigual. Aunque ambos registran una disminución de nieve, en los Pirineos el descenso es más gradual y, aun así, se mantendrán en torno a 200 mm anuales a 2.600 metros de altitud. En cambio, en las Béticas esta cifra se reduce aproximadamente a la mitad, lo que evidencia una mayor vulnerabilidad de este sistema.

En el caso de la Cordillera Cantábrica, el Sistema Central y el Sistema Ibérico —cuyos picos alcanzan altitudes similares (Torre Cerredo, 2.648 m; Almanzor, 2.592 m; y Moncayo, 2.315 m, respectivamente)— se observa una pérdida desigual de la precipitación en forma de nieve. En la Cordillera Cantábrica, las previsiones indican un descenso de alrededor de 300 mm a unos 150 mm. En los sistemas Ibérico y Central, se pasará de los 200 mm actuales a unos 100 mm, lo que confirma una tendencia clara de debilitamiento del manto nivoso en estas regiones.
Metodología
Se ha trabajado con el dataset Mountain tourism meteorological and snow indicators for Europe from 1950 to 2100 derived from reanalysis and climate projections del Sistema del Cambio Climático de Copernicus.
Se han tenido en cuenta las estaciones de alta montaña que se encontraban dentro de los principales sistemas montañosos de la península (Pirineos, cordilleras Bética y Cantábrica y sistemas Central e Ibérico). Para cada sistema, se han seleccionado las estaciones situadas a mayor altitud en cada caso.
Las observaciones son una media de todos los modelos regionales disponibles (RCP): el CCLM4-8-17 (CLM-Community, EU), el ALADIN53 (CNRM, France), el WRF331F (IPSL, France), el REMO2009 (MPI-CSC, Germany) y el RCA4 (SMHI, Sweden).
Se han seleccionado tres variables distintas: la de “comienzo del periodo más largo de nieve manejada” para el comienzo de la temporada de nieve (esta variable tiene en cuenta nieve natural, artificial y aquella que se intenta controlar para una máxima preservación); la de “fin del periodo más largo de nieve manejada” para el final de la temporada de nieve y “total de las precipitaciones en forma de nieve” para la evolución de la cantidad de nieve que cae en cada pico entre 1950 y 2100.



Sería interesante que se mostrara las tendencias con un RCP más realista y acorde a las emisiones actuales, o los más probables. Cuando decís ‘previsiones’, os referís también al peor escenario?
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