España, camino del verano más cálido de su serie histórica

Por José Ángel Núñez Mora (Delegación de AEMET en la Comunitat Valenciana) y Rubén del Campo Hernández (Área de comunicación de AEMET)

Estamos ante un verano extremadamente cálido hasta el momento: el mes de junio fue el cuarto más cálido desde que hay registros, julio fue el mes más cálido, superando al de 2015 y la primera quincena de agosto de 2022 ha sido la segunda más cálida de la serie, solo superada por la de 2003.

Con las previsiones de lo que queda de agosto, y tras una semana con varios días con temperaturas inferiores al promedio normal (el primer período fresco desde finales de junio), es bastante probable que el verano de 2022 sea el más cálido de la serie histórica, que arranca en 1961. Incluso considerando reconstrucciones climáticas realizadas a partir de datos históricos, como la realizada en AEMET por nuestro compañero Andrés Chazarra y otros, se trataría del verano con la temperatura media más alta desde, por lo menos, 1916. Eso no quiere decir que el verano de 1915 fuese más cálido que el actual, sino que con los estudios realizados, lo que podemos afirmar es que no hay precedentes de un verano tan cálido como el actual en los últimos 106 años como mínimo.

Si nos vamos un poco más atrás, hasta el mes de mayo, comprobamos que desde entonces han predominado las temperaturas por encima de lo normal en España. Como ya comentamos en una entrada anterior, el trimestre compuesto por mayo, junio y julio de 2022, es decir, un mes correspondiente a la primavera meteorológica y dos meses al verano meteorológico, ha sido más cálido que el 60 % de los veranos en España desde 1961, por lo que podemos afirmar sin exagerar que en 2022 el verano ha empezado, ateniéndonos a las temperaturas, en mayo. Algo que encaja perfectamente con las observaciones a largo plazo. Nuestro compañero César Rodríguez Ballesteros hizo un análisis magnífico en su blog personal al respecto, en el que se constataba el alargamiento de los veranos en nuestro país. También hizo un estupendo análisis nuestro colega Benito Fuentes, en el que demostraba que los «habituales 30 ºC» se alcanzan ahora en fechas más tempranas.

En el gráfico de arriba identificamos varios episodios cálidos desde el 1 de mayo en nuestro país. Ha habido también algunos picos fríos que, salvo el de la tercera decena de junio, fueron en general cortos y poco intensos. A mediados de agosto, es decir, en las fechas en las que se ha escrito esta entrada, también estamos inmersos en un episodio frío para la época, aunque probablemente terminará el 19 o 20 de agosto. Este verano se han producido tres olas de calor. La primera, que comenzó el 11 de junio, empató en precocidad con la más temprana hasta la fecha, que se inició el 11 de junio de 1981; la segunda rompió moldes por su gran intensidad (es la ola de calor más intensa registrada hasta ahora en España), su extensión geográfica (empata, con cuarenta provincias afectadas, con la de agosto de 2012) y su duración: dieciocho días, es decir, la segunda más larga tras la de junio-julio de 2015, que duró ventiséis días. Con todo esto, si analizamos el período comprendido entre el 1 de mayo y el 15 de agosto de cada uno de los años de la serie histórica, encontramos que el mencionado período de 2022 es el más cálido desde, al menos, 1950. Y además, con cierto margen sobre los años en los que ese período también fue muy cálido (2003, 2015 y 2017).

Pero, además del calor, hay que señalar que los tres últimos meses y medio han sido extremadamente secos: el mismo período que hemos analizado para las temperaturas (del 1 de mayo al 15 de agosto de 2022) ha resultado ser también el más seco desde, al menos, 1950.

Pero todavía hay algo más: aparte de las altas temperaturas y la escasez de lluvias experimentadas en tierra firme, el mar Mediterráneo ha vivido un período muy prolongado con unas aguas superficiales extremadamente cálidas. El mar Balear, que en la imagen inferior aparece delimitado, registra ininterrumpidamente desde comienzos de mayo temperaturas claramente superiores a las normales. Desde el 12 de julio, estas aguas están muy cerca o por encima de los valores extremos de la serie, así que podemos hablar también de una ola de calor marítima, si consideramos como tal a aquellos períodos de más de cinco días de duración en la que la temperatura del agua del agua del mar se encuentra entre el 5 % de los valores más altos registrados. Al igual de lo que ha sucedido en tierra, en el mar Mediterráneo también se ha vivido un período de altas temperaturas muy persistente.

Y, es que, uno de los aspectos más destacados de este verano de 2022 ha sido la inusual persistencia de las altas temperaturas, tanto en tierra como en el mar, junto con la escasez de precipitaciones. Ambos fenómenos unidos, calor y sequía, han propiciado un ambiente muy favorable para la aparición y propagación de voraces incendios forestales, ya que las temperaturas han sido muy altas, la humedad relativa muy baja (especialmente en los episodios de ola de calor) y el combustible (vegetación) se encontraba muy seco. Así, este año 2022 la superficie afectada por incendios forestales en España supera con creces el valor máximo del período 2006-2021, según la información que facilita el portal EFFIS (European Forest Fire Information System) de la Comisión Europea, tal y como se observa aen este gráfico:

Superficie (en hectáreas) quemadas en España en 2022 y comparación con registros desde 2006. Fuente: EFFIS (Comisión Europea)

Estamos, por lo tanto, ante un verano que será probablemente el más cálido de la serie histórica (aunque habrá que esperar a que termine para certificarlo). En cualquier caso, es un verano con altísimas temperaturas en el que las precipitaciones están siendo, además, muy escasas. Cuando se han producido, lo han hecho en forma de tormentas, como es habitual, que pueden alcanzar intensidad muy fuerte o incluso torrencial, y estar acompañadas de granizo. Son lluvias que, en general, no ayudan en exceso a paliar la sequía. También se han producido numerosas tormentas secas, es decir, aquellas en las que gran parte de la precipitación no llega al suelo, pero que pueden ir acompañadas de fuertes rachas de viento y abundante aparato eléctrico capaz de generar incendios. Hemos hablado también de reventones, alguno de ellos con trágicas consecuencias, un fenómeno asociado en muchas ocasiones a la presencia de aire cálido y seco en capas bajas y medias de la troposfera.

El cambio climático está haciendo más frecuentes los veranos cálidos y las olas de calor en todo el mundo. En nuestro país, en la década pasada fueron el doble de frecuentes que en las anteriores. Por Supuesto, las consecuencias son muy importantes en los ecosistemas, como hemos visto previamente en el tema de los incendios, pero también lo son para la salud. Estamos ya ante un sistema climático que se ha calentado (tanto la atmósfera como los océanos). Situaciones meteorológicas que hace décadas simplemente provocaban episodios cálidos, ahora desembocan en olas de calor; las situaciones que antes generaban olas de calor, ahora dan lugar a olas de calor extremas. Está muy claro que tenemos una atmósfera más caliente, pero también empiezan a observarse algunos cambios en su circulación general que podrían inducir a situaciones de calor más persistentes. Este verano hemos tenido una presencia semipermanente de danas al oeste de la Península, sobre el Atlántico, que han ayudado a que masas de aire muy cálido norteafricano alcanzasen nuestro territorio. En el verano de 2019 también hubo un patrón atmosférico que dio lugar a situaciones de calor duraderas, algo que parece ser una tendencia observada en los últimos años.

Anomalía de geopotencial entre el 1 de junio y el 17 de agosto de 2022. Se observa una anomalía negativa en el Atlántico, al oeste de la Península, coincidente con la presencia de danas de manera inusualmente prolongada en esa zona durante el aactual verano.

En definitiva, estamos este año ante un verano marcado por las olas de calor y la sequía. Ambos son fenómenos meteorológicos extremos que, cuando se producen simultáneamente, se denominan fenómenos extremos compuestos. En el caso del calor y la sequía, podríamos decir que un fenómeno alimenta al otro: las altas temperaturas hacen que se incremente la evapotranspiración, disminuyendo la disponibilidad hídrica para las plantas y secáandose el terreno; cuando este terreno está seco, toda la energía procedente del sol se emplea en calentar la superficie; si hay humedad, parte de la energía se utiliza en la evaporación, y por lo tanto la temperatura no sube tanto.

Estos fenómenos extremos compuestos llaman la atención del Panel Integubernamental de Cambio Climático, que considera que ya son probablemente más frecuentes como consecuencia del cambio climático inducido por las actividades humanas.

«La probabilidad de ocurrencia de fenómenos extremos compuestos probablemente se ha incrementado debido al cambio climático antropogénico. Las olas de calor y sequías concurrentes se han hecho más frecuentes en el último siglo y esta tendencia continuará con un mayor calentamiento global (alta confianza en la afirmación)». Párrafo extraido del resumen técnico del 6º Informe del IPCC (Grupo de Trabajo I, bases físicas del cambio climático)

Proyecciones de incremento o disminución de olas de calor y sequías para la región mediterránea. Ambos fenómenos probablemente aumentarán, por lo que la posibilidad de que se produzcan fenómenos extremos compuestos también lo hará. Fuente: Atlas Interactivo del IPCC

La afirmación anterior cobrará probablemente más relevancia en la región mediterránea, donde está previsto que este tipo de fenómenos extremos compuestos (olas de calor y sequía) serán, con alta confianza en la afirmación, más frecuentes. En este sentido, podemos considerar al verano de 2022 como un aviso, o un avance, del tipo de verano que será habitual en nuestro entorno geográfico a mediados del siglo XXI. Veranos como el de 2003 o el de 2022, los más extremos hasta la fecha, serán mucho más frecuentes incluso en un escenario moderado de emisiones. Se trata una la nueva normalidad climática con ya que ya estamos empezando a convivir.

Proyecciones de incremento de la temperatura media en verano en la región mediterránea a corto, medio y largo plazo en un escenario moderado de emisiones de gases de efecto invernadero. Fuente: Atlas interactivo del IPCC

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