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LA METEOROLOGÍA EN LA BIBLIA. VII

Por Manuel Antonio Mora García. Meteorólogo del Estado. Delegación Territorial de AEMET en Castilla y León

El interés por la predicción meteorológica es inherente al ser humano. Desde sus orígenes, primero como cazador y recolector y posteriormente como agricultor y ganadero, su actividad diaria estaba condicionada por el tiempo. En base a la relación causa-efecto, pronto comenzó la búsqueda de reglas empíricas o indicios que permitieran conocer el tiempo futuro.  Generalmente se basaban en la observación de las nubes, fenómenos ópticos como el halo y el viento.  En los “Meteorológicos” de Aristóteles, se mencionan varias de estas reglas.

Una de ellas se refiere a la observación del halo circular que se forma alrededor del sol o la luna: Siendo nítido, si aparece completo es signo de lluvia mientras que si está fragmentado es signo de viento. Si aparece fragmentado y poco nítido es signo de buen tiempo. La explicación científica es similar a la que ofreceremos al final de este capítulo, cuando hablemos de los “arreboles”, también utilizados como presagios del tiempo.

El registro continuado durante años del tiempo asociado a cada una de las distintas direcciones del viento, permite establecer algunas reglas de predicción empírica válidas para esa zona. En el caso de “Los Meteorológicos” entendemos que son válidas para Grecia y zonas próximas.

…..pues el viento del sur da buen tiempo, el del norte, en cambio, tiempo invernal;…..

Y por eso son más salobres las aguas (lluvias) del sur y las primeras otoñales: pues el viento sur es el más cálido, tanto en magnitud como en fuerza y, sopla de lugares secos y cálidos  y, por consiguiente, con poco vapor.

….el norte, en cambio, al venir de lugares húmedos, es rico en vapor, y por ello mismo, frío; y por apartar las nubes, es despejado aquí, mientras que en los lugares contrarios a éstos es lluvioso. De manera semejante, el viento sur es despejado para los habitantes de Libia.

Los huracanes se producen sobre todo en otoño, y después en primavera, y  los producen sobre todo el aparctias, el trascias y el argestes. La causa es que los huracanes se producen sobre todo cuando, estando algunos de los otros vientos soplando, éstos irrumpen sobre ellos; también la causa de esto se ha dicho anteriormente.

Al margen de estas reglas empíricas, más o menos acertadas, la teoría aristotélica fallaba estrepitosamente al considerar que los vientos podían soplar hacia el interior de la Tierra originando terremotos, que los cometas determinaban la intensidad y la duración de los vientos o que éstos influían en los eclipses.

En los textos de Homero, “La Iliada” y “La Odisea”, como vimos en el capítulo I se mencionan los cuatro vientos: el “Bóreas” de componente norte,  el “Euro” de componente este, el “Noto” de componente sur y el “Céfiro” de componente oeste, vientos que eran gobernados por los respectivos dioses del mismo nombre según la mitología griega.  Estos vientos (dioses) estaban asociados a distintos tipos de tiempo, como vimos en las referencias del capítulo 1, a las que añadimos las siguientes:

Como cae de las nubes la nieve ó el helado granizo, á impulso del Bóreas, nacido en el éter; tan rápida y presurosa volaba la ligera Iris.

Sobrevino una noche mala, glacial; porque soplaba el Bóreas, caía de lo alto una nieve menuda y fría, como escarcha, y condensábase el hielo en torno de los escudos.

En esta obra de Rubens podemos ver al fornido y alado dios Bóreas raptando a la mortal Oritía, de quien se había enamorado, mientras sopla su gélido viento con los carrillos henchidos. Al fondo se observa una espesa nube, quizás un nimbostrato, de la que caen copos de nieve. Los querubines que le acompañan parecen jugar arrojando bolas de nieve.

En los textos bíblicos también existen referencias a la predicción meteorológica, tanto a corto plazo como a muy corto plazo. Como hemos mencionado en capítulos anteriores, en el Mediterráneo oriental, los temporales de lluvia se deben generalmente a depresiones que se desplazan con el flujo del oeste, es decir, con flujo de poniente, mientras que las olas de calor (“sharav”) se producen con viento del este, sureste o sur.

Lucas,12

54 Y decía también a la gente:

Cuando veis una nube que sale del poniente,

enseguida decís: Lluvia viene; y así sucede.

55 Y cuando sopla el viento del sur, decís:

Hará calor; y lo hace.

56 ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo

y de la tierra, ¿y cómo no distinguís este tiempo?

También comentamos que en Israel y zonas próximas, el viento del NE asociado al anticiclón siberiano suele ser frío y seco, sin lluvias. Sin embargo el flujo del NW marítimo puede producir lluvias orográficas en las montañas costeras.

Proverbios,25

23 El viento del norte trae la lluvia,

la lengua calumniadora, el rostro airado

En el capítulo V mencionábamos que en el texto bíblico, al margen del Diluvio Universal, en pocas ocasiones se describe la ocurrencia de los meteoros durante el transcurso de la acción (en aquella ocasión relatábamos la nevada en Moab). En los versículos que aparecen a continuación también llueve de forma explícita.

El rey Acab de Israel, casado con la fenicia Jezabel, reinaba con iniquidad idolatrando dioses paganos. Como castigo divino, el profeta Elías vaticina una sequía que durará varios años. Tras este anuncio, huye y vive escondido, alimentado por cuervos y bebiendo de un arroyo. Al cabo de tres años, realiza varios milagros (resucitando a un niño) y desafía en el monte Carmelo a los profetas del dios Baal. El reto consiste en que invoquen a su dios para que prenda fuego a la leña del altar donde se le ofrece como sacrificio un buey. Fracasado el intento pagano, Elías invoca a su dios Jehová, que prende fuego a la leña bajo otro altar, sobre el que previamente se había derramado agua en tres ocasiones.

Reyes-1,18

8 Entonces cayó  fuego de Jehová, el cual consumió el sacrificio,

y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.

Posteriormente Elías dió la orden de prender a los 450 profetas de Baal, siendo degollados al pie del monte Carmelo, en el arroyo Cisón.

El relato continúa con una  observación meteorológica,  que bien podría ser  un ejemplo de vigilancia meteorológica y predicción a muy corto plazo o nowcasting. Una vez infringido el castigo, tras los tres años de sequía vuelve la lluvia. Elías, para confirmar el pronóstico,  envía a su criado a realizar las funciones de atento observador meteorológico a la cima de un monte.

Reyes-1,18.     

43 Y dijo a su criado: Sube ahora y mira hacia el mar.

Y él subió y miró, y dijo: No hay nada.

Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.

 44 Y a la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube, como

la palma de la mano de un hombre, que sube del mar.

Y él dijo: Ve y di a Acab:

 Prepárate y desciende, para que la lluvia no te detenga.

 45 Y aconteció que, estando en esto, los cielos se oscurecieron con

nubes y viento y hubo una gran lluvia.

Y subió Acab al carro y fue a Jezreel.

Elías también profetizó la muerte de Ocozías, rey de Israel e hijo de Acab. Éste envió soldados para prenderle en su morada, en la cima de un monte, pero más de 100 soldados son abrasados en dos tandas y consumidos por el “fuego del cielo”.

Reyes-2,1

11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta;

y le habló y dijo: Oh hombre de Dios, el rey ha dicho así: Desciende pronto.

12 Y Elías le respondió y dijo: Si yo soy hombre de Dios, descienda fuego del cielo y te consuma con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo que lo consumió a él y a sus cincuenta.

Como aficionados a la meteorología, nos gustaría pensar que el “fuego de Jehová” o el fuego del cielo descrito se trataba de un rayo, aunque no se menciona que se percibiera el trueno o el relámpago. Sin embargo, los profetas paganos aceptaron el desafío sin condiciones, algo que se comprende perfectamente si se tiene en cuenta que Baal era el dios de la tormenta para los cananeos.

La iconografía del profeta Elías suele incluir una espada ardiente, en alusión al violento primer episodio, como se observa en esta obra de autor anónimo perteneciente al Museo del Prado, donde el profeta sujeta firmemente una espada de fuego a la vez que es hendida en la base sombría de un cumulonimbo, donde parece “cargarse” de energía.

El pintor sevillano Valdés Leal representa al profeta Elías con una iconografía un poco distinta.  Aparece con un manojo de rayos en la mano derecha, mientras fija la mirada en un cielo plomizo y tormentoso. En una especie de diorama, un poco confuso, parece que se representan ambas escenas. Al fondo los dos altares, uno ardiendo y el otro no, a sus pies varios personajes abatidos, un grupo de soldados que se acercan al profeta, y a los pies de éste, yacen inertes en el suelo dos personajes, uno probablemente sea un soldado a juzgar por sus botas, y el otro posiblemente esté decapitado, ya que se observa una cabeza en el suelo al lado del profeta.

El “fuego de Jehová” también se menciona en la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. En el capítulo V citamos como Jehová anuncia a Abraham la destrucción de estas ciudades por sus clamorosos pecados (Génesis,18). Lot, sobrino de Abraham que vivía en Sodoma, acoge a los dos ángeles encargados de la destrucción. Éstos conminan a Lot, su mujer y sus hijas a que huyan rápidamente, sin detenerse ni mirar atrás, y Lot se dirige a la próxima ciudad de Zoar, confiando en la promesa de los ángeles de que ésta no será destruida.  Al llegar allí comienza la catástrofe, su esposa se gira y mira atrás, tal vez al escuchar los truenos o ver el resplandor de los relámpagos, convirtiéndose en estatua de sal.

 

 

Génesis,19

23 El sol salía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar.

24 Entonces hizo llover Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra  azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;

25 y destruyó las ciudades y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades y el fruto de la tierra.

26 Entonces la esposa de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió  estatua de sal.

———

Mientras, Abraham contemplaba el desastre y la llanura humeante desde la distancia

Génesis,19

28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra,

y hacia toda la tierra de aquella llanura;

y miró, y he aquí que el humo subía de la tierra

como el humo de un horno

Las ciudades de Sodoma y Gomorra se ubicaban en las proximidades del mar Muerto, y pese a que han aparecido restos arqueológicos, no existe consenso en la localización exacta, incluso es probable que se encuentren sumergidas en el actual mar Muerto. Esta región, aunque actualmente sea árida, probablemente tuviera mayor vegetación en el clima más húmedo de los tiempos bíblicos, de hecho Lot la describe como zona de riego muy fértil (Génesis, 13:8). Incluso a principios del siglo XIX presentaba una abundante vegetación con arbolado, de acuerdo al diario de viaje de los capitanes de la Armada inglesa Irby y Mangles, de los que hablaremos más adelante.

El mar Muerto, y  en concreto este episodio, han llamado la atención de los investigadores desde hace siglos, tratando de justificar la catástrofe por causas naturales. El matemático, astrónomo y geógrafo Eratóstenes en el siglo III a.C. estipulaba que el mar Muerto era más extenso y se había ido rellenando por los restos de erupciones volcánicas. Sin embargo, el filósofo Strabo en el siglo I d. C. , menciona la destrucción de trece ciudades, incluyendo a las cinco que cita la Biblia (Pentápolis), como resultado  de los terremotos y erupciones de fuego y de las aguas del mar que contienen asfalto y azufre , que habrían hecho desbordarse las aguas engulliendo a algunas ciudades, mientras otras habría sido abandonadas. Su contemporáneo el historiador judeo-romano Flavio Josefo (Josephus) encuentra la causa de la destrucción en los rayos. Otras teorías apuntan como causas probables el impacto y explosión de un asteroide o meteorito, un gran terremoto o una erupción volcánica.  Estas teorías deberían de justificar además de la destrucción de las ciudades, la aparición de la “lluvia de fuego y azufre” y el “humo extenso y generalizado proveniente de la tierra” que observó Abraham.

El entorno del mar Muerto constituye una profunda depresión tectónica, en la falla existente entre las placas Africana y de Arabia que se orienta con dirección norte-sur en una extensión de casi 1000 km. Esta falla pudo estar activa dando lugar a terremotos, con la erupción de magma y material piroclástico (fuego y azufre) (Bergoeing,2018),  o provocando deslizamientos de tierra que destruyeran las ciudades al disminuir la resistencia del suelo por la licuefacción (Neev y Emery, 1995) (Harris y Beadrrow,1995). Estas avalanchas sobre el mar Muerto también podrían haber provocado una especie de tsunami que contribuyera a la destrucción.

Otra teoría está basada en el reciente hallazgo de una tabla cuneiforme sumeria (datada en 700 a.C.) que describe el impacto de un gran asteroide en 3123 a.C. , relacionándolo con los restos de un evento similar ocurrido en los Alpes austriacos (Köfels), que provocó una gran avalancha de rocas. Según  Bond y Hempsell (2008) el enorme asteroide (1 km de diámetro) entró en la atmósfera terrestre con un pequeño ángulo de elevación, y tras impactar en una cumbre de los Alpes continuó como una enorme bola de fuego de 5 km de diámetro, cuyo resultado fue la avalancha de rocas de los Alpes. La enorme bola de fuego  acabó aterrizando en la región de Oriente Próximo. La mayor objeción a esta teoría es que el episodio de Köfels está datado geológicamente mucho antes (en torno a 7800 a.C.).

Quizás una de las teorías más aceptadas sea la expuesta por Lewis (2012), que atribuye la destrucción de ambas ciudades a la caída de un meteorito. Esta última teoría es corroborada por Collins y Silvia (2017), en base al estudio de restos arqueológicos. La explosión de un enorme meteorito antes de impactar en el suelo en las proximidades del mar Muerto provocó según estos autores la destrucción de las ciudades y  la expansión de salmuera procedente del salado mar Muerto que causo la infertilidad durante siglos de los campos agrícolas,  datando el suceso hace aproximadamente 3700 años.

En los últimos años siguen surgiendo nuevas teorías, sin embargo nuestro interés está en retomar la expuesta por el exégeta  teólogo suizo Jean Le Clerk (1657-1733), que publicó en 1696 la obra “Twelve Dissertations Out of Monsieur Le Clerk’s Genesis”. El abate Bergier, en su Diccionario de teología (1846) muestra una teoría similar.

Desde hace miles de años en esta zona hay presencia abundante de arenas bituminosas (arenas petrolíferas o de alquitrán) y depósitos de alquitrán o asfalto (Génesis,14:10). De forma natural en el mar Muerto (también llamado Lago Asphaltites), debido a  la gran salinidad y por tanto elevada densidad de sus aguas, afloran periódicamente placas de alquitrán. Estas materias, adecuadamente tratadas y de las que se extraía brea o betún, se comercializaban y estaban muy cotizadas. El “betún de Judea” (quizás una de las primeras marcas o denominaciones de origen de la Historia) era usado por los egipcios en el proceso de embalsamamiento de las momias y como fármaco para la curación de heridas. Por sus propiedades impermeabilizantes la brea se usaba en el calafateo de embarcaciones (en la Biblia se menciona su aplicación en el arca de Noé -Génesis,6:14- y en la arquilla o cesto en el que se abandonó al recién nacido Moisés en el río -Éxodo,2:3, o como cemento en la construcción -Génesis 11:3-). El éxito de la comercialización de estos productos derivados del petróleo contribuyó al desarrollo y prosperidad de las ciudades de Sodoma y Gomorra en torno a estos yacimientos.

Según Le Clerk, el bitumen es altamente inflamable y además contiene azufre , por lo que en caso de ser alcanzado por  una descarga eléctrica podría arder con espeso humo y un peculiar olor a azufre.  Goodarzi y Stasiuk (1991) encontraron evidencias en el suroeste de Irán de fragmentos de carbón originados por la combustión de bitumen, debido en este caso a incendios forestales.

El estadounidense Edward Robinson, un apasionado estudioso de la Biblia, realizó varios viajes a Palestina, publicando sus trabajos sobre arqueología y geografía bíblica.  En 1841 publicó en tres volúmenes su obra  “Biblical Researches in Palestine and Adjacent Countries”. Su teoría sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra, que ubica al sur del mar Muerto, contempla la concurrencia de actividad sísmica, volcánica y eléctrica. Un movimiento sísmico originaría la elevación de la parte sur del mar, engullendo las aguas desbordadas a las ciudades y a los pozos de bitumen que cita la Biblia y que actualmente no existen. Previamente,  la actividad volcánica habría producido la lluvia de azufre y las descargas eléctricas, que prenderían las grandes extensiones de bitumen que rodeaban las ciudades, en un humeante y extenso incendio.

Las densas nubes o plumas volcánicas originan en algunas ocasiones descargas eléctricas (relámpagos volcánicos). Aunque no se han estudiado en profundidad, se considera que se producen de forma similar a las que ocurren en la nubes cumulonimbo, en este caso las partículas se cargan electrostáticamente por rozamiento y los campos electromagnéticos separan los centros de carga, surgiendo las descargas eléctricas.

Esta nube, que también se forma en los grandes incendios forestales se denomina Cumulonimbus calvus flammagenitus (también llamado oficiosamente pyrocumulonimbo),  y su peligrosidad es alta, ya que dificulta las tareas de extinción por las ráfagas de viento superficial que genera (frente de racha), incluso en el caso de generar descargas eléctricas éstas pueden provocar nuevos incendios.

http://media.bom.gov.au/social/blog/1618/when-bushfires-make-their-own-weather/

Según la bibliografía consultada parece poco probable una actividad volcánica intensa que encaje cronológicamente con el evento y además, no siempre se producen descargas eléctricas en las erupciones volcánicas. Sin embargo, aunque no son muy frecuentes, en las proximidades del mar Muerto se producen tormentas, como vimos en el capítulo 1.

En la obra de Carl Ritter publicada en 1865, “The Comparative Geography of Palestine and the Sinaitic Peninsula”, se describen densas nubes formadas por la intensa evaporación y chubascos torrenciales.  Los capitanes de la Armada inglesa Irby y Mangles, anteriormente citados, iniciaron en 1816 un viaje de cuatro años por Oriente Medio. Como marinos se interesaban por el tiempo, describiendo tormentas primaverales en el valle del Jordan y violentas lluvias en las inmediaciones del mar Muerto, del que destacan la intensa evaporación, en “columnas transparentes con aspecto de trombas marinas”. (Travels in Egypt and Nubia, Syria and the Holy Land, 1844)

Recientemente, el 26 de abril de 2018 se produjeron intensos desarrollos convectivos y fuertes precipitaciones en esta zona, que lamentablemente dejaron un triste balance de 10 jóvenes excursionistas fallecidos por una riada. En las imágenes del satélite Acqua se observa el verdoso mar Muerto y la severidad de las tormentas.

La situación meteorológica de este evento se describe en este breve informe de EUMETSAT:

https://www.eumetsat.int/website/home/Images/ImageLibrary/DAT_4038669.html

Las tormentas dejan un olor característico por la formación de ozono, en ocasiones confundido con el olor a azufre (en realidad el mal olor procede del ácido sulfhídrico). Este olor, acompañado de humo, sí se describe en algunas de las escasas ocasiones en que se han observado los extraños rayos globulares o rayos en bola.

Finalizamos la descripción de este episodio con esta obra del pintor John Martin, donde podemos observar la ciudad de Sodoma destruida y en llamas, a la  vez que un zigzagueante rayo impacta en el suelo mientras Lot y su familia huyen

Otro episodio en el que se describe la intensa lluvia aparece en este versículo, donde el sacerdote Esdras se dirige al pueblo en Jerusalén bajo la lluvia de noviembre o diciembre (en noviembre hay 7 días en promedio de lluvia y 10 en diciembre, de acuerdo a los valores climatológicos 1981-2010)

Esdras,10

9 Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén

 dentro de los tres días, a los veinte días del mes, el cual era el mes noveno;

y se sentó todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios,

temblando por motivo de aquel asunto y a causa de la fuerte lluvia.

En el relato bíblico aparecen también fenómenos astronómicos, que aunque no tienen relación con los fenómenos meteorológicos, en este caso los comentaremos brevemente al ocurrir simultáneamente.

Josué, sucesor de Moisés al frente del pueblo de Israel, acudió con sus tropas al rescate de la ciudad aliada de Gabaón, en Canaan, asediada por los amorreos. En la huida de éstos,  acontecen dos fenómenos extraordinarios, una excepcional granizada y un probable eclipse solar.

Josué,10

11 Y sucedió que mientras iban huyendo de los israelitas,

a la bajada de Bet­horón, Jehová arrojó sobre ellos grandes piedras desde el cielo,

hasta Azeca, y murieron; muchos más murieron por las piedras del granizo que los que

mataron los hijos de Israel a filo de espada.

 12 Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová  entregó al amorreo

delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas:

Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón.

 13 Y el sol se detuvo y también la luna,

hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.

No está esto escrito en el libro de Jaser? Y el sol se detuvo en medio del cielo, y no se

apresuró a ponerse casi un día entero.

Gustavo Doré representa esta escena de forma poco realista a nuestro entender, con la caída literal de grandes fragmentos de roca, que no se asemejan ni en forma ni en tamaño al pedrisco o granizo de gran tamaño que se presenta en la naturaleza. En su defensa, podríamos decir que se dejó llevar por otra referencia que aparece más adelante, como veremos en el capítulo de fenómenos adversos.

En cuanto al singular fenómeno astronómico de la detención del movimiento de los astros, que también se menciona en Habacuc,3:11, ha sido fuente de análisis y discusión para los historiadores bíblicos. Vainstub y Habner (2019) recopilan estudios previos y sugieren que se trató de un eclipse anular que ocurrió al atardecer del  30 de octubre de 1207 a.C., como anticiparon Humphreys y Waddington (2017), indicando que realmente lo descrito no es que los astros detuvieran su movimiento, sino que detuvieron la acción de brillar.  La datación exacta por cálculos astronómicos ha permitido también zanjar la polémica sobre las fechas del reinado del faraón egipcio Ramsés II. Gracias a una estela en la que se representa la victoria de su hijo, el faraón Merneptah sobre los israelitas, mientras éstos se encontraban en Canaan, se concluye que ambos reinaron en un periodo próximo a la fecha del eclipse.

Otro posible eclipse investigado por los astrónomos aparece descrito en “La Odisea”,  y ha sido datado con fecha 16 de abril de 1178 a, C.:

Llenan el vestíbulo y el patio las sombras de los que descienden al tenebroso Érebo;  el sol desapareció del cielo y una horrible obscuridad se extiende por doquier.» La Odisea,351

Retomando los presagios o predicciones empíricas basadas en la observación de las nubes,  nos centramos en este que aparece en el Nuevo Testamento.

Mateo,15

2 Mas él, respondiendo, les dijo: Cuando cae la tarde, decís:

Hará buen tiempo, porque el cielo tiene

arreboles.

3 Y por la mañana: Hoy habrá tempestad, porque tiene arreboles

el cielo y está nublado.

¡Hipócritas!, que sabéis discernir el

aspecto del cielo, ¿pero las señales

de los tiempos no podéis discernir?

Probablemente éste sea el origen de numerosos refranes meteorológicos que mencionan los candilazos y arreboles, y que a través de la tradición popular han llegado hasta nuestros tiempos:

Arreboles de mañana, a la tarde agua.

Candilazo al amanecer, agua al anochecer

Arrebolada al ser de día, cierta está el agua al mediodía

Arreboles al amanecer, agua o viento al anochecer

Candilazo al amanecer, agua al anochecer

Candilazo al poner, agua al amanecer.

El fenómeno óptico de los arreboles o candilazos se produce en las horas previas y durante el crepúsculo. En ese momento los rayos solares nos llegan casi horizontales desde el horizonte y tienen que atravesar una gran capa de la atmósfera. La luz blanca (resultado de la mezcla de todos los colores) es dispersada por los gases de la atmósfera en todas las direcciones de forma  selectiva, los colores azules se dispersan mucho más que los rojizos (por eso el cielo es azul), mientras los rojizos sufren menos dispersión, de forma que en línea recta nos llegan tonalidades anaranjadas y rojizas, ya que los otros colores han sido dispersados. Estos rayos rojizos, rosáceos o anaranjados iluminan las nubes medias y altas, que su vez dispersan esa luz dando lugar al fenómeno.

Es curioso observar en el refranero que los arreboles al atardecer, pueden dar distinto tipo de tiempo:

Arreboles de la noche, para mañana son soles.

Arreboles al oscurecer, charquitos al amanecer

Podría pensarse que estos presagios dependieran de la ubicación geográfica, pero no es así, como vemos en estos refranes asturianos

Colorao al alba, o aire o agua; colorao a la cena, bon tiempu ‘spera

Encarnau al alba, a la noche agua; encarnau al escurecer, agua al amanecer

Fuente:

http://stel.ub.edu/paremio-rom/es/atlas/arreboles-al-alba-%E2%86%92-predicci%C3%B3n

Esta predicción en base a la coloración del cielo obviamente no es infalible. La posible explicación podría estar en la distinta nubosidad que acompaña a los frentes cálidos de latitudes medias en su lento desplazamiento de oeste a este.  Esta nubosidad se forma al elevarse el aire cálido a lo largo de la superficie frontal (como si fuera una rampa) que le separa del aire frío junto al suelo. Por ello, cuando se aproxima el frente, se observan primero las nubes altas (sin precipitación), a continuación las nubes medias y las nubes bajas que producen la precipitación.

De acuerdo a este modelo conceptual, si se observan nubes altas asociadas a un frente cálido al amanecer (podrían ser un cielo arrebolado o la formación de un halo), en principio existirá un intervalo de buen tiempo, aumentando la nubosidad y sin precipitaciones, pero con posterioridad, llegarán las precipitaciones.

Las nubes altas, cirros, cirrostratos y cirrocúmulos son nubes formadas por cristalitos de hielo, generalmente por el lento ascenso de una masa de aire a gran escala, como en el caso de los frentes cálidos. Pero también se forman en la proximidad de la corriente en chorro, asociados a los ascensos de aire en la proximidad del máximo (jet streak),  o ser el resultado de la disipación del yunque de los cumulonimbos. Además hay otras muchas situaciones en que se forman nubes altas, siendo muy frecuentes en situaciones de dorsales donde se favorecen ascensos por condiciones dinámicas. En definitiva, la existencia de nubes altas, salvo en el caso de los frentes cálidos, no se considera presagio de lluvias.

 La cultura popular sobre los fenómenos meteorológicos básicos permite usar éstos para buscar símiles, comparaciones fáciles de interpretar:

Proverbios,25

13 Como frío de nieve en tiempo de la siega,

así es el mensajero fiel a los que lo envían,

pues al alma de su señor da refrigerio.

14 Como nubes y vientos sin lluvia, así es el hombre que se jacta

de falsos dones

 Proverbios,26

1 Como la nieve en el verano y la lluvia en la siega,

así no le sienta bien al necio la  honra.

 Proverbios,27

15 Gotera continua en día de lluvia

y mujer rencillosa son semejantes;

16 pretender contenerla es como refrenar el viento

o retener el aceite en la mano derecha.

Proverbios,28

3 El hombre pobre que oprime a los débiles

es como lluvia torrencial que deja sin pan.

Proverbios,31

21 No teme por su familia cuando nieva,

porque toda su familia está vestida de  ropas dobles.

Oseas,13

3 Por tanto, serán como la niebla de la mañana o como el rocío de

la madrugada que se desvanece, como el tamo que la tempestad

arroja de la era y como el humo que sale de la chimenea.

 

FIN DEL CAPÍTULO VII

 

REFERENCIAS

Vainstub D.,Yizhaq H., Avner U. The Miracle of the Sun and Moon in Joshua 10 as a Solar Eclipse. Vetus Testamentum (2019) 1-30

Humphreys C. and Waddington G. Solar eclipse of 1207 BC helps to date pharaohs, Astronomy & Geophysics, Volume 58, Issue 5, October 2017, Pages 5.39–5.42, https://doi.org/10.1093/astrogeo/atx178

Collins and P. Silvia. The Civilization-Ending 3.7KYrBP Event: Archaeological Data, Sample Analyses, and Biblical Implications. 80th Annual Meeting of the Meteoritical Society 2017 (LPI Contrib. No. 1987)

Neev, D.  and Emery K. The Destruction of Sodom, Gomorrah and Jericho: Geological, Climatological and Archaeological Background (Oxford University Press, 1995)

Bergoeing, J. P. Sodom and Gomorrah and plates tectonic. Mercator (Fortaleza) [online]. 2018, vol.17.

Lewis J. S. Rain Of Iron And Ice: The Very Real Threat Of Comet And Asteroid Bombardment (Helix Books) Revised ed. Edition, 2012.

Goodarzi F. And Stasiuk L. D. Thermal alteration of gilsonite due to bushfire, an example from southwest Iran. International Journal of Coal Geology. Volume 17, Issues 3–4, June 1991, Pages 333-342https://doi.org/10.1016/0166-5162(91)90038-K

Bond A. and Hempsell M. A Sumerian Observation of the Köfels’ Impact Event: A Monograph. Alcuin Academics, 2008 – 113 páginas

Harris G. M.  ; Beardow A. P. The destruction of Sodom and Gomorrah: a geotechnical perspective . Quarterly Journal of Engineering Geology and Hydrogeology (1995) 28 (4): 349–362.