La meteorología en el Museo del Prado. VII. Brumas y nieblas.

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Por Manuel Antonio Mora García. Meteorólogo del Estado. Delegación Territorial de AEMET en Castilla y León.

La niebla es un hidrometeoro que se produce en niveles muy bajos de la atmósfera, en contacto con la superficie terrestre o a muy poca distancia de ella, y consiste en la suspensión de una gran concentración de minúsculas gotitas de agua de tal manera que la visibilidad se ve reducida, por definición, a una distancia inferior a 1 km. Si la visibilidad es reducida pero superior a 1 km se considera como bruma o neblina, siempre y cuando se deba a la presencia de gotitas de agua.

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Niebla. © George Anderson. WMO International Cloud Atlas.

          En cuanto a su formación, es fundamental la existencia de abundante vapor de agua y un mecanismo de enfriamiento hasta alcanzar la saturación. Existen distintos tipos de niebla en cuanto a su origen (radiación, advección, evaporación, etc.), y en cuanto a su extensión, pueden ocupar amplias zonas, pero también existen nieblas localizadas debido a la orografía, como valles o ríos, o nieblas fragmentadas en bancos. Cuando las nieblas se disipan, suelen originar transitoriamente nubosidad de tipo estrato hasta desaparecer completamente.

La reducción de la visibilidad impide apreciar el paisaje, por ello es un tema poco atractivo para los paisajistas. Sin embargo, en el museo del Prado existen algunos cuadros en los que se representan nieblas y brumas. Un aspecto importante para determinar la visibilidad en un cuadro, son las técnicas que aplican los pintores para crear la sensación de profundidad y la perspectiva, como por ejemplo el “sfumato”, que difumina los contornos de los objetos creando un ambiente vaporoso o brumoso, o las técnicas impresionistas o expresionistas, por lo que en ocasiones surgen dudas sobre la visibilidad reinante en determinadas obras.

En esta vista de Venecia desde el “Ponte del Formager”, obra del paisajista sevillano Sánchez Perrier, se aprecia cómo la niebla reduce notablemente la visibilidad.

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Vista de Venecia. Emilio Sánchez Perrier. 1885. Óleo sobre tabla, 35,5 x 22,5 cm.

La niebla de vapor o de evaporación se produce cuando una masa de aire muy frío se desplaza sobre una superficie líquida relativamente cálida, de forma que el vapor de agua que continuamente está evaporándose de la superficie líquida, en contacto con el aire muy frío se condensa inmediatamente, de forma similar a nuestro vaho que exhalamos en días muy fríos. En nuestras latitudes esta niebla, con un aspecto humeante, aunque en ocasiones suficientemente densa, suele ser típica del otoño e invierno, cuando el agua de los ríos y lagos está relativamente cálida y sin embargo bajan las temperaturas notablemente.

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Niebla de evaporación. © George Anderson. WMO International Cloud Atlas.

Condiciones inversas se dan en las nieblas de advección, que se producen en verano sobre lagos, ríos o mares con aguas relativamente frías, al desplazarse sobre ellas masas de aire cálido y húmedo, que se enfría y alcanza la saturación. En algunas zonas (como en la costa Cantábrica), las aguas costeras se enfrían superficialmente por efecto del afloramiento de aguas profundas debido a la acción del viento, y las extensas nieblas pueden ser advectadas hacia el interior de la costa.

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Niebla de advección o niebla de mar. © Frank Le Blancq. WMO International Cloud Atlas.

En esta obra del madrileño Vicente Palmaroli podemos observar la niebla de vapor, aunque la escena corresponda a un hecho religioso, el martirio de santa Cristina de Bolsena. Según la tradición cristiana, la niña mártir, hija de un magistrado romano, se convirtió al cristianismo, y su padre ordenó numerosas torturas de las que salió indemne, hasta que finalmente fue asesinada a flechazos. La escena recoge una de las torturas y aparece atada a una rueda de molino, que tras ser arrojada al lago de Bolsena (Toscana) permanece a flote. Uno de los ángeles porta un arpa de pedales, última evolución de este instrumento musical y que adquirió gran difusión en el Madrid del siglo XIX.

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El martirio de santa Cristina. Vicente Palmaroli y González.1895. Óleo sobre lienzo, 181,5 x 301 cm.

El paisajista flamenco Pieter Stevens, afincado en Praga, muestra en el en el centro de esta composición un puerto cubierto de brumas y nieblas, de forma que apenas son perceptibles los barcos y no se distingue la línea del horizonte.

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Paisaje frondoso. Pieter II Stevens. Siglo XVII. Óleo sobre tabla, 33 x 48 cm.

De forma similar, en este paisaje de Brueghel se observa un rio navegable, en primer término se distinguen los barcos, pero al fondo la niebla cubre el río.

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Paisaje. Jan Brueghel el Viejo. Siglos XVI – XVII. Óleo sobre tabla, 42 x 68 cm.

          Otros ejemplos de visibilidad reducida por nieblas y neblinas se aprecian en estos paisajes y marinas.

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Una marina con navíos. Anónimo. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 104 x 144 cm.

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Paisaje con cazadores, río y un puente. Anónimo. Primera mitad del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 200 x 230 cm.

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Paisaje. Bartolomé Esteban Murillo (discípulo de).Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 95 x 123 cm.

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Paisaje con un río. Marín. Hacia 1930. Óleo sobre lienzo, 31 x 45 cm.

En este paisaje del madrileño José Jiménez, alumno de Carlos de Haes, se aprecian los restos de la niebla matinal del arroyo Luche, afluente del Manzanares, actualmente canalizado y por tanto desaparecido. Parece ser que el popular barrio madrileño de Aluche toma el nombre de este arroyo, que figuraba en los primitivos mapas como “A. luche”.

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Paisaje. Arroyada de las huertas de Luche (cercanías de Madrid). José Jiménez Fernández. 1873. Óleo sobre lienzo, 107 x 220 cm.

La niebla de ladera se produce cuando una masa de aire húmedo asciende por una ladera, enfriándose y alcanzándose la saturación. A distancia su aspecto es el de nubes stratus, pero para un observador en la misma ladera se trata de una niebla.

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Niebla de ladera. © Kam Hoo Man. WMO International Cloud Atlas.

En esta obra del cántabro Casimiro Sainz observamos una niebla de ladera, a sotavento de una montaña cubierta por stratus.

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Alrededores de un convento. Casimiro Sainz y Saiz. Hacia 1884. Óleo sobre lienzo, 35,6 x 55,5 cm.

          Los Países Bajos, por sus características geográficas de llanura de baja altitud adyacente al mar del Norte, disponen de una importante red hidrográfica de canales que comunican y sirven de drenaje a los “polders”, o terrenos ganados al mar mediante diques, las zonas lacustres y las marismas. Estas zonas húmedas son por tanto propensas a la formación de nieblas en otoño e invierno. En estos paisajes del pintor flamenco Snayers, las zonas blanquecinas, por su aspecto, podrían ser extensos bancos de niebla que se extienden por los canales y zonas lacustres.

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Isabel Clara Eugenia en el Sitio de Breda. Peter Snayers. Hacia 1628. Óleo sobre lienzo, 200 x 265 cm

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Toma de Saint-Venant, Peter Snayers. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 184 x 263 cm.

Las nieblas más habituales en el interior de la península ibérica son las nieblas de radiación. Se producen en otoño e invierno fundamentalmente, cuando las noches son largas y por tanto el suelo sufre una importante pérdida de calor por irradiación si el cielo está despejado. El aire húmedo que reposa sobre el mismo baja su temperatura y alcanza la saturación, formándose rocío y si hay ligera turbulencia, niebla. De igual forma, durante las noches de invierno los vientos catabáticos desplazan aire frío de las montañas sobre los valles, de forma que el aire húmedo de los valles se enfría alcanzando la saturación y formándose las nieblas de valle.

En esta obra de Velázquez, famosa por la aparente deformidad de la jaca que monta el príncipe Baltasar Carlos (en realidad se debe a que está pintada para ser vista desde abajo, ya que el cuadro había sido encargado para ubicarse en un sitio elevado), observamos un típico paisaje velazqueño. Desde las proximidades del monte del Pardo se observa la sierra de Guadarrama con las cumbres nevadas, mientras que en los valles de la cuenca del río Manzanares probablemente se hayan formado nieblas, bajo un cielo cubierto de altocúmulos y altoestratos.

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El príncipe Baltasar Carlos, a caballo. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. 1634 – 1635. Óleo sobre lienzo, 211,5 x 177 cm.

          Las nieblas al disiparse suelen fragmentarse, dando lugar a stratus fractus, como se observa en estos paisajes.

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Paisaje del Pardo al disiparse la niebla. Antonio Muñoz Degrain.1866. Óleo sobre lienzo, 200 x 300 cm.

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Lago de Como. Eliseo Meifrén Roig. Hacia 1895. Óleo sobre lienzo, 128 x 201 cm.

          La bruma o neblina reduce notablemente la visibilidad, aunque no tanto como la niebla. En el ámbito aeronáutico se cifra bruma cuando la visibilidad se encuentra entre 1 y 5 km.

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Marina. Anónimo. Siglo XVIII. Óleo sobre lienzo sobre cartón, 95 x 142 mm.

Las gotitas que la forman pueden proceder de los propios rociones del fuerte oleaje. En estos paisajes de la costa de Normandía, cuyo autor es Carlos de Haes, podemos apreciar la bruma costera y la reducción de visibilidad que produce en las dos primeras obras, aunque en la primera la reducción de visibilidad sólo se produce en los niveles bajos. La tercera, obra cuyo punto de vista es similar a la segunda (una empalizada de la playa de Villerville), contrasta con las anteriores por su buena visibilidad.

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Brumas (Normandía). Carlos de Haes.1877 – 1884. Óleo sobre papel pegado en lienzo, 24 x 49,3 cm.

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Brumas (Villerville). Carlos de Haes. 1877 – 1884. Óleo sobre lienzo sobre cartón, 23,5 x 41 cm.

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Costa de Villerville. Carlos de Haes. 1877 – 1884. Óleo sobre lienzo sobre cartón, 28,5 x 42 cm.

Aunque los términos bruma y neblina se refieren al mismo fenómeno de reducción de la visibilidad por gotitas de agua, en general se utiliza el término bruma en la costa y neblina en ámbitos terrestres. En el léxico marino, para evitar confusiones entre niebla y bruma, se omite este meteoro y se indica simplemente la visibilidad (buena, regular o mala). En estos paisajes la neblina difumina las montañas lejanas.

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Manada de toros junto a un río, al pie de un castillo. Genaro Pérez Villaamil y Dughet. 1837. Óleo sobre lienzo, 91 x 115 cm.

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País agostado y una torada pastando en un monte. Fernando Ferrant y Llausás. 1854. Óleo sobre lienzo, 162 x 248 cm.

Agradecimientos: A Rubén del Campo Hernández, por la revisión de los textos y asesoramiento específico.

 Nota:

Los pies de las imágenes contienen hipervínculos a los cuadros de la colección del Museo del Prado, se recomienda su acceso para poder apreciar la obra en toda su dimensión y visualizar todos los detalles.

 Referencias y bibliografia:

La mayoría de las obras referenciadas de la colección del museo del Prado aparecen profusamente comentadas, incluyendo bibliografía y datos técnicos sobre la obra y el autor. Esta información se ha aprovechado parcialmente para realizar los comentarios específicos. https://www.museodelprado.es/coleccion/.

 

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