Servicios meteorológicos para la montaña, información y consejos.

España es un país marcadamente montañoso. Los municipios considerados de montaña ocupan un 56% de la superficie del país, es decir, aproximadamente 280000 km2. Las principales cordilleras y zonas montañosas españolas, ordenadas según su extensión, son:

  • Sistema Ibérico (63479 km 2). Cima más alta: Moncayo (2313 m)
  • Sistema Bético (58193 km 2). Cima más alta: Mulhacén (3478 m)
  • Pirineos (32762 km 2). Cima más alta: Aneto (3404 m)
  • Macizo Galaico (23030 km 2). Cima más alta: Cabeza de Manzaneda (1778 m)
  • Sistema Central (22833 km 2). Cima más alta: Moro Almanzor (2592 m)
  • Cordillera Cantábrica (20506 km 2). Cima más alta: Torrecerredo (2648 m)
  • Montes de Toledo (20493 km 2). Cima más alta: Guadalupe (1603 m)
  • Sierra Morena (15773 km 2). Cima más alta: La Bañuela (1323 m)
  • Cordilleras Costeras Catalanas (7674 km 2). Cima más alta: Turó de l’Home (1712 m)
  • Montes de León (7504 km 2). Cima más alta: Peña Trevinca (2124 m)
  • Montes Vascos (7202 km 2). Cima más alta: Aitxuri (1551 m)
  • Montañas de Canarias (5554 km 2). Cima más alta: Teide (3718 m)
  • Montañas de Baleares (933 km 2). Cima más alta: Puig Major (1445 m)

 

Existe una presencia cada vez mayor de usuarios aficionados que frecuentan la montaña buscando aire puro, reposo, grandes espacios, placeres estéticos o deportivos. Estas actividades, que son un factor de primer orden en el desarrollo económico sostenible de las áreas montañosas, han dado lugar a un aumento significativo de la demanda de información meteorológica específica. Senderistas a pie o sobre raquetas, practicantes de marcha nórdica y de esquí de montaña, alpinistas, escaladores, barranquistas y espeleólogos, todos ellos desarrollan sus actividades en un medio natural que siempre comporta un riesgo. Este riesgo está fuertemente influenciado por los fenómenos meteorológicos, que en la montaña evolucionan muy deprisa y a menudo con violencia. La predicción meteorológica es, en consecuencia, un factor de seguridad, confort y éxito, al anticipar los fenómenos y permitir la difusión rápida  de las perspectivas de la evolución del tiempo.

La AEMET elabora boletines específicos de predicción meteorológica para las cordilleras o macizos más altos y/o extensos: los Pirineos, el Sistema Central (Gredos y Guadarrama-Somosierra), el Sistema Ibérico en su parte riojana y aragonesa, el Sistema Bético (Sierra Nevada) y la cordillera Cantábrica (Picos de Europa).

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Unido a esto, la presencia de un manto nivoso estacional en las cordilleras y macizos más elevados, da lugar a un peligro de desencadenamiento de aludes y su riesgo asociado es un factor que se debe tener muy en cuenta. La Agencia Estatal de Meteorología emite boletines de peligro de aludes para los Pirineos, los Picos de Europa, las sierras del Cordel y Peña Labra y la sierra de Guadarrama. Además, dentro del Plan Nacional de Predicción y Vigilancia de Meteorología Adversa, la AEMET emite avisos por peligro de aludes cuando las condiciones lo requieren.

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La vigilancia meteorológica

Es relativamente frecuente en las áreas de montaña que se produzcan fenómenos meteorológicos adversos, entendiendo por tales aquellos eventos atmosféricos capaces de producir, directa o indirectamente, daños a las personas o daños materiales de consideración. En sentido menos estricto, también puede considerarse como adverso cualquier fenómeno susceptible de alterar la actividad humana de forma significativa en un ámbito espacial determinado.

La predicción a muy corto y corto plazo de estos fenómenos y la verificación de su presencia real se lleva a cabo mediante las técnicas de vigilancia meteorológica y la aplicación del Plan Nacional de Predicción y Vigilancia de Fenómenos Meteorológicos Adversos, con sus adaptaciones a escala autonómica. Entre las funciones que debe desarrollar AEMET está  la de “elaborar y suministrar la información meteorológica, los avisos y predicciones de fenómenos meteorológicos, potencialmente peligrosos para las vidas humanas, a las autoridades responsables de la protección civil y a aquellos otros órganos de las Administraciones Públicas que lo requieran para el ejercicio de sus competencias;

Fenómenos meteorológicos adversos considerados

Entre todos los fenómenos adversos considerados hay unos que afectan de una manera más directa y específica a las áreas de montaña:

Para cada una de las variables hay acordados unos umbrales de peligrosidad que permiten, cuando se prevé que se alcancen, o en su defecto se observen, activar automáticamente el plan mediante la confección y emisión de los boletines establecidos.

La generación de información sobre la ocurrencia real o prevista de fenómenos meteorológicos adversos, con especial atención a las Comunidades Autónomas y a sus singularidades comarcales e incluso locales, permite la adopción de medidas de prevención o protección ante posibles emergencias originadas por los distintos fenómenos.

Los boletines elaborados se difunden entre los organismos con responsabilidades en la protección de vidas y bienes y también el público en general puede acceder a ellos a través de la página web de AEMET: http://www.aemet.es/es/portada .Las provincias o Comunidades Autónomas para las que hay uno o más avisos meteorológicos en vigor aparecen resaltadas en amarillo en el mapa de España y se puede obtener el texto completo del aviso pinchando en dicha zona del gráfico. El texto incluye información sobre el fenómeno o fenómenos considerados, el periodo de validez, las zonas afectadas y el grado de probabilidad de ocurrencia del fenómeno, en el caso de tratarse de una predicción.

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Los boletines de fenómenos meteorológicos adversos pueden incluir predicciones a muy corto (algunas horas), corto (hasta 24 horas) y medio plazo (hasta 48 horas) y/o hacer referencia a fenómenos ya observados y su posible e inmediata evolución (nowcasting).

Boletines meteorológicos de montaña

AEMET, elabora para algunas de las cordilleras españolas unos boletines de predicción diarios específicos en los que se hace referencia a determinados parámetros de especial interés en la meteorología de montaña. Estos boletines se difunden cada día a las 15 hora oficial peninsular.

Las cordilleras que disponen de estos boletines, sin perjuicio de que el número de éstas pueda variar en el futuro son:

  •  Picos de Europa

  •  Pirineo Navarro

  • Pirineo Aragonés

  •  Pirineo Catalán

  •  Ibérica Riojana

  • Ibérica Aragonesa

  • Sierras de Guadarrama y Somosierra

  • Sierra de Gredos

  •  Sierra Nevada

La información que incluyen estos boletines es la siguiente:

  • Estado del cielo: predicción de la nubosidad captura
  • Precipitaciones
  • Viento (dirección y velocidad): incluye opcionalmente información sobre el viento en diferentes niveles de la atmósfera
  • Temperaturas mínimas y máximas
  • Altura prevista de la isocero en la atmósfera
  • Altura prevista de la isoterma de –10 ºC en la atmósfera

Una vez seleccionada el área de montaña, accederá a la predicción meteorológica específica para la zona elegida, con información de tiempo pasado y predicciones para el día en curso y para los 4 días siguientes.

En la opción correspondiente al tiempo pasado, encontrará un breve resumen con lo más significativo de las condiciones meteorológicas registradas en cada zona en las últimas 24-36 horas.

Seleccionando las fechas siguientes accederá a la predicción correspondiente a cada fecha. Los dos primeros días el pronóstico incluye tablas con valores previstos de temperaturas y sensaciones térmicas en los lugares más significativos, así como del viento en la atmósfera libre y de la altitud de las isotermas de 0 y 10 °C.

Durante la temporada de nieve en zonas de montaña (de diciembre a mayo por lo general) encontrará, además, boletines de información nivológica y peligro de aludes para las áreas del Pirineo.

Algunas perturbaciones atmosféricas

 El viento

 En la montaña, el viento está a menudo sujeto a cambios bruscos de dirección e intensidad a causa de las corrientes de aire ascendentes, descendentes o que circulan a lo largo de las paredes o por los valles encajonados, sin que estos fenómenos hayan sido objeto de predicción dentro de los boletines meteorológicos. Este hecho es aún más peligroso si está asociado a algún otro fenómeno como el frío, lluvia o la nieve. En particular, la acción del viento durante o después de una nevada está en el origen de las acumulaciones de nieve, como las placas de viento, las cornisas y los ventisqueros, y aumenta el riesgo de avalanchas.

El viento puede poner en peligro a:

  • los aficionados al vuelo libre (parapente, ala delta);
  • las personas que progresan por terrenos difíciles o inestables (pérdida de equilibrio, caídas de piedras);
  • de forma general, todo aquel que pase de un lugar abrigado a un sitio expuesto (collados, crestas);
  • las personas expuestas mucho tiempo sin ninguna protección (una fuerte pérdida calórica por convección puede acarrear una hipotermia).

La lluvia

En forma de chubasco, la lluvia puede provocar el crecimiento repentino del caudal de los arroyos y torrentes, y de los cursos de agua subterráneos. La lluvia persistente puede estar también en el origen de deslizamientos del terreno y de desprendimientos de rocas.

La lluvia va acompañada habitualmente de un descenso de temperatura. En todos los casos, las superficies se vuelven resbaladizas, franquear los torrentes se hace difícil sino imposible y aumenta el riesgo de caída de piedras.

Además, cualquier enfriamiento brusco que suceda durante o después de la lluvia puede recubrir el suelo y las paredes de una capa de hielo liso o convertirse en un peligro mortal para una persona que tenga la ropa mojada.

En invierno, la lluvia copiosa aumenta el riesgo de aludes

La nieve

Las precipitaciones en forma de nieve tienen como primer efecto la reducción considerable de la visibilidad, comportando generalmente la pérdida de las señales visuales. La progresión se vuelve más difícil y la acumulación de nieve puede provocar avalanchas.

A lo largo de todo el año, incluso en verano, un enfriamiento puede provocar un descenso de la cota de nieve a baja altitud. Las nevadas fuera de estación “blanquean” la montaña e impiden a menudo  cualquier escalada durante varios días

La niebla

La niebla lleva asociada siempre una fuerte reducción de la visibilidad, de forma que puede ser imposible orientarse. La niebla atenúa las variaciones diurnas de la temperatura, en particular en media montaña: de día, cuando oculta el Sol, impide el calentamiento de la atmósfera; de noche, modera el enfriamiento

La niebla engelante está formada por gotitas de agua que se encuentran a temperaturas inferiores a los 0 ºC (subfundidas) y que se congelan y depositan sobre los objetos con los que entran en contacto.

La tormenta y los rayos

En la montaña las tormentas son relativamente frecuentes. Son  igualmente más inesperadas, más violentas y más peligrosas que en las llanuras. La tormenta normalmente se anuncia con golpes de viento junto con corrientes ascendentes muy fuertes. Va acompañada de chubascos fuertes, de nieve o de granizo, así como de un descenso de temperatura. Las turbulencias creadas por los cumulonimbos, nube generadora de las tormentas, se pueden notar hasta distancias de más de 20 km de éstas.

Los rayos son el mayor peligro: es muy difícil, en caso de impacto, disminuir el riesgo y la probabilidad de sobrevivir cuando se es alcanzado es mínima. Las características eléctricas de los rayos son impresionantes: altas temperaturas (de 8 000 a 30 000 ºC), altas tensiones (de 10 a 100 millones de voltios), fuertes intensidades (25 000 amperios), tiempo de contacto muy breve (1/1 000 a 1/10 000 de segundo).

  • Trastornos asociados a los rayos
  1.  Manifestaciones eléctricas

Estas descargas eléctricas generan tetanizaciones, es decir, sacudidas musculares tanto localizadas como generalizadas, que son capaces, en este último caso de proyectar a la víctima a una cierta distancia y causar traumatismos diversos.

Si, por desgracia, la corriente encuentra en su viaje el músculo cardíaco, se produce igualmente tetanización. El corazón es agitado violentamente por sacudidas anárquicas y la muerte llega rápidamente.

   2. Manifestaciones traumáticas

Algunas son consecuencia de la explosión provocada por el brutal aumento de la temperatura de la columna de aire ionizado por donde avanza el rayo. Aparecen en tal caso lesiones por choque que alcanzan los órganos intra torácicos o intra abdominales.

  3. Manifestaciones térmicas

Dado que la descarga eléctrica se propaga la mayoría de las veces por la superficie de los cuerpos, las partes más húmedas de la piel son el foco de quemaduras superficiales, llamadas figuras de Lichtenberg, que describen unos dibujos característicos. Las quemaduras profundas aparecen solamente en los puntos de entrada y salida de la corriente eléctrica. Estas quemaduras pueden destruir los músculos y los tendones.

A parte de las manifestaciones graves, tales como el paro cardíaco, destacan también las lesiones neurológicas cuyos síntomas son la pérdida de la conciencia, síncopes o parálisis rápidamente regresivas.

Los ojos y las orejas tampoco están protegidos. La rotura del tímpano es frecuente. La catarata es una lesión corriente pero de aparición retardada respecto al momento del accidente (puede aparecer algunas semanas o meses más tarde).

Algunos consejos preventivos

  • Evitar las crestas
  • Si se es sorprendido en una cima, descender lo máximo lo más rápidamente posible evitando avanzar por las aristas de la montaña.
  • Alejarse de todos los objetos metálicos (piolets, crampones, mosquetones, pitones, bastones telescópicos, ).
  • No pararse bajo los árboles y las rocas sobre todo si son elementos aislados, ni bajo desplomes o bajo todo aquello que pueda ser conductor (como agua que chorrea a lo largo de una pared).
  • Sentarse en el suelo, ya que el rayo es atraído por todo aquello que sobresale (un árbol, un pico o una persona de pie). No estirarse ni apoyarse en una
  • Aislarse al máximo de las rocas y el suelo mediante cualquier material aislante: cuerda, saco de dormir o la mochila con el armazón puesto sobre el suelo; es preferible que estos objetos estén secos

La altitud

 A 3000 m la presión atmosférica ha disminuido en un tercio y a 5 800 m es solamente la mitad de su valor al nivel del mar. El número de moléculas de oxígeno ha disminuido en la misma proporción: se está en estado de hipoxia.

La manifestación más benigna del mal de montaña podrá limitarse a dolores de cabeza, una disminución del apetito, vómitos o insomnio que aparecerán después de 6 a 8 horas de estar por encima de los 3 000 m.

Las formas agudas del mal de montaña son el edema pulmonar y el edema cerebral: la presión aumenta en las arterias pulmonares, la membrana que separa el aire y la sangre se debilita y deja que se infiltre el plasma que invade entonces los alvéolos pulmonares (o las células cerebrales). Se debe bajar a la víctima lo más rápido posible, si no la muerte puede producirse rápidamente. Las secuelas pueden ser graves. Se pueden producir igualmente edemas en las manos, los tobillos y las piernas, pero son menos graves. El edema desaparecerá normalmente en dos o tres días si no se asciende de nuevo.

Un buen consejo

En la montaña €¡siempre hay que beber mucho!

Algunos consejos preventivos

Estos males, a veces extremadamente graves, son debidos a una mala aclimatación a la disminución de la presión atmosférica. La rapidez a la que nos habituamos a la altitud depende de los cromosomas de cada uno y no de la técnica alpina. La buena aclimatación requiere un tiempo. Una marcha de aproximación larga la facilita: se ha de contar con 5 días para pasar sin riesgo de 3 000 a 5 000 m.

Ningún medio permite acostumbrarse más rápidamente a la altitud: únicamente se pueden mejorar los factores que favorecen una buena aclimatación hidratándose correctamente para impedir que la sangre se vuelva más espesa y favorecer la llegada de oxígeno a las células.

Las variaciones de temperatura

El tiempo cambia muy rápidamente en la montaña y las variaciones de temperatura pueden ser brutales: el golpe de frío, como el golpe de calor, puede aparecer bruscamente y tener consecuencias nefastas si no se han tomado algunas precauciones. Es por esta razón que tanto en verano como en invierno el equipo personal debe estar adaptado a estos cambios de temperatura.

Estas variaciones de temperatura están generalmente ligadas a la llegada de una perturbación, a fuertes precipitaciones, a un fuerte enfriamiento nocturno, a la influencia del viento, como por ejemplo el foehn (viento cálido y seco debido al calentamiento del aire descargado de su humedad después de rebasar un relieve), o incluso a la cantidad de nieve que cubre suelo o al retorno del buen tiempo. El conocimiento de la altitud de la isoterma de 0 ºC es de la máxima utilidad.

Isoterma de 0 ºC, también llamada isocero = superficie ficticia que contiene los puntos de la atmósfera donde la temperatura es igual a 0 º Centígrados.

Para el alpinista o el esquiador, la isoterma de 0 ºC es una señal que indica si el aire es más o menos frío en altitud. Las fluctuaciones de la isoterma de 0 ºC acompañan los cambios de masa de aire (durante el paso de una perturbación por ejemplo). La estabilidad de la isoterma de 0 ºC indica una situación sin una evolución destacable.

¿Cómo debo abordar la montaña?

En la montaña, incluso en excursiones cortas, siempre es necesario llevar consigo aquello que nos prevenga contra los efectos de:

  • una bajada importante de la temperatura: jerseys, ropa confeccionada con forro polar, guantes, manta isotérmica (200 g).
  • el viento, la lluvia, la nieve: cortavientos, capelina, funda impermeable que proteja también la Se debe llevar un buen calzado e ir provisto de polainas.
  • el sol: gafas con cristales con filtro, gorro, crema de protección solar, bebida (especialmente agua).
  • la niebla: mapa y brújula, conociendo el modo de usarlos

El frío

En la montaña, un descenso de la temperatura es con frecuencia un factor a tener en cuenta en la seguridad. En verano, por ejemplo, un rehielo fuerte asegura la progresión sobre una superficie nevada y limita el riesgo de caídas de piedras. Sin embargo, puede ser peligroso si el equipo individual es insuficiente.

Para el hombre, la sensación de frío es esencialmente función de la velocidad de enfriamiento de la piel. Este enfriamiento depende de varias variables meteorológicas y de su variación.

A saber:

  • La temperatura disminuye con la altitud aproximadamente 0,6 ºC cada 100 m de
  • La sensación de frío aumenta con el grado de humedad del
  • El viento, a causa de la evaporación que provoca en la superficie de la piel, es un factor esencial de Por ejemplo, la sensación de frío será más intensa para una temperatura de 5 ºC con viento que para una temperatura de –5 ºC sin viento.

 

La hipotermia

La hipotermia es un enfriamiento general del organismo con una disminución progresiva de la temperatura corporal central. Todas las funciones del organismo se ralentizan, provocando primero un debilitamiento de la voluntad, una pérdida de conciencia y, en último término, una parada cardio-respiratoria.

La hipotermia no surge generalmente si no se realiza una exposición prolongada al frío. En ausencia de una protección suficiente, puede agravarse con la presencia de un viento fuerte. La hipotermia afecta sobre todo a los alpinistas perdidos o inmovilizados en una pared durante inclemencias, o atrapados en aludes.

La hipotermia no surge generalmente si no se realiza una exposición prolongada al frío. En ausencia de una protección suficiente, puede agravarse con la presencia de un viento fuerte. La hipotermia afecta sobre todo a los alpinistas perdidos o inmovilizados en una pared durante inclemencias, o atrapados en aludes.

Algunos consejos preventivos

  • Llevar ropa adecuada a la actividad física y deportiva a practicar y susceptible de adaptarse a las variaciones atmosféricas.
  • Tomar bebida caliente de forma
  • Tener una alimentación adecuada, hipercalórica (carne seca, tocino, féculas, pasta, frutos secos, legumbres, ).
  • No tomar bebidas alcohólicas, debido a que el alcohol es un vasodilatador que favorece la pérdida de calor en la superficie de la  piel

 

 Las congelaciones

Las congelaciones se desarrollan insidiosamente: ese es su principal peligro. Pérdida progresiva de la sensibilidad, entumecimiento y palidez en la zona afectada son señales de alarma que surgen a menudo sin el conocimiento del individuo.

Afectan a las extremidades o, de manera más general, a las zonas descubiertas.

Algunos consejos preventivos

Se basan nuevamente en la utilización de ropa que asegure una protección eficaz contra el frío y el viento, el recubrimiento sistemático de todas las partes descubiertas y en la ingestión de bebidas calientes en gran cantidad.

En un grupo, es conveniente controlarse mutuamente y de manera regular la nariz, las orejas y las mejillas.

Llevar la ropa o el calzado húmedo (y especialmente ceñidos) las favorece, de la mismo forma como todo lo que ponga trabas a la circulación de la sangre en condiciones de frío extremo. Se ha de evitar el contacto directo de la piel con cuerpos metálicos fríos

¿Qué hacer en caso de congelación?

¡Hay sobre todo acciones que no se deben hacer!

En ningún caso se debe calentar una zona congelada excepto si se está seguro de que el recalentamiento podrá ser duradero y permanente hasta la llegada de auxilio. La situación más dramática es la “recongelación” de una lesión previamente recalentada.

Si se opta por el recalentamiento, éste debe hacerse correctamente: sumergir la extremidad congelada en un baño a 37 ºC añadiendo una solución antiséptica.

Es necesario asociar dicha acción con un recalentamiento ge- neral del organismo, por ejemplo mediante el uso de la manta isotérmica o de sacos de pluma tabicados.

No se deben practicar nunca fricciones directas o flagelación ni calentar directamente con llama. Se debe contactar lo antes posible con un equipo médico de especialistas en el tratamiento de las congelaciones.

El calor

  • Aunque es agradable para cualquier salida en la montaña, el buen tiempo duradero o un aumento de la temperatura presentan algunos peligros inesperados.
  • Las piedras encajadas en el hielo pueden ser liberadas y su caída ser frecuente
  • La nieve funde más rápidamente, particularmente en los neveros, en los corredores y sobre las vertientes expuestas al sol, lo que puede originar coladas de nieve o aludes de fusión, así como la debilitación o desaparición de los puentes de nieve sobre las grietas o los
  • En las personas, el calor puede generar, en orden creciente de gravedad, desde calambres o insolación hasta un “golpe de calor”.

 Los calambres de calor

Los calambres de calor aparecen en el transcurso de un esfuerzo físico intenso y prolongado.

Son debidos a las pérdidas importantes de sodio y cloro mediante el sudor. Si estas pérdidas no se compensan con la absorción de bebidas ligeramente saladas, pueden conducir a un estado de agotamiento.

 La insolación

La insolación es consecuencia de la exposición a una temperatura elevada y a los rayos solares y surge indistintamente en reposo o durante un esfuerzo.

Dolores de cabeza, vértigos, fatiga extrema, pérdida del apetito y sudor frío son los principales síntomas. La temperatura corporal del individuo es generalmente normal o un poco elevada.

La hipertermia de esfuerzo o golpe de calor

El “golpe de calor”, terminología falsamente tranquilizadora, es un trastorno importante debido al calor y constituye una urgencia médica muy grave.

Más que la exposición directa al sol, son las condiciones meteorológicas y la naturaleza del terreno los factores que ejercen un papel determinante. El golpe de calor sobreviene a consecuencia de un ejercicio muscular intenso y prolongado. La producción de calor que resulta, asociada a una fuerte carga térmica ambiental ligada a la tem- peratura del aire y la insolación, sobrepasa la capacidad de disipación de calor por el cuerpo humano. A ello se añade el hecho de que la sudoración está entorpecida, incluso eliminada por la eventual humedad ambiental, la ausencia de viento y el hecho de llevar ropa que impidan la eliminación de la transpiración.

Algunos factores ligados al individuo en concreto, como los antecedentes médicos, la edad, la falta de entrenamiento o de aclimatación también contribuyen a que se produzca el “golpe de calor”.

El caso típico es el que se produce en la progresión por una nava o un valle encajado, poco o nada ventilados, eventualmente nevados, lo que provoca una reflexión máxima del sol en un ambiente húmedo próximo a la saturación (80 ó 90 por ciento de humedad relativa). Suele empezar como una insolación banal pero muy rápidamente la situación se agrava. El paso es vacilante; a los problemas en el comportamiento le sucede un estado comatoso y la temperatura del individuo se eleva, pudiendo superar los 40 ºC.

El hecho que llama más la atención es que la víctima no presenta durante la mayor parte del tiempo ninguna sudoración.

La hipertermia de esfuerzo es un trastorno muy grave y muy mal conocido por el gran público y los propios deportistas

Algunos consejos preventivos

  • Llevar un buen sombrero o gorra
  • Una buena hidratación previa es indispensable de la misma forma que llevar ropa ligera y adecuada (ropa amplia, de color claro y, si es posible, de algodón).
  • Beber frecuentemente, aprovechando cada descanso para ingestar 250 ml de líquido, incluso si no se tiene sed: la transpiración es la mejor manera de eliminar el exceso de calor previniendo además los
  • Evitar el alcohol y las bebidas con propiedades diuréticas (té, café, …).
  • Las personas sujetas a enfermedades crónicas o que reciben un determinado tratamiento deberían consultar previamente a su médico.
  • En fin, la práctica regular de deportes de resistencia, como las carreras de fondo, es una buena forma de adaptarse al

La radiación solar

 De todos los tipos de radiación que nos llegan del sol, solo la ultravioleta (UV) presenta un peligro real para el cuerpo humano. A largo plazo, las sobre exposiciones solares son en gran medida responsables de la aparición de cánceres de piel y de cataratas. A corto plazo, la radiación ultravioleta, invisible y no calórica, puede provocar graves daños en los ojos y en la piel.

A saber

  • Cuanto más se asciende, más disminuye el filtro natural atmosférico de la radiación: la radiación a 2 000 m es 1,5 veces la que hay a nivel del mar, y a 4 000 m es 2,5 veces
  • La reflexión es máxima sobre la nieve
  • El cielo nuboso o la niebla no filtran en absoluto la radiación ultravioleta y dan una falsa sensación de de seguridad.
  • Cuanto más cerca del ecuador y del solsticio de verano, más importante es la radiación ultravioleta

Algunos consejos preventivos

¡Atención! En la montaña la temperatura generalmente baja hace subestimar la intensidad de la radiación UV. Las partes más sensibles son las más expuestas y salientes: nariz, orejas, mejillas, frente, cuello, antebrazo, …

La ropa y las cremas protectoras son la mejor protección posible. Los productos solares (cremas para la piel y protector labial) deben ser aplicados por lo menos cuatro o cinco veces al día. Su índice de protección (I.P.) debe ser alto: superior a 25.

La insolación

 La insolación es consecuencia de la exposición a una temperatura elevada y a los rayos solares y surge indistintamente en reposo o durante un esfuerzo.

Dolores de cabeza, vértigos, fatiga extrema, pérdida del apetito y sudor frío son los principales síntomas. La temperatura corporal del individuo es generalmente normal o un poco elevada.

La oftalmía

 La oftalmía es una quemadura por radiación ultra- violeta de la córnea, que es la capa protectora del ojo. Esta quemadura se desarrolla sin que el paciente se dé cuenta y los primeros síntomas aparecen sin relación aparente con la exposición al sol. Suele aparecer como una simple sensación de ‘grano de arena’ bajo los párpados, un enrojecimiento de los ojos y un lagrimeo, acompañado posteriormente de problemas en la visión, pudiendo llegar a transformarse en una ceguera transitoria.

No existe un tratamiento curativo. La oftalmía no es grave en sí mis- ma. Se suele curar sin dejar secuelas en 48 horas con unos pequeños cuidados (aplicación de agua fría, apósitos oculares, reposo en oscuridad, …). Es grave indirectamente pues supone una pérdida total de autonomía por parte de la persona que la sufre (provocando la inmo- vilización de una cordada por ejemplo).

Algunos consejos preventivos

Es indispensable llevar gafas especiales, que cubran todo el ojo con cristales de alta calidad. Los colirios preventivos, líquidos que se aplican en la conjuntiva del ojo, no dispensan absolutamente de llevar las gafas. Estos colirios deben ser considerados como una medida de protección complementaria para ojos particularmente sensibles.

¡Atención! Un frasco de colirio empezado debe ser destruido después de dos o tres semanas.

Las quemaduras solares

 La clásica ‘quemadura solar’ no es más que una auténtica quemadura cutánea cuya gravedad, sin embargo, raramente excede del segundo grado. Una quemadura de primer grado se caracteriza por un simple enrojecimiento con picor. En las de segundo grado aparecen las ampollas en la piel.

Tratamiento

Cuando la quemadura solar es leve (sin ampolla) el dolor puede ser calmado utilizando jabones alcalinos y la aplicación de cremas. Cuando la quemadura es más grave (con ampollas), es necesario aplicar sobre la zona quemada una gasa con antibió- tico si la piel está desgarrada. Acuda luego al médico o farmacéutico. Sobre todo, no vuelva a exponer a los rayos del sol una zona quemada aunque sea ligeramente. Es necesario pro- tegerla con apósitos o cremas con índice de protección 40 ó más y volver a aplicarlos cada 30 minutos.

Los aludes

Las grandes extensiones de nieve virgen, tan buscadas hoy en día por los esquiadores, esconden bien sus peligros. De hecho en cualquier época del año se pueden producir en las pendientes nevadas aludes de nieve en polvo, de placa o de nieve húmeda. El riesgo de que se generen aludes espontáneamente o provocados por el paso de uno o varios esquiadores depende del estado del manto nivoso, el cual evoluciona constantemente bajo el efecto de las condiciones meteorológicas.

Conducta a seguir

Quedar sepultado por un alud entraña un gran número de tipos de lesiones responsables de politraumatismos, de compresiones prolongadas, de estados de asfixia y de hipotermias.

Teniendo en cuenta la gravedad de las lesiones, el equipo de salva mento debe proporcionar un rápido soporte médico en el mismo lugar del accidente (helicóptero, equipos de reanimación). Durante la espe- ra los grupos autónomos deben poner en práctica sus conocimientos de los ‘gestos simples que salvan’.

Por ejemplo, es indispensable para su propia seguridad que cada miembro del grupo esté equipado de una pala, de una sonda y de un Arva (pequeño aparato emisor-receptor de búsqueda de víctimas de aludes), utensilios que deben saber utilizar para buscar y localizar en el menor tiempo posible un compañero de excursión enterrado.

Recordemos que la probabilidad de supervivencia es de un 93% para una persona enterrada por un alud durante 15 minutos: casi todas las personas rescatadas en los primeros 15 minutos después de que quedaran enterradas, que no habían sufrido lesiones mortales y que fueron atendidas con los primeros auxilios, salieron indemnes de la catástrofe. Pero pasados entre 15 y 45 minutos desde ser sepultadas por la nieve la probabilidad de supervivencia decrece muy rápidamente, al 25%, ya que los que han quedado sepultados sin una bolsa de aire mueren por asfixia. Más allá de los 45 minutos, únicamente quienes estén en una bolsa de aire pueden sobrevivir, pero pueden ser víctimas de hipotermia.

Los boletines de estimación del riesgo de aludes

Escala de tamaños de aludes

El tamaño de los aludes es una de sus principales características. Se clasifican en cinco categorías, en función de su potencial destructivo y de la longitud de su recorrido.

La catalogación establecida por la organización europea de servicios de aludes (EAWS) para ser aplicada desde la temporada 2018/2019 es la siguiente:

Tamaño Nombre Clasificación según

el potencial destructivo

Clasificación según

la zona de llegada

Tamaño

1

Alud

pequeño

(colada)

El riesgo de ser enterrado por el alud es mínimo (riesgo de caídas). La nieve se detiene normalmente antes de llegar al final de la ladera.
Tamaño

2

Alud

mediano

Podría enterrar, herir o matar a una persona. El alud se para normalmente al final de la ladera.
Tamaño

3

Alud

grande

Podría enterrar y destruir un coche, dañar un camión, destruir un edificio pequeño o romper algunos árboles. El alud podría atravesar zonas planas (de pendiente considerablemente menor de 30°) a lo largo de una distancia menor de 50 m.
Tamaño

4

Alud

muy grande

Podría enterrar y destruir un vagón de tren, camiones grandes, varios edificios o una parte de un bosque. El alud atraviesa zonas planas (de pendiente considerablemente menor de 30°) a lo largo de una distancia mayor de 50 m y puede llegar al fondo de valle.
Tamaño

5

Alud

extremadamente grande

Podría modificar el paisaje; potencial destructivo desastroso. El alud llega al fondo del valle; el mayor recorrido conocido.

 

Todos los aludes representan un peligro para el ser humano. Incluso los pequeños, que pueden derribar y arrastrar a las personas que se encuentren en su camino. Las denominaciones de los tamaños de los aludes utilizadas hasta la temporada pasada se establecieron con un propósito científico. Los actuales nombres de los tamaños tratan de ser una referencia más adecuada para la valoración del peligro al que se enfrentan las personas.

Escala europea de peligro de aludes

El peligro de aludes se valora utilizando una escala de cinco niveles, de uso común en todos los países de Europa.

La escala europea de peligro de aludes es la referencia central para determinar y comunicar el peligro por avalanchas de nieve. Es un elemento de consenso internacional en permanente revisión para adaptarse a las necesidades de la protección de vidas y bienes en el ámbito de la montaña nevada. Se ha actualizado en 2018 para recoger las nuevas denominaciones de los tamaños de los aludes, aprobada por la organización europea de servicios de aludes (EAWS).

El nivel de peligro en la escala varía en función del grado de inestabilidad del manto nivoso, del tamaño de los aludes que pueden producirse y del número de laderas en las que pueden desencadenarse, ya sea espontáneamente o al paso de personas.
Se utilizan iconos identificativos de distintos colores, para facilitar la comunicación:

Verde  = Nivel 1 (Débil)

Amarillo = Nivel 2 (Limitado)

Naranja = Nivel 3 (Notable)

Rojo = Nivel 4 (Fuerte)

Rojo/Negro = Nivel 5 (Muy fuerte)

Escala europea de peligro de aludes

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