La meteorología en el primer viaje de Carlos V a España.

Parte 2. La travesía terrestre.

Manuel Antonio Mora García. Delegado Territorial de AEMET en el Principado de Asturias.

El 19 de septiembre de 1517, tras doce días de azarosa navegación, el futuro rey Carlos I de España llega a Tazones (Asturias) procedente de Flandes, emprendiendo una larga travesía por la costa cantábrica para luego adentrarse en tierras de Castilla. A través de las crónicas de Laurent Vital, su ayudante de cámara, podemos conocer cómo transcurrió su primer contacto con España, conociendo la amabilidad de sus gentes y sus costumbres, como la fiesta taurina. También describe el tiempo en su llegada a España, ¿sería muy diferente al actual?

En el relato de la travesía marítima del capítulo anterior, dejamos a Carlos I frente a la costa asturiana, en concreto la flota fondeó en Tazones, pequeño puerto pesquero muy próximo a Villaviciosa. Aunque pueda parecer intrascendente, los historiadores no aclaran dónde puso por primera vez pie en tierra Carlos I. Según el relato de Laurent Vidal, prepararon y engalanaron una gran barcaza real (falúa) donde embarcaron el Rey y su hermana, así como acompañantes notables, ”Y, aunque a un cuarto de legua, había un pueblo y puerto llamado Tazones, esto no obstante, no fueron allí a causa de que era un lugar demasiado malo para alojarse en él tanta gente principal, y a causa de que, a dos leguas cerca de allí, había una buena villita, donde estarían mucho mejor alojados que en dicho Tazones. Entonces, a fuerza de remos, llevaron a dicho señor Rey por un río de agua dulce que entraba en tierra, entre dos altas montañas que se perdían de vista, llegando este río hasta esa villita llamada Villaviciosa.” El cronista oficial, Pedro Boisot, describe este momento así: “echaron anclas, y una vez fondeados, el Rey, su hermana, las señoras y señoritas, con todos los grandes Maestres y señores, entraron en la Falúa Real, y a remo se dirigieron a tierra pasando a lo largo de un pueblecito llamado Tazones, por no tener condiciones para alojar a la comitiva. El Rey fue llevado, por una ría que se internaba en el país, hasta una villa llamada Villaviciosa, a la cual llegaron siendo ya de noche. Por ello, algunos historiadores, afirman tajantemente que el rey desembarcó en Villaviciosa, no en Tazones.

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Tazones (Asturias). https://www.turismoasturias.es

Sin embargo, Vital y Boissot relatan que los lugareños, al observar la llegada de las 40 naves que fondearon en Tazones, algo nunca visto en este pequeño puerto pesquero, se dispusieron inicialmente para la defensa, puesto que pensaban que eran enemigos turcos o franceses. Una vez vieron que los que desembarcaban no iban armados, que había también damas y damiselas, y que hablaban castellano y portaban el blasón de Castilla, depusieron las armas y dieron la bienvenida a la comitiva real. Por tanto, sí hubo desembarco en Tazones, pero queda la duda de si el valiente príncipe Carlos, tras doce días de navegación fue capaz de resistirse a poner pie en tierra y acompañar a su séquito.

Carlos V pernoctó su primera noche en Villaviciosa el 19 de septiembre de 1517, dando comienzo a su larga travesía por la cornisa cantábrica en dirección a Valladolid, ciudad a la que llegó casi dos meses después, el 18 de noviembre. Permaneció en este lugar cuatro días, mientras los furrieles y alguaciles hacían acopio de carros y mulas para el viaje, ya que el navío con las caballerizas había naufragado durante la travesía. Para entretener al rey, se organizó una corrida de toros, celebrada en 21 de septiembre, los astados “dieron juego porque eran fieros y se defendían bien”. El rey se aficionó a la fiesta taurina durante este viaje, ya que en otras localidades le agasajaron con corridas (San Vicente de la Barquera, Llanes, Aguilar de Campoo), hasta el punto que años después, para celebrar el nacimiento de su hijo Felipe II, mató un toro en una corrida celebrada en Valladolid (probablemente Goya no se documentó adecuadamente sobre la vestimenta real en esa época).

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Carlos V, lanceando un toro en la plaza de toros de Valladolid. Francisco de Goya. Copyright © 2017. Museo Nacional del Prado.

El príncipe Carlos, que vivió sus primeros 17 años en Flandes, debió sorprenderse al contemplar el agreste y bello paisaje asturiano, en contraste a las monótonas planicies de los Países Bajos. En el capítulo anterior hemos aventurado que el clima en las primeras decenas del siglo XVI en Asturias podría ser similar al actual, al menos algunas de sus características climáticas actuales, como el “veranillo de San Miguel” o el “cordonazo de San Francisco” podrían haber estado presentes.

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Vital describe Asturias diciendo “….este país está lleno de altas montañas y valles y en muchos sitios en inhabitable por los desfiladeros que hay allí. En varios de estos valles hay también fructuosa y fértil tierra como por aquí, como praderas, huertas y tierras de labor, que anualmente producen abundantes bienes, como trigo, avena, cebada, mijo; también vinos muy fuertes, y frutas, como manzanas, peras, naranjas, granadas, higos, nueces, cerezas y castañas; y también tienen buenos pastos para alimentar el ganado.” Sorprende que hubiera producción de algunas frutas típicamente mediterráneas (naranjas, higos) y de vino (en la actualidad restringida al suroccidente asturiano, Denominación de Origen Cangas). Por tanto, es probable que el clima en esos años fuera incluso más cálido, menos lluvioso y soleado que el actual.

El joven príncipe también descubrió algunas características geológicas singulares de las zonas costeras kársticas de Asturias, como los “bufones” (especie de dolinas conectadas con el mar a través de galerías erosionadas) y que describe perfectamente Vital:

“Llanes está situado a un tiro de ballesta cerca de la mar, la cual llega, por una entrada muy peligrosa, hasta dentro de la villa, y bate incesantemente contra las rocas y montañas, que son altas en sumo grado, pareciendo que es una sima del infierno por el ruido del agua, la cual salta continuamente más alto que una lanza a causa de las grandes ondas que allí se encuentran y redoblan contra aquellas rocas cavadas y partidas en grandes hoyos por los que se mete el agua; y cuando estos hoyos están llenos, entonces vuelve a salir fuera, saltando, espumando y mugiendo tan impetuosamente que apenas si se oye uno a otro gritar ni hablar, lo que es cosa horrorosa y espantosa de ver y oir.”

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Bufones de Arenillas (Llanes)

http://www.llanes.es/naturaleza/bufones-arenillas-monumento-natural

El diccionario de la Real Academia Española no contempla esta acepción del término “bufón”, aunque el poeta José Zorrilla, en la introducción de su leyenda en verso  ”El cantar del Romero” (1886) ofrece una bella descripción de los bufones de Vidiago. Aunque solemos decir que “una imagen vale más que mil palabras”, Zorrilla emplea más de mil palabras de una belleza y sensibilidad extraordinaria para describir los bufones, sin faltar al rigor científico, como muestra este extracto:

Este eco, de su alcázar no lejano,

de mi balcón los vidrios estremece

cuando, al crecer de noche el océano

con la marea equinoccial, parece

que se viene la mar sobre la tierra;

el eco de su caverna se enfurece,

y al viento contra el mar llamado a guerra,

amedrenta la costa y la ensordece

con bufidos de son tan pavoroso,

que turban de los pueblos el reposo.

Mas cuando el mar azul en calma duerme

y humilde el pie de los peñascos lame,

el eco yace en la caverna inerme

sin responder aunque la voz le llame.

Eco que asorda la comarca entera,

no del hombre a la voz sale al encuentro;

sólo habla con el mar cuando se altera,

ruge a impulso del mar de dentro a fuera,

no responde jamás de fuera adentro.

Yo le he ido a buscar: en el embudo

de piedra en que la mar boca le cava,

me asomé y le llamé: mas se hizo el mudo,

porque era yo, no el mar quien le llamaba.

https://es.wikisource.org/wiki/El_cantar_del_romero:_01

Volviendo al clima asturiano, en la actualidad no difiere mucho del clima de la región flamenca, como vemos en la comparativa entre Oviedo y  Bruselas:

http://wwis.aemet.es/es/home.html

Ambos climas actuales son del tipo Cfb (Clima templado sin estación seca) según la clasificación climática de Koppen, aunque más lluvioso y cálido en Oviedo que en Bruselas.

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El 23 de septiembre, el rey partió de Villaviciosa y se dirigió a la localidad próxima de Colunga, Vital describe el tiempo de la siguiente forma: “Y aunque entonces hacía tiempo bueno y suave, cuando estábamos así como a una corta legua del alojamiento, súbitamente se levantó de las montañas una fría y negra bruma que se esparció en derredor del país. Viendo esto, los que sabían qué significaban tales brumas, lo advirtieron a la nobleza a fin de que se apresurasen en ganar el alojamiento; pero, por más diligencia que se puso, no se pudo apresurar tanto sin que antes de llegar al alojamiento cayese esa bruma en forma de aguacero que duró sin cesar hasta el día siguiente, y que caló hasta los huesos a la compañía, principalmente a las damas y doncellas que iban a caballo y una parte en carretas descubiertas. No había entonces por el campo polvo ni sol que pudiese molestar a nuestras damas, sino, por el contrario, quedaron completamente caladas; no les faltaba más que un sol fuerte para poder secarse convenientemente.

La referencia al tiempo bueno y suave quizás coincidiera con el veranillo de San Miguel (29 de septiembre), climatológicamente se refiere al último episodio de temperaturas por encima de lo normal una vez comenzado el otoño, que suele estar acompañado de cielos poco nubosos, a finales de septiembre. La publicación “Características meteorológicas en España de cada mes del año, del meteorólogo Jose María Lorente, hace referencia a esta singularidad climatológica. No ocurre todos los años, además con frecuencia la fecha de comienzo de la estación astronómica no coincide con la del comienzo de la estación meteorológica.

 

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Calendario meteorofenológico de 1953. Características meteorológicas en España de cada mes del año. Jose María Lorente. Páginas 159-160
https://repositorio.aemet.es/handle/20.500.11765/144?mode=full

Con respecto a la “fría y negra bruma”, quizás se podría referir a una súbita tormenta. Habitualmente las tormentas formadas en la meseta castellana, bajo el flujo rector del suroeste asociado a la parte delantera de una vaguada en niveles medios de la atmósfera, se extienden desde la cordillera hacia el mar, dando lugar a precipitaciones (aunque en este caso no hace referencias a descargas eléctricas).

Una característica del clima veraniego y de comienzos de otoño es la presencia de densas brumas o nieblas a primeras horas en la costa, que dan lugar a finas lloviznas (orbayu), pero que luego rápidamente desaparecen dando paso a un día soleado. Tal vez, eso fue lo que ocurrió el 28 de septiembre, cuando se dirigían de Llanes a Colombres:

 “Por fortuna hizo un hermoso día, por lo cual el camino era más agradable de andar, y si las damas se habían mojado un poco antes, en aquel momento tuvieron un sol hermoso y el tiempo a pedir de boca”.

En San Vicente de la Barquera, el rey enfermó y permaneció varios días. Como no mejorara, “los médicos dijeron que sería bueno cambiar de sitio y de aire, puesto que aquel aire marino le era contrario y porque, yendo por los campos de un lugar a otro y renovándose el aire, podría encontrarse mejor.” Aunque su intención inicial era dirigirse a Santander, donde buena parte de los nobles y así como sus enseres esperaban, tuvo conocimiento de la existencia de peste en la ciudad de Burgos y alrededores, por lo que ordenó que trajeran “sus bagajes, cámara y guardarropa, capilla y joyas” y que los nobles viajaran al punto de encuentro en Aguilar de Campoo desde Santander.

El 12 de octubre parte hacia la localidad de Treceño en Cantabria, que describe como: “está situado entre dos altas montañas, en una hermosa, verde y fructuosa tierra, en la que crecen toda clase de frutos, como trigo, vinos y otros en gran abundancia”. De nuevo hace referencia a la presencia de la vid en las comunidades cantábricas.

El día 14 de octubre, el Rey partió de Cabuérniga (Cantabria) y pernoctó en Los Tojos (Cantabria), “y como ese día hacía buen tiempo y claro y quieto el aire, los médicos tuvieron el parecer de que se levantasen tiendas y pabellones en medio de una hermosa pradera para alojar en ellos al Rey y toda la nobleza”. Continúa diciendo Vital que “a propósito de lo dicho anteriormente, de que alrededor de las montañas no hay seguridad ni estabilidad en el tiempo, os diré que un poco antes de cenar, se levantó una negra fría bruma con un gran viento que creció cada vez más, de modo tal que se convirtió en un rudo tiempo de tormenta, viento y lluvia, por donde se podía evidentemente conocer que había muy rudo y peligro tiempo en el mar, y que había peligro para los navíos que se volvían a Flandes”.

El temporal súbito al que se refiere, bien pudiera haber sido una galerna cantábrica, ya que finaliza este capítulo de la siguiente forma “Alrededor de un mes después de este tiempo, se decía en la corte que en la mar había hecho el más rudo tiempo y gran tormenta que hace tiempo había hecho, y que era una lástima oir hablar del gran daño que había habido allí, por las gentes ahogadas que en la orilla de la mar habían encontrado, tanto ante Vizcaya como en los alrededores, y por los navíos que habían perecido y naufragado”.

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El naufragio, de Joseph Mallord William Turner – Calouste Gulbenkian Museum, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=900745

El cambio brusco de tiempo también pudiera ser reflejo del primer gran temporal atlántico tras el verano, que suele ser denominado como “El cordonazo de San Francisco”, aunque no necesariamente ocurre todos los años (ver calendario de Lorente anterior).

Al día siguiente, 15 de octubre, partió desde Los Tojos, que no tiene una gran elevación (a unos 600 m de altitud) en dirección a Reinosa, por lo que sorprende que nevara: “partió de aquella alta montaña y hacia un tiempo frío, feo y desapacible, a causa de que llovía, nevaba y venteaba demasiado”. Climatológicamente, las primeras nevadas en Asturias suelen ocurrir en la primera quincena de noviembre, sorprende que fuera una nevada tan temprana y a cotas tan bajas.

El príncipe Carlos, tras el largo viaje residió temporalmente en Valladolid, pero pronto continuó viajando por tierras castellanas, y durante el verano del año siguiente visitó Aragón, residiendo en Zaragoza. Según Font Tullot, el verano de 1518 fue especialmente caluroso en la Meseta. Calor en verano también debía hacer en Asturias, o eso es lo que manifestaron las mujeres de Villaviciosa a Laurent Vital para que intermediara ante el rey y les permitiera abandonar los tocados medievales que llevaban las mujeres casadas. Así describe esta graciosa anécdota “y fue allí donde por primera vez vi a las mujeres, ataviadas con los adornos de tan extraña manera; porque parecía que se hubiesen plantado sobre sus cabezas fárragos de cosas o golillas, o, hablando más clara y honestamente, esas cosas con las que los hombres hacen los niños y es el más endiablado adorno de mujeres que jamás se haya visto”. Semejante adorno, de aspecto fálico, debía dar calor en verano por la gran cantidad de tela empleada e ir ceñido a la cabeza. Continúa Vital sobre este asunto: “Hablando de esa materia, el rey y los señores se echaron a reír, diciendo que los adornos resultaba alegres y nuevas maneras, y que cuando los viesen en Brabante, Flandes o en sus alrededores se reirían mucho. Ante su insistencia, parece que les recomendó paciencia hasta que lo pusiera en conocimiento de sus consejeros de Castilla”. Pasaron 150 años antes de conseguir que se abandonara su uso, que se extendía por la cornisa cantábrica.

 

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Así van en Santa María de Vizcaya / Así van a la iglesia las mujeres en Vizcaya con piedad porque son gente piadosa. Christoph Weiditz. Fundación Joaquín Díaz.

Como última reflexión meteorológica, indicar que durante la estancia en Aguilar de Campoo, Vital se refiere el Cristo de dicha localidad: “Entonces oí decir que nunca llevaban ese Cristo en procesión, a no ser por gran necesidad, como por esterilidad de sequía, estar aquejados de peste u ocupados en alguna otra necesidad; entonces, con gran devoción, lo llevaban y se encontraban en breve aliviados y socorridos en lo que pedían”. Curiosamente, a diferencia de la devoción popular de otras zonas de la península, las rogativas a este Cristo en aquella época eran pro-pluvia en vez de pro-serenate, lo que se podría interpretar como que las sequías eran más frecuentes (o perjudiciales) que las lluvias abundantes.

Carlos V viajó por todo su imperio, su último viaje por mar lo realizó en 1556, zarpando el 17 de septiembre desde Flesinga y llegando el 28 a Laredo, en un viaje sin incidencias, con la tranquilidad de haber abdicado a favor de su hijo y viendo próximo su final.

El 5 de octubre parte hacia el monasterio de Yuste (Cáceres), en una larga travesía. El 12 de noviembre, los cronistas expresan que “S.M. atravesó el puerto Nuevo con grandes dificultades, ya en la litera, ya en silla de manos. Al llegar a la cima del puerto, dijo: -Ya no franquearé otro puerto que el de la muerte-” (suponemos que se refiere al puerto de Tornavacas, Avila). El 3 de febrero llega al monasterio de Yuste, donde falleció al año siguiente, el 21 de septiembre de 1558.

En el solemne discurso de abdicación, en Bruselas, Carlos V resumió de esta manera su vida plagada de viajes:

” Nueve veces fui a Alemania la alta, seis he pasado en España, siete en Italia, Diez he venido aquí a Flandes, cuatro en tiempos de paz y de guerra he entrado en Francia, dos en Inglaterra, otras dos fui contra Africa, las cuales todas son cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta que por visitar mis tierras tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el Mar Mediterraneo y tres el Oceano de España y agora será la cuarta que volvera a pasarla para sepultarme. Por manera que doce veces he padecido las molestias y trabajos de la mar. Y no cuento con estas la jornada que hice por Francia a estas partes, no por alguna ocasión ligera, sino muy grave, como todos sabeis”.

Como dice Pilar Bosqued: “El hecho de que Carlos V decidiera escoger los paisajes españoles del interior para retirarse —lo hizo en el monasterio jerónimo de Yuste en la provincia de Cáceres— no debe por tanto sorprendernos. Así, cual si fuera un contemporáneo jubilado holandés o belga se adelantó en varios siglos a lo que ahora contemplamos con normalidad. Carlos distinguió a nuestro país y paisajes de entre todos cuantos conoció, señalándolo como el preferido o más adecuado para quedarse hasta morir.”

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Retrato de Carlos V hacia 1550. Anónimo. Rijksmuseum Amsterdam

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA:

El emperador Carlos V en Asturias. Real Instituto de Estudios Asturianos. 1958

Los paisajes de Carlos V: primer viaje a España (1517-1518) Pilar Bosqued Lacambra.  Revista Espacio, Teiumpo y Forma, Serive VII, Hº del Arte, t. 22.23, 2009-2010, pags 103-140

Historia del clima de España. Cambios climáticos y sus causas. Inocencio Font Tulllot. 1988 INM.

Estudios de historia de Asturias. Juan Uría Ríu. Biblioteca histórica Asturiana.

Carlos de Gante. Los viajes del emperador.Estancias y viajes del emperador Carlos V.Manuel de Foronda y Aguilera.1914

Los paisajes de Carlos V: primer viaje a España (1517-1518) Pilar Bosqued Lacambra.  Revista Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII, Hº del Arte, t. 22.23, 2009-2010, pags 103-140

https://carlosvdelaredoayuste.wordpress.com/

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