60 Aniversario del récord de frío en zonas pobladas de España: -30 ºC en Calamocha-VOR (Fuentes Claras)

Artículo de Vicente Aupí @VicenteAupi, divulgador científico y observador-colaborador de Aemet en la estación oficial de Torremocha del Jiloca (Teruel).

El 17 de diciembre de 2023 se cumplen 60 años de una efeméride legendaria: los -30 ºC registrados en 1963 en el observatorio Calamocha-VOR, sito en el término municipal de Fuentes Claras (Teruel).

Se trata del récord de frío en zonas pobladas de España reconocido oficialmente por Aemet, un dato que en pleno siglo XXI puede parecer de un pasado remoto. Lo cierto es que a mediados del siglo XX el triángulo geográfico formado por Teruel, Calamocha y Molina de Aragón registraba casi todas las décadas valores inferiores a los -20 ºC, lo que ha hecho que desde entonces sea considerado el polo del frío español.

Mapa con la situación meteorológica en superficie del 17 de diciembre de 1963 a las 6 de la mañana, hora a la que se registraban valores de -28 ºC a -30 ºC en las provincias de Teruel y Guadalajara. imagen: aemet

Aquel 17 de diciembre de 1963, España y el resto del mundo seguían conmocionadas por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, presidente de Estados Unidos, cometido unas semanas antes. En nuestro país apenas tuvo eco que se habían alcanzado los -30 ºC en la provincia de Teruel, noticia que pasó prácticamente desapercibida en aquella época salvo en la zona y en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), como se llamaba entonces la actual Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Ese umbral de -30 ºC sólo contaba con un precedente en la red oficial: en el mítico febrero de 1956 la estación meteorológica de montaña de Estany Gento (Lleida), a más de 2.200 metros, había registrado una mínima de -32 ºC el día 2, dato que a fecha de hoy se mantiene como récord de frío absoluto. Siete años después, el 17 de diciembre de 1963, al despejarse el cielo tras un temporal de nieve que afectó a buena parte de España, se registraron -30 ºC en el observatorio Calamocha-VOR, en el municipio turolense de Fuentes Claras, y -28 ºC en las cercanas poblaciones de Molina de Aragón (Guadalajara) y Monreal del Campo (Teruel). La diferencia entre ambos episodios es que los -32 ºC de Estany Gento en 1956 se observaron en una zona no habitada y los -30 ºC de 1963 fueron en zona poblada, por lo que Aemet reconoce oficialmente ambos, ya que en el segundo caso tiene una especial importancia por su impacto social.

Boletín Meteorológico del 17 de diciembre de 1963. imagen: AEMET

Los observatorios de Calamocha y Molina de Aragón se habían puesto en marcha en la década de los 40 con la misión fundamental de aportar datos meteorológicos para la navegación aérea, ya que ambos se encuentran bajo el puente aéreo que une Madrid y Barcelona. Sin embargo, aunque sus habitantes ya conocían esa singularidad climática, tanto en aquella década como en las siguientes los datos se hicieron notar en el ámbito meteorológico por la frecuencia con la que se alcanzaban mínimas inferiores a los -20 ºC. Antes del récord de -30 ºC de 1963, las dos poblaciones habían anotado temperaturas de -25 ºC a -28 ºC en 1945, 1947 y 1952, tal como consta en los boletines meteorológicos de la época.

En el caso de Calamocha, el observatorio ha tenido varios emplazamientos diferentes desde sus inicios y, según consta en el Banco Nacional de Datos Climatológicos de Aemet, en diciembre de 1963, cuando se produjo el récord de -30 ºC, se hallaba en el vecino término municipal de Fuentes Claras. Por esa razón es habitual que cada año se conmemore el aniversario del récord tanto en Calamocha como en Fuentes Claras.

La realidad es que la mañana de ese 17 de diciembre de hace 60 años hubo temperaturas en el entorno de los -30 ºC en una amplia franja territorial, tanto de la provincia de Teruel como de su confluencia con las de Guadalajara y Zaragoza. Además de los -28 ºC registrados en Molina de Aragón y Monreal del Campo hubo -27 ºC en Luco de Jiloca (Teruel) y -22,4 ºC en Daroca (Zaragoza).

Cielo despejado, viento en calma y suelo cubierto de nieve

El récord de -30 ºC en 1963 constituye el mejor ejemplo, pero la práctica totalidad de episodios en los que se han alcanzado temperaturas inferiores a los -20 ºC en el triángulo Teruel-Calamocha-Molina de Aragón comparten un escenario atmosférico caracterizado por tres factores indispensables: que el cielo esté despejado, que haya calma o el viento sea muy débil y que el terreno esté cubierto de nieve. Cuando alguno de estos tres factores no se da, se interrumpe el proceso de enfriamiento y las temperaturas no bajan tanto. Esto es extensivo a la gran mayoría de registros de -20 ºC que se han dado en España fuera de zonas de montaña, como por ejemplo los -24 ºC observados en Albacete el 3 de enero de 1971, mínima absoluta oficial entre capitales de provincia; los -27, 6 ºC de Camesa de Valdivia (Palencia), también en 1971, y los -26,5 ºC de Riaño (León) el mismo año.

La particularidad climática que distingue al triángulo Teruel-Calamocha-Molina es su mayor predisposición a que confluyan esos tres factores fundamentales, lo cual explica que desde finales del siglo XIX a la actualidad se hayan producido más de un centenar de episodios con mínimas inferiores a -20 ºC en algún punto de esta zona de España, entendiendo que el triángulo no es una frontera, sino una referencia geográfica que incluye su entorno inmediato, como prueba el hecho de que la cercana Daroca (Zaragoza) ostente una mínima absoluta de  -24,2 ºC, registrados en 1918 a poco más de 700 metros de altitud.

Hoja de observación de diciembre de 1963. A la derecha, los -30 ºC del récord. A diferencia de años anteriores, desde enero de 1963 se tomaban datos a la una de la madrugada, al haberse incorporado la estación Calamocha-VOR a la red sinóptica. Aquel 17 de diciembre ya había -21 ºC a esa hora. imagen: aemet

Vigilancia 24 horas

En las hojas de observación consta que los días 14 y 15 de diciembre de 1963 nevó y el terreno permaneció nevado en los días siguientes en toda la zona. El 16 se despejó el cielo y hubo -19 ºC de mínima en Calamocha-VOR, pero al día siguiente, el 17, el termómetro se desplomó hasta los -30 ºC. Resulta llamativa la secuencia de temperaturas de aquella madrugada, la más fría de la historia reciente en zonas habitadas de España, ya que en la observación de la una de la madrugada aparecen anotados -21 ºC, y -28 ºC a las 7 horas.

Los -30 ºC constituyen un umbral mítico en el mundillo meteorológico y pueden parecer algo inconcebible en un clima como el de España, pero el hecho de que en las cercanas Molina de Aragón y Monreal del Campo hubiera -28 ºC aquella misma mañana del 17 de diciembre de 1963 constituyen una evidencia de que nos encontramos ante un dato fiable.

Como se ha citado antes, el observatorio de Calamocha ha tenido varios emplazamientos diferentes para una misma serie climatológica. La mayoría de ellos corresponde al propio término de Calamocha, donde estuvo tanto al principio de su serie (aeródromo militar) como en la actualidad, ya que desde 1992 se halla emplazado en unos terrenos al norte de su núcleo urbano.

Manuel Villamón, uno de los testigos del récord de 1963, en el observatorio Calamocha-VOR, en el término de Fuentes Claras. Con 94 años, aún recuerda hoy que tuvieron que usar un soplete para descongelar la verja del observatorio y llegar a la garita.
foto: cortesía familia villamón

En diciembre de 1963, de acuerdo con los datos oficiales de Aemet, se hallaba en Fuentes Claras, término municipal vecino de Calamocha, en un punto más elevado que el del aeródromo militar, que fue elegido por sus mejores condiciones para la vigilancia de la navegación aérea. Además de establecerse en Fuentes Claras un centro de comunicaciones para el control del tráfico aéreo más moderno y mejor ubicado por su mayor altitud (930 metros), las instalaciones fueron equipadas con el observatorio meteorológico, que continuaba la serie climatológica del aeródromo de Calamocha y al mismo tiempo servía de información al tráfico aéreo acerca de las condiciones atmosféricas en la zona. De hecho, desde el 1 de enero de 1963, la serie marca un cambio destacado al incorporarse el observatorio a la red meteorológica sinóptica. En las propias hojas de observación el cambio queda plasmado en que, a diferencia de los años anteriores, aparecen los datos de los principales parámetros meteorológicos (temperatura, presión atmosférica, precipitación, viento, etc.) anotados a la una de la madrugada, algo que pudo hacerse al estar el personal de vigilancia las 24 horas del día, como correspondía a las exigencias para el control del tráfico aéreo.

Radiación “versus” advección

Los episodios más notables de bajas temperaturas en España obedecen a dos situaciones meteorológicas diferentes: las advecciones de aire de origen polar (marítimo o continental) y los procesos radiativos que favorecen el enfriamiento nocturno en condiciones de estabilidad atmosférica. En el segundo caso, la influencia de las noches más largas del año en las semanas cercanas al solsticio de invierno es determinante, sobre todo en situaciones extremas como las que se dieron en 1963.

El 17 de diciembre, aunque astronómicamente aún es un día otoñal, no sólo es una fecha totalmente invernal en lo meteorológico, sino que al estar tan cerca del solsticio tiene una de las noches más largas del año, por lo que en las condiciones que se dieron (cielo despejado, viento en calma y suelo nevado) hubo un enfriamiento extraordinario. Lo fundamental, en cualquier caso, es que si bien en zonas de montaña, a altitudes de más de 2.000 metros, las advecciones polares pueden propiciar temperaturas tan bajas como los -32 ºC de Estany Gento en 1956, en el triángulo Teruel-Calamocha-Molina de Aragón y en la mayor parte de la España habitada, las temperaturas más bajas siempre se dan en situaciones propicias para los fríos de radiación. En las advecciones, pese a que el viento constituye un factor que aumenta la sensación de frío por la pérdida de calor en nuestro organismo, también se convierte en el agente que corta el descenso de las temperaturas.

Curva de temperatura del 15 al 18 de diciembre de 1963 en la estación Calamocha-VOR.

Un ejemplo muy ilustrativo es el de la comparación de los reanálisis meteorológicos a 850 hPa (unos 1.500 metros de altitud) de los días 11 de febrero de 1956 (uno de los más fríos del siglo XX en el continente europeo) y 17 de diciembre de 1963 (fecha del récord de -30 ºC en zonas pobladas de España). Como se puede apreciar en las dos ilustraciones, la excepcional advección de aire polar de 1956 está plasmada con un intenso color azul oscuro que delata la masa de aire glacial que invadía el continente de norte a sur, mientras que en la de 1963 el tono verdoso indica que el aire no es tan frío como en 1956 en capas altas. Sin embargo, en 1963 debido a la inversión térmica, había temperaturas comprendidas entre -28 y -30 ºC en amplias zonas del triángulo Teruel-Calamocha-Molina, donde en cambio en 1956 no se bajó de los -17 ºC a causa del viento, que interrumpió el enfriamiento del aire que sí que se da cuando hay calma atmosférica.

La advección polar de 1956 (izquierda) muestra aire más frío (azul) en capas altas que en 1963, ya que estaba rota la inversión térmica. Por eso, en el triángulo que forman Teruel, Calamocha y Molina, en 1956 sólo se alcanzaron -17 ºC, mientras que en 1963 la inversión térmica propició los -30 ºC. fuente :wetterzentrale

¿Un récord irrepetible?

La tendencia a la subida generalizada de temperaturas detectada a lo largo del siglo XXI hace inimaginable que pueda batirse en España el récord de 1963. Sin embargo, el cambio climático no excluye esa posibilidad, por cuanto los factores fundamentales son los que se han explicado antes, es decir, que confluyan en la zona adecuada los tres elementos que favorecen el desplome térmico: cielo despejado, calma y suelo nevado.

En lo que llevamos de siglo XXI ha habido solamente dos grandes olas de frío comparables a las que con mayor frecuencia se daban a mediados del siglo XX: las de diciembre de 2001 y enero de 2021, que dejaron mínimas de -25 ºC en el primer caso y de -27 ºC en el segundo en la zona considerada como el polo del frío español. Tales valores son cercanos al del récord de 1963, por lo que no sólo no se puede excluir esa posibilidad, sino que la propia ampliación de la red meteorológica española, actualmente en expansión, puede abrir la puerta a ello, ya que se disponen de datos en zonas en las que antes no había observaciones.

El observatorio de Calamocha en la actualidad, en su emplazamiento situado en el mismo término municipal, al norte del núcleo urbano. foto: Vicente Aupí

El cambio climático supone una menor frecuencia de olas de frío, pero una vez que se dan las condiciones mencionadas queda abierta la puerta a fríos extremos por debajo de los -20 ºC, como pudo comprobarse en enero de 2021, cuando los cielos se despejaron y la atmósfera quedó en calma acompañada del extraordinario manto de nieve que depositó la borrasca Filomena en una amplia zona de la Península. Los valores de -25 a -27 ºC registrados el 12 de enero de 2021 en las parameras de Molina de Aragón y en el valle turolense del Jiloca son indicativos de que el proceso actual de calentamiento, que se observa sobre todo en las temperaturas medias, no excluye en absoluto la posibilidad de que puedan volver a alcanzarse los -30 ºC en alguno de los lugares más fríos de España.

(En este artículo sólo se utilizan datos meteorológicos oficiales de Aemet).

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