Artículo elaborado por Manuel Antonio Mora García, Delegado Territorial AEMET en Castilla y León
Se cumplen 75 años de la publicación de El camino, la tercera novela de Miguel Delibes. Con más de tres millones de copias y traducida a 15 idiomas, es una novela universal. De estilo muy diferente a sus novelas anteriores, supuso un cambio en su estilo narrativo, mostrando una de las señas de identidad de su obra, el amor a la naturaleza.
La meteorología está presente en mayor o menor medida en toda la obra de Miguel Delibes, tal vez por su afición a las actividades al aire libre, en especial a la caza y la pesca, tan dependientes de las condiciones atmosféricas. En El camino, ambientada en un valle cántabro, las referencias al tiempo y el clima son numerosas.
En El camino, Delibes abandona el estilo engolado de La sombra del ciprés es alargada, obra con la que ganó el premio Nadal en 1947, y emplea un lenguaje de apariencia más sencilla:
«En El camino me despojé por primera vez de lo postizo y salí a cuerpo limpio…ser fiel a uno mismo, escribir como se es». (Del prólogo de El camino. Ed. Destino, 2010)
En Los niños (1994), antología de textos de Miguel Delibes sobre la infancia, el autor resume el argumento de esta obra, que recoge los principales temas de sus novelas: la infancia, la muerte y la naturaleza.
«El camino es la tercera de mis novelas y la primera que yo acepto como mía después de las dos primeras que considero obras de aprendizaje. En El camino se da, con un argumento que nos brinda los avatares de un pueblecito de la montaña en los años de la posguerra española, un plantel de personajes un tanto estrambóticos pero humanos, convincentes y divertidos, vistos a través de los ojos de un niño, Daniel, apodado el Mochuelo. La novela responde a un breve tiempo: las horas de la noche que preceden a la partida de Daniel hacia la ciudad adonde se dirige para comenzar sus estudios de acuerdo con el deseo de su padre de que progrese. El Mochuelo no está de acuerdo con la decisión paterna y, en su última noche en el pueblo, sobreexcitado e insomne, reconstruye la breve historia del valle de la que él participó en compañía de sus dos inseparables amigos, el Moñigo y el Tiñoso. La sucesión de peripecias y anécdotas muy propias de la edad de los protagonistas conforma el perfil abigarrado de un pueblecito en el que pasé muchos veranos de mi infancia y adolescencia: Molledo, entre la hoz de Reinosa y la de Torrelavega, donde mi padre nació y murió después de 81 años de vida completos: desde el 6 de agosto de 1874 al 5 de agosto de 1955.
Pero como parte fundamental de esta historia se nos muestra también la apretada solidaridad de una amistad infantil. Las travesuras de los pequeños protagonistas, la deformada visión de los hechos que el niño juzga y el autor traduce con ironía adulta hacen revivir en el lector —de cualquier lugar del mundo— su propia infancia y la nostalgia por los años perdidos».
En Molledo, Delibes acumuló buenos recuerdos de su infancia y su juventud; algunos muy especiales, ya que allí pasó su luna de miel en 1947 y fue el lugar donde terminó de mecanografiar El camino:
«Yo veraneaba en Molledo-Portolín (Santander) y Ángeles, mi novia, en Sedano (Burgos), a cien kilómetros de distancia. ¿Cómo reunirnos? […] Así que pensé en la bicicleta como transporte adecuado que no ocasionaba otro gasto que el de mis músculos» (Mi vida al aire libre. Memorias deportivas de un hombre sedentario).
Ramón García Domínguez, amigo y biógrafo de Miguel Delibes, relata que El camino es una de las obras predilectas de su autor. Fue escrito en tan sólo tres semanas, sin apenas correcciones, como pudo comprobar al ver el manuscrito original que conservaba Miguel Delibes, deteriorado por la humedad. Delibes justificaba su estado:
«Fue a causa de una inundación del trastero, donde guardaba el manuscrito, cuando yo vivía en el Paseo de Zorrilla número 7. Allá por los años 60, no lo recuerdo con precisión. ¡Lo que sí recuerdo perfectamente es que fueron unas lluvias torrenciales de las que hacen época!» (El quiosco de los helados. Ramón Rodríguez. Ed. Destino 2007).
Probablemente Delibes se refiera a las fuertes lluvias del 3 de julio de 1961, cuando se recogieron 66,5 l/m2 en 24 horas en Valladolid, o tal vez el 3 de octubre de 1966, cuando se recogieron 50,9 l/m2.
Molledo es un municipio ubicado en el valle de Iguña, en la zona central de Cantabria. Con una altitud de unos 250 m, a orillas del río Besaya, el valle se encuentra rodeado de montañas que alcanzan los 1000-1200 m. Su clima está condicionado por la baja altitud, la proximidad al mar Cantábrico (a unos 30 km en línea recta) y la compleja orografía, con la cordillera Cantábrica muy cercana (la Sierra de Peña Labra se encuentra a unos 30 km en línea recta, con altitudes superiores a 2000 m).
EL CLIMA DEL VALLE DE IGUÑA
La precipitación y la temperatura media anual son las dos variables meteorológicas fundamentales que definen los climas. En la zona del valle de Iguña el clima es templado y húmedo. La precipitación media anual es elevada, con un total anual de 1267 mm o l/m2 (periodo de referencia 1971-2000), distribuida a lo largo de todo el año, aunque durante el estío las precipitaciones son menos abundantes.
En verano la precipitación oscila entre 64 mm en junio y 51 mm en agosto, mientras que durante el resto del año las precipitaciones mensuales superan los 110 mm, destacando los meses de abril y noviembre, los más lluviosos, con 147 mm. El número anual de días de precipitación apreciable (superior a 0,1 mm) es de 145, y el de días de precipitación superior a 1mm totalizan 123. El número anual de días especialmente lluviosos, con precipitación superior a 30 mm, es de 10.
La temperatura media anual (periodo de referencia 1971-2000) es de 11,7 ºC. Enero, con una temperatura media de 5,7 ºC es el mes más frío, y julio con 18,4 ºC de temperatura media, es el mes más cálido.
De acuerdo a la clasificación climática de Köppen, se trata de un clima de tipo Cfb (templado sin estación seca con verano templado), también conocido como clima oceánico.
En el periodo vital de Miguel Delibes previo a la publicación de El camino (1920-1950), los veranos eran bastante más fríos que en la actualidad (salvo los años 1949 y 1950). En el siguiente gráfico se representan las anomalías del trimestre junio-julio-agosto respecto al actual periodo de referencia (1991-2020), utilizando la base de datos Global Surface Temperature Analysis (NOAAGlobalTemp). El verano de 1936 fue el más frío, con una anomalía de -2.16 ºC mientras que el verano de 1949 tuvo una anomalía positiva (+ 0,09 ºC).
La tendencia a veranos cada vez más cálidos, consecuencia del cambio climático, se observa perfectamente al ampliar la serie hasta nuestros días. En el siguiente gráfico se reflejan las temperaturas estivales durante el periodo vital de Miguel Delibes (1920-2010) ampliado a nuestros días. El intenso calor del verano de 2003 se refleja no sólo en esta gráfica de Molledo; también fue un estío especialmente caluroso en Sedano (Burgos), donde veraneaba Delibes. Esta extraña circunstancia fue la que dio lugar a la obra La Tierra herida: qué mundo heredarán nuestros hijos? (2005), escrita por Miguel Delibes Setién y su hijo Miguel Delibes de Castro, un diálogo entre padre e hijo sobre cuestiones relativas al cambio climático.
Obviamente, si nos remontamos a mediados del siglo XIX, en la serie de temperatura media anual se observa ese incremento de temperatura debido al cambio climático, especialmente acusado en el siglo XXI.
En cuanto a las precipitaciones, de acuerdo a la base de datos del proyecto de la NOAA The Global Precipitation Climatology Project (GPCP) Monthly Precipitation Climate Data Record (CDR), se observa un descenso en los últimos decenios.
Nota Final: Puedes leer la segunda parte de este artículo en este enlace.