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Treinta años sin Mariano Medina

Un artículo de José Miguel Viñas, Meteorólogo de Meteored y divulgador científico. Responsable de la web: http://www.divulgameteo.es

Este año se cumple el 30º aniversario del fallecimiento de Mariano Medina. El deceso tuvo lugar en Madrid, el 28 de diciembre de 1994, cuando el recordado meteorólogo tenía 72 años de edad. Finalizaba así una vida intensa, volcada en la Meteorología. Su labor, tanto en televisión española (TVE) como en el Servicio Meteorológico, creó escuela y dejó un poso que llega hasta nuestros días.

Lamentablemente, Mariano Medina no pudo disfrutar de una larga jubilación, iniciada en 1987. Aquel día de los Santos Inocentes de 1994 nos dejaba el primer hombre del tiempo. El día siguiente, los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia. En el diario ABC aparecía una necrológica firmada por José Antonio Maldonado, en la que, aparte de repasar de forma sintética la vida del recién fallecido, expresaba su admiración y afecto hacia él, compartido, a buen seguro, por tantísima gente que sintió su pérdida; la de una persona que había formado parte de sus vidas, entrando en las casas de millones de españoles a diario durante casi 30 años, gracias a la televisión.

En palabras de Maldonado: “Su rigor, su capacidad de comunicación y su profundo conocimiento de la materia fueron calando en la sociedad. No solamente contaba el tiempo probable para el día siguiente con los escasos medios de entonces, sino que explicaba el porqué, y así fuimos familiarizándonos con las isobaras, los frentes o las borrascas.” Y desvelaba también a los lectores un rasgo poco conocido para quienes sólo le conocían por su imagen pública: “El aspecto serio y, quizá áspero que presentaba en la pantalla era el más puro contraste con su forma de ser cuando no estaba trabajando. Le gustaban las bromas y disfrutaba oyendo chistes y más aún contándolos, de lo que puedo dar fe porque me hizo reír con más de uno.”

Si Mariano Medina siguiera vivo sería una persona centenaria. Cumpliría 102 años este 2024. El inexorable paso del tiempo ha hecho que sea alguien desconocido para las dos últimas generaciones, pero su recuerdo sigue vivo en las personas nacidas en la década de 1960 y anteriores. El recordado meteorólogo nació el 8 de julio de 1922 en el pueblo toledano de Las Ventas con Peña Aguilera, con apenas 2 años de edad se trasladó a Toledo capital, donde transcurrió su infancia y juventud.

Mariano Medina dibujando uno de los mapas en TVE. Cortesía de la familia Medina.

La Meteorología llegó a su vida de forma casual, aunque desde pequeño mostró cualidades sobradas para ello, gracias a su capacidad innata para las matemáticas y las ciencias en general, materias en las que empezó a destacar en bachillerato. Lo cursó en el instituto del Palacio Lorenzana, donde estuvo ubicado el observatorio meteorológico de Toledo durante más de 70 años (1908-1982).

Sus inicios en Meteorología

Al finalizar la Guerra Civil, Mariano Medina comunicó a sus padres su deseo de estudiar una carrera en Madrid, lo que suponía un gran esfuerzo económico para la familia. Su padre intentó quitarle la idea de la cabeza, pero contó con el firme apoyo de su madre. Comenzó la licenciatura de Ciencias Físico-Químicas en la Universidad Central (actual Universidad Complutense de Madrid), que completó en cuatro años, con brillantez, licenciándose en el verano de 1943. Aquel otoño se examinó para una oposición a Catedrático de Instituto, pero no aprobó.

El día que fue a mirar su nota en el tablón de anuncios, se encontró allí con un oficial del Ejército del Aire, con quien entabló una conversación que marcaría su futuro. Le contó que era físico y meteorólogo y le animó a presentarse a las oposiciones que convocaba el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) [actual AEMET], dependiente en aquellos momentos del antiguo Ministerio del Aire. Era la primera vez que Mariano Medina había hablado con un meteorólogo y que tenía conocimiento de esa profesión.

Mariano Medina a principios de los años 40, durante su etapa de estudiante universitario. Cortesía de la familia Medina.

La convocatoria de la oposición al Cuerpo Facultativo de Meteorólogos salió publicada en septiembre de 1944. Había ocho plazas en juego. Mariano Medina fue pasando los distintos exámenes y la aprobó con éxito, logrando el nº 1 de su promoción. El 1 de agosto de 1945 se convirtió oficialmente en meteorólogo. Al principio se incorporó a la Sección de Predicción de la Oficina Central, en el Retiro, hasta que en 1947 pasó temporalmente a la Oficina Meteorológica del aeropuerto de Barajas, a la espera de cubrir una vacante de meteorólogo en el aeropuerto de San Pablo, en Sevilla. Fue para allá a mediados de septiembre de aquel año, contribuyendo a modernizar la oficina meteorológica de la citada base aérea y los procedimientos.

En esa etapa sevillana, Mariano Medina compaginó su actividad en San Pablo con la enseñanza, impartiendo clases particulares y también ejerciendo como profesor de Física, Química y Matemáticas en el colegio Villasís. Los ingresos que le reportaba esta actividad complementaban el sueldo de meteorólogo. A finales de junio de 1949 salió a concurso una plaza de meteorólogo para trabajar en la Oficina Meteorológica de Barajas; la proximidad entre Madrid y Toledo, donde tanto él con su mujer (Carmen, con la que se había casado el año anterior) tenían a sus respectivas familias, fue determinante para regresar a Madrid. Ya quedaba menos para que tanto su actividad como su persona trascendieran fuera del ámbito del SMN y gozaran de una enorme popularidad.

La vida en Madrid a principios de los años 50, todavía inmersos en una larga postguerra y con la familia Medina creciendo (Mariano y Carmen tuvieron diez hijos), obligó al meteorólogo a obtener ingresos extras con actividades diversas que iba compaginando con su trabajo a turnos en Barajas. En 1946, en su primer año trabajando en el Servicio Meteorológico, publicó su primer artículo en prensa, en el diario Arriba. Lo dedicó a las persistentes y abundantes lluvias que hubo la primavera de aquel año en Madrid y otras zonas peninsulares.

En su retorno a la capital de España, llegó a ingresar en la Sección de Meteorología Pura del Instituto de Geofísica del CSIC, que dirigía Francisco Morán, también siguió dando clases particulares y en la Universidad, así como desempeñando otros trabajos esporádicos. Todo ello le fue permitiendo cubrir las necesidades económicas para vivir con la familia (cada vez más numerosa) en Madrid. Al igual que otros meteorólogos de la época, llamó a la puerta de los medios de comunicación, que en aquel momento (antes de la llegada de la televisión) se limitaban a la prensa escrita y la radio. Se acercaba el momento en que su vida cambiaría para siempre.

Nace el hombre del tiempo

Bajo el pseudónimo de “Profesor Calime”, Mariano Medina junto a los también meteorólogos Alberto Linés y José María Casals ofrecieron sus colaboraciones semanales a distintos medios de comunicación, tanto artículos para periódicos como guiones para las radios. Cada semana uno de ellos se encargaba de preparar el texto y se repartían la cantidad que percibían por ello a partes iguales. El nombre del profesor ficticio era el resultado de unir las iniciales silábicas de sus tres apellidos. Su colaboración más duradera fue en el periódico Arriba y en Radio Nacional.

El primer día de emisión de Televisión Española (TVE) fue el 28 de octubre de 1956. Un par de semanas antes, Mariano Medina fue requerido por sus superiores en el SMN y le propusieron que fuera el meteorólogo que informara del tiempo cada día en el nuevo medio televisivo. Se copió el formato empleado por la BBC. Allí, en Inglaterra, el 11 de enero de 1954 comenzó a presentar el tiempo el meteorólogo George Cowling (1920-2009), del Servicio Meteorológico Británico (Met Office).

El estreno de Mariano Medina en TVE fue el 30 de octubre de 1956 –tercer día de emisiones– con un espacio que duró 5 minutos. Apareció rotulado “Del Observatorio a su receptor”; un nombre que no era del agrado de Medina, que sugirió usar “El hombre del tiempo” para anunciar sus intervenciones, sabedor de que esa era la fórmula usada en las televisiones estadounidenses (The Weatherman). La sugerencia no fue tenida en cuenta, pero el espacio cambió de nombre y pasó a llamarse “Tiempo probable”.

Mariano Medina presentando el tiempo durante su primera etapa en TVE. Fuente: Archivo de RTVE

Al año siguiente (1957) Mariano Medina comenzó a compaginar sus intervenciones en TVE con las de Radio Madrid (cadena SER), que fue lo que en aquel momento le dio una gran popularidad. La radio era el medio de masas por excelencia, hasta que finalmente la televisión tomó la delantera. Medina entraba dos veces al día en antena, aparte de intervenir los sábados por la noche en “Cabalgata Fin de Semana”, que era el programa de radio más escuchado de la época. Su director y presentador, Bobby Deglané (1905-1983), le presentaba con gran efusividad todas las semanas como “¡El hombre del tiempo!”; un nombre que registró el propio Mariano Medina.

Gracias a sus intervenciones en radio y televisión la población comenzó a familiarizarse con multitud de conceptos meteorológicos, que hasta ese momento eran grandes desconocidos. Referencias al anticiclón de las Azores, explicaciones de la situación meteorológica actual y prevista apoyadas en un mapa de isobaras, con todos los actores meteorológicos implicados: inestabilidad atmosférica, borrascas, corrientes en chorro, bajas térmicas, “gotas frías”, el famoso barco K… Mariano Medina se ganó el respeto y el reconocimiento del público, gracias a su buen hacer (seriedad, claridad expositiva…) a pesar de las limitaciones que en los años 50 y 60 había para disponer de observaciones meteorológicas y atinar en los pronósticos.

En 1963 el diario Pueblo –uno en los que Mariano Medina también empezó a escribir– le eligió el personaje popular de aquel año. Habían transcurrido siete años desde que empezó a salir en la pequeña pantalla y se había convertido en una celebridad. A finales de 1964 publicó su primer libro (“El tiempo es noticia” Ediciones Cid), del que se vendieron muchas ediciones (a partir de la 3ª –publicada por la editorial Paraninfo– pasó a titularse “Iniciación a la Meteorología”). Escrito durante sus vacaciones de verano de aquel año e ilustrado con viñetas de Manolo Summers y figuras técnicas de Carlos Zabaleta, es un libro de divulgación de la Meteorología difícilmente superable, donde se exponen magistralmente los principales conceptos meteorológicos.

Mariano Medina estuvo presentando el tiempo en TVE desde 1956 hasta 1984 (¡28 años en total!). De los primeros mapas dibujados a tiza en una pizarra, se pasó al uso de imanes y plantillas adhesivas que se iban colocando sobre el mapa, así como a dibujar las isobaras y la simbología a rotulador sobre acetatos. A comienzos de la década de 1980 empezaron a estar disponibles las imágenes del Meteosat y Mariano Medina comenzó a mostrar una imagen fija en el espacio, lo que le servía para explicar el tiempo presente, antes de pasar al mapa de predicción.

A lo largo de esa larga etapa televisiva se fue rodeando de otros compañeros meteorólogos, también muy recordados, como Eugenio Martín Rubio (que entró inicialmente para cubrir las vacaciones de Medina), Pilar Sanjurjo (la primera mujer del tiempo de TVE), su hermano Fernando (Medina), y también (durante una etapa más corta) Manuel Toharia.

Lamentablemente, tanto el final de su labor en televisión como su última etapa en el por entonces Instituto Nacional de Meteorología (INM) fueron amargos. En algunas entrevistas que concedió a la prensa a mediados de los 80, Mariano Medina se mostró muy dolido y triste por la situación que le tocó vivir. En relación a su salida de TVE, comentó que fue fruto de un acuerdo entre TVE y el INM, “pero viendo cómo ha transcurrido todo, me pregunto qué he hecho para tener que irme de televisión como si fuera un delincuente.”

Su inmensa labor de comunicación y divulgación meteorológica no merecía ese final (también sufrido por su hermano Fernando y por Pilar Sanjurjo). Tanto o más duro fue culminar sus cuarenta y dos años de servicio como meteorólogo ocupando un puesto irrelevante para alguien de su valía. Las siguientes palabras suyas resumen bien cuál era en aquellos momentos su estado de ánimo: “He perdido bastante ilusión por mi trabajo. Cumplo con lo que me mandan, me voy a casa, y punto. El resto del día se lo dedico a mi familia, que es el único refugio que me queda”. No podemos olvidarnos de la destacada labor que llevó a cabo en el Servicio Meteorológico, donde dejó una profunda huella.

Un destacado meteorólogo y profesor

Mariano Medina estuvo compaginando su trabajo en Barajas con su frenética actividad en los medios, hasta que en 1962 obtuvo por concurso una plaza en el Centro de Análisis y Predicción (CAP), creado en la nueva sede central del SMN, en la Ciudad Universitaria de Madrid. En 1965 se incorporó a la recién creada Sección de Meteorología Marítima, impulsando, junto a Carlos Zabaleta (antes mencionado), las predicciones costeras y de alta mar. En 1966 se doctoró en la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis dirigida por el también meteorólogo y profesor universitario Manuel Castañs. Ese mismo año comenzó a dar clases de Física de la Atmósfera en la ETSI de Ingenieros Aeronáuticos de Madrid.

Tras varios meses asumiendo la Jefatura de la Sección de Meteorología Marítima, en los que puso en circulación la “Revista de Meteorologia Marítima”, a finales de 1971 pasó a ser el Jefe del CAP, permaneciendo en el cargo hasta 1979. Al ocupar ese puesto se convirtió en el principal responsable de la predicción meteorológica en España. Aquellos años la predicción numérica del tiempo comenzaba a dar sus primeros pasos y Mariano Medina contribuyó a impulsarla, no siendo hasta los años 80 cuando estuvo plenamente operativa, iniciando un imparable avance que sigue hasta nuestros días.

Mariano Medina dibujando un mapa en el Centro de Análisis y Predicción del SMN, en los años 70. Cortesía de la familia Medina.

La capacidad de trabajo de Mariano Medina en aquellos años es difícil de concebir. Baste decir que aparte de todo lo que ya se ha reseñado, formó parte de varios tribunales de oposición al SMN, impartió cursos monográficos de doctorado en la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense, y se convirtió en maestro de meteorólogos, gracias a los cursos de Meteorología Sinóptica que impartió en el SMN (INM a partir de 1978). Sus clases magistrales sentaron cátedra y dejaron una huella imborrable en muchas promociones de meteorólogos. Sus apuntes los reunió en otro de sus grandes libros: “Meteorología básica sinóptica” (Paraninfo, 1976).

En su libro “Compartiendo el tiempo” (Punto Rojo, 2015) el meteorólogo Ángel Rivera indica con acierto que Mariano Medina desempeñó un “papel fundamental en la transición desde la meteorología sinóptica clásica (…) hacia la basada en los modelos numéricos de predicción; la predicción actual. Mariano era un gran especialista en esa meteorología sinóptica [extrajo el máximo de ella], tanto desde un punto de vista conceptual como aplicado.” En resumen, su recuerdo no debe limitarse a sus intervenciones en televisión, sino también a todo lo que hizo por el desarrollo de la Meteorología.

Aunque han transcurrido ya treinta años desde que Mariano Medina nos dejó, sirvan estas líneas para recordar su figura y también para animarle a leer o releer sus libros y artículos, que nunca defraudan. A través de ellos el maestro sigue entre nosotros, más vivo que nunca.

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