El clima de València en los actos falleros de septiembre. 1 al 5 de septiembre (1938-2020).

Por José Ángel Núñez, D.T. de AEMET en la Comunidad Valenciana

“No son Fallas, sino unos actos falleros”. Son las palabras de Joan Ribó, alcalde de València, que ya nos advierten de que los actos que se van a realizar en la ciudad entre el 1 y el 5 de septiembre estarán muy lejos de lo que es la normalidad de una semana fallera, plena de fiesta, con multitud de gente en las calles.

Los actos falleros de septiembre de 2021 todavía se realizarán con medidas COVID decretadas por la Generalitat Valenciana que afectarán a muchas localidades que tradicionalmente celebran estas fiestas, y que imponen limitaciones en las reuniones sociales, en los espectáculos y celebraciones y que también limitan la movilidad nocturna, lo que obligará a modificar el horario de actos tan emblemáticos como la cremà, o suspender otros como la mascletà o la nit del foc.

Bien lejanos de la normalidad van a estar estos actos falleros de 2021 debido a las restricciones vigentes por la pandemia de la COVID y, desde luego, bien distinto es el clima y el tiempo de unas fallas en marzo a las de los actos falleros de este septiembre. En ambos casos las celebraciones están cercanas a los equinoccios, pero las de marzo se celebran aún en invierno y las de septiembre en los días finales del verano. Sólo hay que echar un vistazo a la figura 1, que representa la evolución de la temperatura media en la ciudad de València a lo largo del año (actualizada al último periodo normal 1991-2020), para comprobar que las fallas de marzo se realizan todavía en época fría, aunque a 60 días del periodo más frío del año, y las de septiembre sólo 28 días después de la canícula, todavía en el periodo de días más cálidos del año, con una temperatura media similar a la del 8 de julio.

Figura 1. Temperatura media normal (promedio 1991-2020) en la ciudad de València.

Pero, a pesar de que estas fallas de septiembre no serán como los tradicionales de marzo, ni en las celebraciones y actos que se van a realizar, ni en el tiempo y clima en el que se van a desarrollar, la realidad es que en estos últimos días del verano de 2021 volverán a plantarse los monumentos falleros en las calles, y algunos actos tradicionales como la ofrenda o la cremà se celebrarán, por lo que el tiempo atmosférico de esos días puede condicionar el desarrollo de alguno de esos actos. La climatología de la semana del 1 al 5 de septiembre desde 1938, año en el que comenzaron los registros en el observatorio de los Viveros, nos puede orientar del tiempo que suele hacer durante esos días, a la vez que nos servirá para comparar lo diferente que es el clima durante las fallas de marzo al clima de la primera semana de septiembre.

TEMPERATURA

En cuanto a temperatura, hay una gran diferencia entre los registros medios de los días en los que se celebran las fallas de marzo, aún en los últimos días del invierno, y los de los primeros días de septiembre, todavía en verano, a tres semanas del cambio de estación. Solamente hay que ver que la semana fallera más cálida, la de 1988, fue más fría que la equivalente más fresca de septiembre, la de 1965 (figura 2).

Figura 2. Temperatura media en la ciudad de València en los periodos del 15 al 19 de marzo y del 1 al 5 de septiembre.


Computando los 83 años de registros, la temperatura media diaria de las fallas de marzo es de 14.0 ºC y la de septiembre es de 24.3 ºC, por tanto, 10.3 ºC superior. Aunque no es muy significativa, es más acusada la diferencia entre las noches de septiembre y marzo (+10.7) que entre los días (+9.7).

Valores medios de temperatura en los últimos 83 años. 15 al 19 de marzo y 1 al 5 de septiembre.

Lógicamente, con una diferencia tan grande en los valores medios, la probabilidad de tener algún día muy cálido al principio de septiembre es muy alta. Mientras que en las fallas de marzo sólo en un día de 415 (83 años por 5 días de semana fallera), se han superado los 30 ºC, el 19 de marzo de 1940, con 30.8 ºC de temperatura máxima, en la semana del 1 al 5 de septiembre se ha superado en 88 ocasiones, 1 de cada 5 días, e incluso en un 3 % de los días se superaron los 35 ºC, con el máximo absoluto el 3 de septiembre de 1999 cuando se llegó a 38.4 ºC.

El final del invierno y el principio de la primavera suelen estar caracterizados por una gran variabilidad atmosférica, y suele ser habitual que a días relativamente frescos le sucedan otros cálidos, aunque hay un patrón que se suele repetir con mucha frecuencia en la semana de fallas en la ciudad y que popularmente es conocido como “tiempo fallero”: con la llegada de la primavera y en días estables, a partir de mediodía se establece el típico régimen de brisas, que cuando es el predominante en esta semana de fiestas, da lugar a que las temperaturas diurnas más altas tomen valores próximos a 20 ºC, mientras que las mínimas se quedan alrededor de 10 ºC. Esas brisas que empiezan a ser un viento diurno predominante en marzo, ventilando y refrescando todas las ciudades litorales, en septiembre ya son muy débiles, con lo que hay que contar que, además de que las temperaturas son más altas en septiembre, el confort térmico es más bajo debido a que el efecto refrescante de la brisa está muy atenuado.

La variabilidad atmosférica en marzo es muy superior a la de septiembre (figura 3); el coeficiente de variación del periodo del 15 al 19 de marzo es del 16 %, frente al 6 % del periodo del 1 al 5 de septiembre; es decir, podemos esperar más alternancia de días fríos y cálidos en marzo que en septiembre, cuando las temperaturas suelen ser más estables, a no ser que haya algún temporal de levante o algún día de entrada de vientos de poniente que puedan dar lugar a días de temperaturas atípicas dentro del periodo.

Figura 3. Diagrama de cajas de la serie de temperaturas de marzo y septiembre.


PRECIPITACIONES

Si en la temperatura hay menos variabilidad en septiembre que en marzo, en el caso de las precipitaciones es al revés, septiembre es más variable que marzo y dentro de septiembre hay una gran variabilidad entre unos años y otros, como en este caso acertadamente indica el refrán: el setembre s’enduu els ponts o eixuga les fonts (septiembre se lleva los puentes o seca las fuentes).

La mitad de los años analizados (42 de 83) no hubo ningún día con precipitación apreciable en la semana del 1 al 5 de septiembre en la ciudad, pero en un 17 % de los años (14 de 83) llovió un día de forma apreciable y también en un 17 % de los años llovió dos; en un 12 % llegó a llover 3 días (10 de 83), y en tres ocasiones, 2003, 2004 y 2015, hubo precipitaciones en la ciudad en 4 de los 5 días del periodo del 1 al 5 de septiembre (figura 4).


Pero la gran diferencia en cuanto a precipitaciones con respecto a marzo, más que en el número de días de lluvia y la variabilidad, radica en la forma en la que se producen las precipitaciones en septiembre. Como se ha visto en el punto anterior, la mitad de los años del periodo analizado no han registrado ningún día de precipitación apreciable e incluso llegó a haber cinco años consecutivos en los que no llovió en los primeros días de septiembre: el setembre eixuga les fonts, septiembre seca las fuentes. Pero cuando se producen precipitaciones suelen ser de forma mucho más intensa que en marzo y en muchas ocasiones acompañadas de tormenta: el setembre s’enduu els ponts, septiembre se lleva los puentes.

Los primeros días de septiembre aún son una fecha temprana para que se produzcan grandes temporales de levante. Normalmente, en la primera semana de septiembre, cuando hay precipitaciones suele ser en forma de chubascos breves pero intensos acompañados de tormenta. Los grandes temporales de levante que afectan a un área extensa y son persistentes durante horas, son más característicos a partir de mitad de septiembre y durante octubre y noviembre. A pesar de eso, también durante la primera semana de septiembre se han producido grandes temporales de lluvias torrenciales que han afectado a la ciudad de València, el más significativo fue el del año 1989, que provocó graves inundaciones en muchas localidades del litoral de las tres provincias.

Figura 5. Precipitación acumulada en el periodo del 1 al 5 de septiembre (1938-2020).

Durante el temporal de levante de los días 4 al 6 de septiembre de 1989 se llegaron a acumular  hasta 508 l/m2 en Torrent, 437 en Tavernes de la Valldigna, 402 en Gandia y 356 en El Verger. En la ciudad de València se llegaron a acumular 201 l/m2, de los cuales 171 el día 5, con intensidad muy fuerte en la madrugada de ese día. El día 5 de septiembre de 1989 estuvo lloviendo en València durante 19 horas y 25 minutos.

También en 2004 hubo precipitaciones muy fuertes o torrenciales los días 2 y 3 de septiembre, acumulando en la ciudad 108.5 l/m2, aunque en aquella ocasión el temporal fue más breve que el de 1989.

VIENTO

A no ser que haya alguna racha de viento provocada por tormentas, el viento en la primera semana de septiembre es menos intenso que en marzo y es muy baja la probabilidad de un temporal de viento fuerte generalizado a estas alturas del verano, lo que no ocurre en marzo, cuando hay años con temporales de viento de poniente que dificultan tanto la plantà como la estabilidad de los monumentos falleros.

En la primera semana de septiembre sigue predominando el régimen de brisas, con brisas débiles de tierra en horas nocturnas y brisas marítimas a partir de media mañana, pero la intensidad de las brisas en una fecha de verano tan avanzada es notablemente inferior a la de primera o las primeras semanas del verano. Esta menor intensidad del viento da lugar a una menor ventilación de la ciudad y a un menor confort térmico.

INSOLACIÓN

La semana del 1 al 5 de septiembre, en promedio, tiene cinco horas más de sol que las fallas de marzo (37.7 horas en marzo frente a 42.7 en septiembre). La causa principal es que las fallas de marzo se celebran unos días antes del equinoccio de primavera y, por tanto, aunque cerca de la época del año en que la duración del día y de la noche se iguala, aún los días son más cortos que las noches. En septiembre ocurre lo contrario, el periodo del 1 al 5 de septiembre es anterior al equinoccio de otoño y en esta época todavía los días son más largos que las noches.

Figura 6. Insolación total en el periodo del 1 al 5 de septiembre (1938-2020).

TEMPERATURA DEL AGUA DEL MAR

Si en marzo el tiempo acompaña, ya se puede ver cómo valencianos y visitantes se acercan a las playas a disfrutar de un paseo por la orilla, incluso los días más cálidos, sobre todo por la mañana, cuando las brisas son más flojas que por la tarde, hay quien aprovecha para tomar el sol, pero poca gente se atreve a tomar el baño en el periodo de las fallas de marzo, ya que el agua del mar está aún fría, a un promedio de 13.9 ºC.

Este septiembre de 2021, si el tiempo acompaña, el panorama de las playas será seguramente distinto, no sólo porque como hemos visto la temperatura media es 10 ºC más alta en estas fechas y hay más insolación, sino también porque la temperatura del mar suele ser en septiembre muy cálida, en promedio, 25.6 ºC, que es 11.7 más que en marzo (figuras 7 y 8).

Figura 7. Temperatura superficial del agua del mar frente a la ciudad de València en los periodos del 15 al 19 de marzo y del 1 al 5 de septiembre.
Figura 8. Temperatura superficial del agua del mar frente a la ciudad de València en el periodo del 1 al 5 de septiembre (promedio 1991-2020).


Acerca de aemetblog

La Agencia Estatal de Meteorología sucedió ya en 2008 a la entonces Dirección General del Instituto Nacional de Meteorología, con más de 150 años de historia. Actualmente está adscrita, según el artículo 4.4 del Real Decreto 864/2018, de 13 de julio, por el que se desarrolla la estructura orgánica básica del Ministerio para la Transición Ecológica, a ese departamento ministerial a través de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. El objeto de AEMET, según el artículo 1.3 del Real Decreto 186/2008, de 8 de febrero por el que se aprueba su Estatuto, es el desarrollo, implantación, y prestación de los servicios meteorológicos de competencia del Estado y el apoyo al ejercicio de otras políticas públicas y actividades privadas, contribuyendo a la seguridad de personas y bienes, y al bienestar y desarrollo sostenible de la sociedad española". Como Servicio Meteorológico Nacional y Autoridad Meteorológica del Estado, el objetivo básico de AEMET es contribuir a la protección de vidas y bienes a través de la adecuada predicción y vigilancia de fenómenos meteorológicos adversos y como soporte a las actividades sociales y económicas en España mediante la prestación de servicios meteorológicos de calidad. Se responsabiliza de la planificación, dirección, desarrollo y coordinación de actividades meteorológicas de cualquier naturaleza en el ámbito estatal, así como la representación de éste en organismos y ámbitos internacionales relacionados con la Meteorología.
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