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LA METEOROLOGÍA EN LA BIBLIA. IV

Por Manuel Antonio Mora García. Meteorólogo del Estado. Delegación Territorial de AEMET en Castilla y León.

La flora y la fauna están condicionadas fundamentalmente por el clima y la actividad humana. En el relato bíblico se mencionan diversas especies vegetales y animales, que nos pueden servir para intuir el clima pasado.  En el Génesis aparece una referencia interesante sobre una zona de clima mediterráneo, con días calurosos y abundante arbolado. Según la tradición judeocristiana, Abraham habitó en el valle de Manre, próximo a Hebrón (Palestina) en fechas indeterminadas alrededor de 1700 a.C. (recordemos que en el anterior capítulo mencionamos como hipótesis que el clima en esa época podría ser más húmedo y cálido que el actual).Abraham recibió en varias ocasiones la visita de Jehová, y en una de ellas le fue revelada la inminente destrucción de Sodoma y Gomorra así como su futura paternidad, pese a la avanzada edad de Abraham y de su estéril esposa Sara. Abraham escucha la palabra de Jehová mientras aparecen tres varones, comiendo a continuación todos juntos bajo la sombra de un árbol en un caluroso día (los teólogos interpretan que eran ángeles que tomaron apariencia humana y que hablaban en nombre de Jehová).

Génesis, 18

1 Y se le apareció a Jehová en el valle de Mamre,

estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día.

———

8 Tomó también cuajada y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él estaba junto a ellos debajo del árbol, y comieron.

Continuando el relato bíblico, tras fallecer Sara, su esposo Abraham adquirió un terreno para darle sepultura en una cueva.  La finca debía contar con abundante arbolado.

Génesis,49

17 Y quedó la propiedad de Efrón que estaba en Macpela en frente de Mamre,

la propiedad, y la cueva que había en ella y

 todos los árboles que había en la propiedad y en todos sus confines,

18 en posesión de Abraham, a la vista de los hijos de Het y de todos los que entraban por la

puerta de la ciudad.

 Aunque no se cita la especie de los árboles referidos, la tradición judeocristiana afirma que se tratan del género “quercus”, y desde hace siglos se conserva de forma simbólica un antiguo ejemplar en este paraje bíblico, el “roble de Hebrón” o la “encina de Manre”.

Izquierda: Roble de Hebrón. P. 383 in Tristram, H. B. (1865) The Land of Israel, a Journal of Travels in Palestine. (1876) Derecha: El Roble de Manre en 2008

El género “quercus” tiene centenares de especies, es un árbol resistente que soporta grandes oscilaciones térmicas y no requiere de excesivas precipitaciones, más bien lo contrario, resistiendo bastante bien a la sequía, por lo que algunas especies tienen gran presencia en el área mediterránea. En el entorno de Israel y Palestina, existen cinco especies, la más abundante el “quercus calliprensis”, también llamado “roble de Palestina” o el “quercus ithaburensis”.

La presión demográfica sobre la zona desde hace milenios, con la extensión de la agricultura, el pastoreo y la extracción de madera provocó una desforestación masiva, que unido al calentamiento de los  últimos decenios y probablemente la menor precipitación, hacen que en la actualidad la masa arbórea probablemente sea mucho menor que entonces. En las imágenes se puede apreciar el estado del “roble de Hebrón” en 1865 y en 2008.

Israel sufrió una deforestación masiva en el siglo XIX por parte del imperio otomano, que necesitaba madera para la construcción del ferrocarril. Afortunadamente las campañas de reforestación llevadas a cabo por el Jewish National Fund (Fondo Nacional Judío) que comenzaron en 1901, están dando resultado, existiendo diversos parques naturales que contienen más de 260 millones de árboles, entre ellos encinas, almendros, cipreses o cedros.

En el texto bíblico se mencionan numerosos bosques y una variada vegetación: árboles de bálsamo, higueras, lino, arrayán, palmeras, viñas, árboles frutales, cipreses, cedros del Líbano, encina, pino, álamos, olmos, castaños, granado, manzano, mirto (árbol aromático), sauces, avellano, almendro, cereales como el  trigo, la cebada y el centeno, pastos y praderas del desierto, y especias como el azafrán, la casia o la canela.  Todo ello es indicativo de la variedad de climas y microclimas en los que se desarrolla esta vegetación, aunque es posible que alguna especia como la canela, propia de climas tropicales, procediera del comercio exterior. Los puertos de Tiro y Alejandría fueron parte de la ruta comercial entre China y Occidente, la llamada “ruta de la seda”, cuyos orígenes probablemente se remonten desde hace más de 3000 años, y que podría justificar que se mencionen tejidos de seda en el relato del Antiguo Testamento).

Pero los que podemos considerar como árboles por excelencia del Antiguo Testamento son la encina y el olivo, típicamente mediterráneos, que aparecen citados en gran número de ocasiones.

En el Génesis se describe el Diluvio Universal, del que hablaremos más adelante. Noé se percata de que pronto podrá pisar tierra firme cuando suelta una paloma y vuelve con una rama de olivo.

Génesis,8

11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde, y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.

En estos versículos, que utilizan el recurso literario del símil, se mencionan la encina y el cedro:

Amós,2

9 Y yo destruí delante de ellos al amorreo,

cuya altura era como la altura de los cedros,

y que era fuerte como una encina;

y destruí su fruto arriba y sus raíces abajo.

Isaías,1

30 Porque seréis como la encina a la que se le cae la hoja

y como el jardín al que le faltan las aguas

Se nombran varios encinares, como el de More o Basán, y algunos ejemplares singulares, probablemente centenarios y de gran porte, que eran utilizados como puntos de referencia:

Jueces, 6

11 Y vino el ángel de Jehová y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás, el abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas.

 Jueces,9

37 Y Gaal volvió a hablar y dijo: He allí gente que desciende de en medio de la tierra, y un escuadrón viene por el camino de la encina de Meonenim.

 Samuel,10

3 Y de allí seguirás más adelante y llegarás a la encina de Tabor, y te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Bet­el, levando uno tres cabritos, y otro tres tortas de pan y el tercero una vasija de vino,

Crónicas,9

2 se levantaron todos los hombres valientes y tomaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos, y los trajeron a Jabes; y enterraron sus huesos debajo de la encina en Jabes y ayunaron siete días.

El personaje bíblico Absael, que había usurpado el trono de su padre David, fue derrotado y asesinado en los bosques de Efraín.  Debieron ser especialmente frondosos, porque parece que sirvieron de escondite al ejército vencido en su huida.

Samuel 2,18

8 Y la batalla se extendió por todo el territorio, y fueron más los que devoró el bosque aquel día que los que devoró la espada.

9 Y Absalón se encontró con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo pasó por debajo del espeso ramaje de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y quedó suspendido entre el cielo y la tierra, y el mulo en que iba siguió de largo.

Recordando los textos de Homero, la Iliada y la Odisea, en ellos se describe una exuberante vegetación, con espesos bosques, y las encinas y olivos son nombrados en numerosas ocasiones.

No braman tanto las olas del mar cuando, levantadas por el soplo terrible del Bóreas, se rompen en la tierra; ni hace tanto estrépito el ardiente fuego en la espesura del monte, al quemarse una selva; ni suena tanto el viento en las altas copas de las encinas, si arreciando muge; cuanta fué la grita de teucros y aqueos en el momento en que, vociferando de un modo espantoso, vinieron á las manos. La Iliada (388)

Como el Euro y el Noto contienden en la espesura de un monte, agitando la poblada selva, y las largas ramas de los fresnos, encinas y cortezudos cornejos chocan entre sí con inmenso estrépito, y se oyen los crujidos de las que se rompen; de semejante modo teucros y aqueos se mataban, sin acordarse de la perniciosa fuga. La Iliada (765)

Algunos bosques también tenían la consideración de oráculo de los dioses, como el de Dodona (Grecia)

Añadió que Ulises se hallaba en Dodona para saber por la alta encina la voluntad de Júpiter sobre si convendría que volviese manifiesta ó encubiertamente al rico país de Ítaca, del cual habíase ausentado hacía mucho tiempo. La Odisea (321)

También se mencionan otros árboles, como álamos, sauces, abetos, acebuches (olivos silvestres) y especies frutales

Allí han crecido grandes y florecientes árboles: perales, granados, manzanos de espléndidas pomas, dulces higueras y verdes olivos. La Odisea (78)

 Aunque no podamos precisar exactamente el clima a través de la vegetación, si podemos intuir climas templados húmedos y la ausencia de cambios climáticos drásticos que hubieran acabado con los ejemplares centenarios.

Otros indicios sobre el clima podemos encontrarlos en la diversas  referencias a la fenología, que se basa en la observación de las aves y las plantas (definición en Meteoglosario)

Cantares,2

11 Porque he aquí ha pasado el invierno,

la lluvia ha cesado y se ha ido;

12 han aparecido las flores en la tierra,

En los países de la Cuenca del Mediterráneo y Oriente Medio, se obtiene la mayor parte de la producción mundial de higos. En estos versículos del Nuevo Testamento se hace referencia a la observación fenológica de la higuera, una de las especies vegetales que durante muchos años fue seleccionada para la  observación fenológica en AEMET.

Hababuc, 3

7 Aunque la higuera no florezca

ni en las vides haya frutos, aunque falle la cosecha del olivo

En el Nuevo Testamento se menciona con frecuencia a la higuera, en símiles o parábolas. Curiosamente no se menciona a la encina o el olivo, aunque un cereal como el trigo toma protagonismo en la parábola del sembrador y la cizaña (Mateo,13).

Lucas,21

29 Y también les dijo una parábola:

Mirad la  higuera y todos

los árboles.

30 Cuando veis que ya brotan,

vosotros mismos entendéis que

el verano ya está cerca.

 Mateo,24

32 De la higuera aprended la parábola:

Cuando ya su rama está

tierna y brotan sus hojas, sabéis

que el verano está cerca.

Santiago,3

11 ¿Acaso echa alguna a fuente por la misma abertura agua dulce y amarga?

12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Pues tampoco una fuente puede dar agua salada y dulce.

 En el Antiguo Testamento se nombran muchas especies de animales. Aunque ahora están extinguidos o prácticamente extinguidos, el león europeo, la pantera o leopardo asiático  y los osos sirios habitaban en los escenarios bíblicos. Así se citan en distintos versículos:

Jeremias,50-24 He aquí que subirá como león de la espesura del Jordán contra la morada de los fuertes….

Jeremías,5

6 Por tanto, el león del bosque los matará, los destruirá el lobo del desierto,

el leopardo acechará sus ciudades; cualquiera que de ellas salga será despedazado,

porque sus transgresiones se han multiplicado; se han aumentado sus rebeldías.

 Samuel,17

34 Y David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre;

y cuando venía un león o un oso y tomaba algún cordero de la manada,

35 salía yo tras él, y lo hería y lo libraba de su boca;

y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano por la quijada, y lo hería y lo mataba.

 En Daniel,6, se describe cómo el rey Darío encierra al profeta Daniel en el foso de los leones, del que con la ayuda de los ángeles consigue salir ileso.

En este versículo se utilizan estas fieras animales como símil:

Proverbios, 28

15 Cual león rugiente y oso hambriento

es el gobernante malvado

sobre el pueblo pobre.

Aunque en el relato bíblico se menciona mucho la nieve, en pocas ocasiones se describe su ocurrencia real en el seno del relato. En este versículo de “Crónicas”(de igual forma se describe en Samuel,23) se cuenta la hazaña de Benaía matando a los leones en las cercanías del mar Muerto, un hecho singular, como también lo es que nevara en esa zona.

Crónicas, 11

22 Benaía hijo de Joiada, hijo de un hombre valiente, de grandes hechos, de Cabseel;

 él venció a los dos leones de Moab;

también descendió y mató un león en medio de un foso un día de nieve.

En Jueces 14-5, se describe como Sansón despezada a un cachorro de león con sus manos junto a las viñas de Timnat.

En los textos de Homero, también son muy numerosas las referencias a estos grandes mamíferos,

Cual león que, penetrando en la vacada, despedaza la cerviz de un buey ó de una becerra que pacía en el soto; así el hijo de Tideo los derribó violentamente del carro, les quitó la armadura y entregó los corceles á sus camaradas para que los llevaran á las naves. La Iliada (159)

Como dos leones criados por su madre en la espesa selva de la cumbre de un monte, devastan los establos, robando bueyes y pingües ovejas, hasta que los hombres los matan con el afilado bronce; del mismo modo, aquéllos, que parecían altos abetos, cayeron vencidos por Eneas. La Iliada (541)

Como un cazador azuza á los perros de blancos dientes contra un montaraz jabalí ó contra un león; así Héctor Priámida, igual á Marte, funesto á los mortales, incitaba á los magnánimos teucros contra los aqueos. La Iliada,291

Púsose en marcha de igual manera que un montaraz león, confiado de sus fuerzas, sigue andando á pesar de la lluvia ó del viento, y le arden los ojos, y se echa sobre los bueyes, las ovejas ó las agrestes ciervas, pues el vientre le incita á que vaya á una sólida casa é intente acometer al ganado; de tal modo había de presentarse Ulises á las doncellas de hermosas trenzas, aunque estaba desnudo, pues la necesidad le obligaba. La Odisea,127

En la Odisea se relata cómo la hechicera Circe, que vivía en la isla de Eea en un palacio “entre un espeso encinar y una selva”, rodeado de animales y de fieras amansadas por su embrujo, convierte en jabalíes a parte de la tripulación de Ulises, a los que alimenta de “fabucos, bellotas y el fruto del cornejo”.

En esta obra  de Schubert y Ruthart (este último pintó los animales), se aprecia el tupido bosque y los animales salvajes como el tigre, el lobo y el oso.

En el relato bíblico se enumeran los animales que se pueden comer (puros) según la tradición judía ortodoxa (alimentos “kosher”) y los que no (impuros),  por lo que es posible que muchos de estos animales habitaran en la zona. Los animales que se pueden comer son la gacela, el ciervo, la vaca, la oveja, bueyes y corzos. Entre los animales “inmundos” se incluye el camello, el conejo, la liebre,  y el cerdo, la comadreja, el ratón, el lagarto, la salamandra, el cocodrilo, la lagartija, el estinco y el camaleón.

En cuanto a las aves enumera “las inmundas”:

Deuteronomio,14

13 Y de las aves, estas tendréis en abominación;

no se comerán, serán abominación:

el águila, el quebrantahuesos, el  azor,

14 el milano y el halcón según su especie;

15 todo cuervo según su especie;

16 el avestruz, y la lechuza, y la gaviota y el gavilán según su especie;

17 y el búho, y el somormujo, y el ibis,

18 y el calamón, y el pelícano, y el buitre,

19 y la cigüeña, y la garza según su especie, y la abubilla y el murciélago.

Curiosamente no menciona a la tórtola, la golondrina y la grulla en ese listado, pero sí lo hace en este versículo.

Jeremías,8

7 Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo;

y la tórtola, y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida;

pero mi pueblo a no conoce el juicio de Jehová.

 En los programas actuales de observación fenológica se encuentra un ave migratoria como la golondrina. La fecha variable de su llegada, que anuncia la primavera, tiene gran interés para los estudios de cambio climático.

Otra ave migratoria que se cita en la biblia es la codorniz, que sirvió de alimento en el desierto al pueblo israelí durante el Éxodo, previamente a la aparición del “maná”, tal y como describimos en el capítulo I.

Éxodo,16

13 Y aconteció que al llegar el atardecer, subieron codornices que cubrieron el

campamento, y por la mañana descendió rocío alrededor del campamento.

 

Números,11

31 Y Jehová envió un viento que trajo codornices del mar y las dejó sobre el

campamento, un día de camino de un lado, y un día de camino del otro lado, en derredor

del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra.

32 Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche,

y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió diez

montones; y las tendieron para sí a lo largo en derredor del campamento.

 

FIN DEL CAPITULO IV