Los colaboradores meteorológicos asturianos (I)

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En la elaboración del presente trabajo ha colaborado el personal de las Delegaciones Territoriales de Aemet en Asturias y Cantabria. 

 

Gran parte del conocimiento del clima de Asturias se lo debemos al esfuerzo de los colaboradores asturianos, personas que de forma altruista y voluntaria realizan observaciones meteorológicas desde hace más de 100 años. Todos los días del año, a las 8 de la mañana, miden la precipitación registrada durante las 24 horas anteriores en la estación pluviométrica de su localidad, así como toman nota de los meteoros ocurridos a lo largo del día. Además, los que disponen de estaciones termopluviométricas, miden la temperatura máxima y mínima. Estos registros son almacenados en el Banco Nacional de Datos Climatológicos de AEMET, y su uso ha permitido a la comunidad científica constatar de forma fehaciente la variación del clima en nuestra región a lo largo de décadas, como queda de manifiesto en numerosos estudios y trabajos sobre el clima de Asturias.

Estos miles de datos, recopilados a lo largo de casi un siglo, son la base para el conocimiento del clima pasado, y sin ellos, no podríamos comprender su evolución futura. La sociedad es consciente de los efectos negativos del actual cambio climático, y reclama la adopción de medidas que mitiguen los efectos adversos sobre las próximas generaciones. Esta valiosa información, recopilada de forma infatigable día a día por los colaboradores asturianos, bien podría constituir el primer eslabón en la cadena de la lucha contra el cambio climático, cuyo máximo exponente, la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, ha sido recientemente galardonada con el premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional.

Esta encomiable labor diaria y voluntaria, que supone un gran sacrificio y constancia y que ha perdurado en ocasiones durante décadas a través de varias generaciones, debe ser reconocida por su importancia y trascendencia, ya que redunda en el bienestar de la sociedad asturiana presente y futura.

 

Antecedentes

El hombre se ha interesado por el tiempo atmosférico desde sus orígenes. Las primeras observaciones sistemáticas de meteoros singulares en España de las que se tiene constancia, corresponden a Juan Bautista de Chaves Arcayos, a quien podemos considerar como el primer “colaborador meteorológico”. Arcayos ingresó como racionero en el Cabildo de la Catedral de Toledo en 1564, y posteriormente durante casi 40 años fue secretario y notario del Cabildo de la Catedral de Toledo. En sus crónicas, publicadas a principios del siglo XVII, se incluye una recopilación de las noticias referentes a eventos meteorológicos singulares ocurridos en los siglos XV y XVI que quedaron registrados en los archivos catedralicios, fundamentalmente rogativas relacionadas con las inclemencias del tiempo. Así, encontramos esta referencia a enero de 1536: “Tal es el frío que hace en Toledo que se heló el río Tajo de manera que los niños juegan y bailan sobre él y se atraviesa incluso con cabalgadura”.

En Asturias, el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos dejó constancia en su correspondencia de su enorme interés en la observación del tiempo, describiendo por ejemplo la gran nevada sobre Gijón el 20 de febrero de 1795, “que cubrió más de 4 pulgadas”. Su amanuense, también registraba datos de presión, viento y temperatura.

A mediados del siglo XVIII surgieron las primeras redes de observación con instrumentos, creándose en 1855 el primer servicio meteorológico oficial en Francia. En 1887 nace la meteorología oficial española, con la creación del Instituto Central Meteorológico, y debido a las especiales características orográficas y climáticas de España, los primeros meteorólogos fueron conscientes de que para conocer el clima de una región se debería contar con el máximo número de emplazamientos, por lo que sería necesario disponer de datos climatológicos adicionales a los obtenidos por los observatorios oficiales. Estos primeros observatorios habían comenzado su actividad con anterioridad, siendo el más antiguo de España el de San Fernando (Cádiz) que comenzó a obtener datos en 1805. También destacan el de la Universidad de Oviedo, cuya serie iniciada por el catedrático D. Nicolás Salmeán y Mandayo data de 1851 y es la tercera serie de España con más años de funcionamiento, o el de Llanes, que inició las observaciones en 1891 (aunque su serie de datos presenta muchas interrupciones).

No fue hasta 1911 cuando realmente se puso en marcha la búsqueda de voluntarios que complementaran las observaciones oficiales, dicha convocatoria tuvo un enorme éxito, de forma que en 1912 ya existían 400 estaciones colaboradoras, atendidas en su mayor parte por maestros de escuela, que completaban los datos de los 49 observatorios oficiales.

Actualmente, AEMET cuenta con una red principal de observación constituida por 96 observatorios atendidos por personal propio, y una red secundaria de observación formada por 814 estaciones automáticas, más de 2700 estaciones pluviométricas y 2335 estaciones termopluviométricas, atendidas por colaboradores voluntarios.

 

Colaboradores asturianos

Las primeras observaciones de las que se tiene un registro continuo comenzaron el 1 de enero de 1851 en la Universidad de Oviedo. Hubo que esperar hasta 1884 para que el Ayuntamiento de Llanes decidiera instalar una estación meteorológica completa, previa supervisión de D. Luis González Frades, encargado de la estación meteorológica de la Universidad de Oviedo. En 1886, comenzó a funcionar la estación meteorológica de Trubia, “organizada por los Jefes y Oficiales de Artillería, agregados a la importante Fábrica-Fundición de Cañones del mismo nombre”, según consta en los anuarios de la época, aunque en 1890 dejaron de recibirse datos. Igualmente, la estación de Llanes dejó de enviar datos en 1904. En 1907, los Padres Agustinos comenzaron a realizar observaciones en el Colegio de Tapia de Casariegos. En los años 1911 y 1912, tras el llamamiento a nivel nacional de colaboradores voluntarios, surgen varias estaciones: Cabo Busto, Cabo Peñas, Ribadesella, San Emeterio y Tazones, a cargo del Cuerpo de Ingenieros de Caminos y establecidas por el Servicio Central de Señales Marítimas. También, varios maestros nacionales se ocuparon de las estaciones meteorológicas en distintas escuelas: Godán (Salas), Llamero, Nueva y Prelo. De igual modo, en la piscifactoría ubicada en Infiesto se instala una estación atendida por el servicio forestal a cargo del Cuerpo de Ingenieros de Montes. En 1912 por tanto existían 12 estaciones operativas.

En 1913 se incorporan Luarca y Santa Catalina. Ese mismo año los PP. Jesuitas contaban con una estación completa en el colegio ubicado en Gijón (durante la Guerra Civil fue sede del Regimiento Simancas), aunque sólo se disponen de datos de ese año. Existe constancia de que dicha estación debió ser instalada a finales del siglo precedente.

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En 1915, La Real Compañía de Minas instala una estación en Arnao, con sus propios medios.

Durante los siguientes años, salvo alguna baja, el número de estaciones continuó aumentando. En 1919 ya existían 24 estaciones en Asturias además del Observatorio de la Universidad de Oviedo:

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Una buena parte de los colaboradores eran Maestros Nacionales, que aprovechaban los terrenos de las casas-escuela para instalar los instrumentos que les facilitaba la Oficina Central Meteorológica (OCM). Además de las mencionadas colaboraciones de empresas Mineras, Hidroeléctricas, Cuerpos de Ingenieros de Montes y de Caminos, a las que la OCM facilitaba los instrumentos, también existían colaboraciones privadas que adquirían sus propios instrumentos, como la mencionada de los PP. Agustinos en Tapia o la del licenciado en Ciencias D. Julio de Santiago en Arnao (1915), gracias a las gestiones del Sr. Sitges, Director de la Real Compañía Asturiana de Minas. Al parecer, el Sr. Santiago venía realizando observaciones pluviométricas desde 1895 en la colina de Mugarón. Otras colaboraciones privadas fueron las de Pola de Siero (D. Ricardo Cabeza) y Seares (D. Máximo García) en 1917. En este mismo año, D. Emilio Fernández González, maestro de Escuela de la Compañía «Asturiana Mines Ltd.» en Buferrera, continuó las observaciones que venía realizando por sus propios medios, solicitando instrumentos oficiales.

En 1922, en el puerto de El Musel (Gijón), el ingeniero director de las obras del puerto adquiere e instala una completa estación meteorológica, remitiendo sus datos a la OCM. Ese mismo año, fallece la colaboradora de Seares, Dª. María Lombardero, que había asumido las observaciones desde 1919. Su labor la continúa su esposo, D, José María López Oliveros.

En 1924, D. Arturo Fernández Lorido, maestro nacional, ocupa su destino en Castropol y solicita un pluviómetro para realizar observaciones. Había sido colaborador previamente en Galicia. En aquellos tiempos, en ocasiones el propio maestro trasladaba su pluviómetro al cambiar de destino, D. Pedro Alejandrino García, maestro en Coaña, ese mismo año traslada la estación a su nuevo destino en Boal. Pero el hecho más relevante fue la creación en el mes de febrero por parte del Servicio Meteorológico Español de un Observatorio Meteorológico en el llamado Fuerte de Santa Catalina, dotándole de personal oficial: el auxiliar de Meteorología D. Germán Collado Álvarez como jefe y como observador D. Vicente Franca Manjón. Contaba con barómetro Tonnelot, barógrafo Richard, psicrómetro, termómetros de extremas, termógrafo, higrógrafo, pluviómetro, pluviógrafo, anemómetro, veleta eléctrica y aparatos destinados a sondeos atmosféricos con globos piloto.

En 1925 comienzan las observaciones en Nava, a cargo de D. Vicente Mayor. Probablemente su impulsor fue D. Julio Martínez Hombre, ilustre ingeniero agrónomo y astrónomo asturiano, que fue director de la Granja experimental agrícola que el Estado tenía en Nava. Él mismo figura como observador en esta estación desde 1929 hasta 1941. Falleció en diciembre de 1945, pero antes debió disponer que el contable, D. Luis Cueto Ardavín realizara en su pueblo natal, Infiesto, observaciones pluviométricas. Así consta que durante los años 1945 a 1950 se realizaron observaciones en la Sección «Pluviométrica» del Observatorio privado del Ingeniero Agrónomo D. Julio Martínez Hombre.

En el año 1931, comienzan las observaciones pluviométricas en el Instituto de Avilés, a cargo del profesor de Física y Química D. Luis Muñiz. La prensa destacó la donación de instrumentos por parte de D. Francisco Graiño Obaño, Teniente Coronel de la Armada y Director del Observatorio Meteorológico de San Fernando. Este eminente ingeniero naval, astrónomo y matemático avilesino, destacó también como inventor de sofisticados instrumentos, como el anemómetro registrador eléctrico, la veleta registradora eléctrica y el pluviómetro registrador “Graiño”. Estos instrumentos, llamaron la atención en la Exposición Internacional de Astronomía y Ciencias Afines de Barcelona de 1921, y fueron donados junto a varios barómetros y termómetros al instituto de Avilés.

La Guerra Civil Española, al igual que en todo el territorio español, tuvo consecuencias negativas en la red de colaboradores asturianos. El observatorio de Gijón, ubicado en el Cerro Santa Catalina fue bombardeado y destruido, perdiéndose el archivo. En septiembre de 1938 se reanudaron las observaciones en la azotea de la Comandancia Militar (C/ San Bernardo). En diciembre de 1939 se traslada a la azotea de un edificio en la Calle La Merced. Son pocas las estaciones que continúan realizando observaciones, en 1940: Castropol, Gijón, Nava, Novellana, San Facundo, Tresali (Nava) y San Pelayo de Teona (esta última a cargo del labrador D. Jesús Rodríguez Galán).

En 1941 destaca el inicio de las observaciones en La Cadellada (Oviedo), en terrenos de la Diputación Provincial y con instrumentos propios. Estos datos, por la proximidad a la Universidad de Oviedo, son fundamentales para poder reconstruir la serie que se inició en la Universidad en 1851. De igual forma, el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas instala una estación termopluviométrica en Grado.

En 1945 se retoman de forma privada las observaciones termopluviométricas en Infiesto (Sección Pluviométrica del Observatorio privado del Ingeniero Agrónomo D. Julio Martínez Hombre), enviando sus datos al Servicio Meteorológico.

Ese mismo año D. Ángel Victoriero Lucio solicita la instalación de una estación termopluviométrica en Lastres. Los hermanos Victorero Lucio emigraron a Méjico a finales del S. XIX, estableciéndose en la localidad de Torreón y regentando un próspero negocio de tabaquería y papelería. Invirtieron en el negocio del algodón, al parecer les reportó una gran fortuna. Ángel era aficionado a la meteorología y realizaba medidas de temperatura y precipitación, según las crónicas, sus conocimientos meteorológicos le sirvieron para pronosticar una gran cosecha en 1914 y obtener grandes beneficios.  Ese mismo año abandonaron Méjico tras la revolución, retornando a su pueblo natal (Lastres) como indianos, convirtiéndose en empresarios y a la vez mecenas de esta localidad. También en 1945 comienzan las observaciones en el aeródromo de aviación de Lugo de Llanera, así como en el aeródromo militar de Navia, siendo atendido en este caso por personal del ejército (Escala de Informadores Especialista del Ejército del Aire). La estación de Puerto de Leitariegos ya era atendida también por personal militar desde 1944. En 1947 se retoman las observaciones en Trubia, a cargo del maestro Nacional D. Florencio Redondo Álvarez. En el año 1949 las estaciones colaboradoras pasan a depender de la Jefatura Meteorológica de la 5ª Región Aérea.

En el año de 1950 existían un total de 34 estaciones colaboradoras.

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En los años siguientes, se fueron incorporando nuevas estaciones, aunque algunas también se dieron de baja. La tendencia fue ascendente, sobre todo en los años 70 del pasado siglo, de tal forma que se pasó de contar con 90 colaboradores en 1970 a 161 colaboradores en 1971. El máximo número se alcanzó en 1976, con 180 colaboradores. Sin duda D. Pedro Mateo González, meteorólogo ovetense que ocupó distintas jefaturas en Asturias (Observatorios de Gijón y de Oviedo), y estudioso del clima asturiano, fue el responsable de ese incremento en el número de colaboradores. Sin embargo, a partir de esa fecha, se produjo una disminución paulatina hasta principios del siglo XXI. Lamentablemente, al igual que en el resto de España, y probablemente debido a los cambios sociológicos que han llevado a la despoblación de los núcleos rurales y al mayor bienestar de la sociedad que ha permitido una mayor movilidad, unido al gran sacrificio que supone el compromiso adquirido de realizar medidas todos los días del año, el número de colaboradores ha descendido significativamente. Durante el presente siglo, el número de colaboradores se mantiene estable, en torno a unos 80 en el conjunto del Principado de Asturias.

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A lo largo del tiempo, Asturias ha contado con 295 estaciones dadas de alta, en nuestros archivos constan que han sido atendidas por aproximadamente 424 colaboradores titulares (en algunos casos figura un titular, aunque ayudan los familiares o varios trabajadores a turnos en el caso de empresas). Es de destacar que en al menos 16 casos, las estaciones están atendidas o han sido atendidas por familiares de varias generaciones.

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De estos 424 colaboradores, conocemos las profesiones de 185 que se pueden desglosar en las siguientes:

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En la actualidad, en Asturias, además de los observatorios de Oviedo, Gijón y la oficina meteorológica del Aeropuerto de Asturias, dotados de personal de AEMET, existen 21 estaciones automáticas, 32 estaciones termopluviométricas y 29 estaciones pluviométricas, siete de ellas también realizan observaciones fenológicas, atendidas todas ellas por colaboradores asturianos. Aunque algunos son empleados de empresas (centrales hidroeléctricas, depuradoras, agricultores, centrales térmicas, alojamientos de turismo rural, comunidades religiosas, explotaciones mineras) o instituciones (Principado de Asturias, Técnicos de Señales Marítimas, Parques Nacionales), una gran mayoría son profesionales libres o simplemente aficionados, poniendo de manifiesto el interés, generosidad e implicación de toda la sociedad asturiana por el conocimiento del clima.

Por todo ello, es necesario hacer extensible la admiración y reconocimiento a todos y cada uno de los más de 450 colaboradores meteorológicos asturianos a lo largo de estos más de 166 años, más allá de la longevidad o calidad de las observaciones. Su generosidad, solidaridad, compromiso y entusiasmo constituyen todo un ejemplo para la sociedad actual y las nuevas generaciones.

La Agencia Estatal de Meteorología, consciente de la importancia de este voluntariado, distingue anualmente con sus premios regionales a los colaboradores destacados en sus Delegaciones Territoriales, otorgando un premio nacional a aquellos que han sobresalido de forma singular.

(Continúa en “Los colaboradores meteorológicos asturianos” (II)

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